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David Beckham y Alfredo Di Stéfano, durante la presentación del jugador inglés. CORDON PRESS

La Tribuna de Brian Clough

Británicos en el Real Madrid: ¿éxito o fracaso?

Se suele decir que los futbolistas británicos apenas salen de las Islas y cuando lo hacen fracasan. Pero no es cierto, valga el Real Madrid como ejemplo.

La llegada de Trippier al Atlético de Madrid y la complicada relación de Bale con el Real Madrid vuelve a poner sobre la mesa una vieja conversación: los futbolistas británicos no salen de las islas y cuando salen fracasan. Incluso se le atribuye una frase a Santiago Bernabéu en esa línea: “Un gran equipo necesita dos argentinos y ningún inglés”. Sin embargo, casi todos los clubes españoles tuvieron jugadores británicos en sus inicios, incluido el Athletic Club de Bilbao

Es fácil utilizar la misma frase en el contexto que nos interese, se trata simplemente de escoger a los jugadores que encajen en la definición. Analizando, por ejemplo, a los brasileños que han pasado por el Real Madrid, ha habido éxitos rotundos como Roberto Carlos o Marcelo y fracasos estrepitosos como Emerson o Cicinho, y un sinfín de situaciones intermedias como Robinho, Rocha o Ronaldo Nazario.

El pasaporte no determina el éxito del jugador, ni siquiera un pasaporte británico. Lo hace la calidad del jugador y las ganas de adaptarse. Después del rotundo éxito que tuvo la Juventus con el galés John Charles, quizá esperasen que su compatriota Ian Rush diese el mismo resultado, pero no fue así. Sin embargo, en épocas similares no se puede decir que fracasasen en su carrera en el extranjero Waddle, Hoddle, Keegan, Trevor Francis o David Platt. Un escocés, un galés y un inglés —prometo que no es un chiste— jugaron en el Barcelona (Archibald, Hughes y Lineker) y solo el galés estuvo una temporada y presento números pobres.

El Real Madrid ha tenido un total de trece jugadores británicos, seis de ellos en los años iniciales del club y con un solo partido oficial, jugado en 1948 por el escocés Watson. Los otros seis llegaron en tiempos más modernos.

Empezaré por Laurie Cunningham, madridista entre 1979 y 1983. Soy consciente de haberle visto jugar y sé que me gustaba hasta el punto de ser uno de mis jugadores favoritos cuando me acerqué al futbol. Pero me pasa como con los recuerdos de la infancia, se mezclan las memorias con las imágenes creadas por las historias que te van contando, y acabas creyendo que las viviste o las recuerdas. En definitiva, lo que quiero decir es que, aunque recuerdo verle jugar, no recuerdo ya nada de lo que hizo. Sé que estuvo mucho tiempo en Europa, que volvió a Madrid a jugar en el Rayo, que las lesiones nunca le dejaron llegar al nivel que prometía, pero no creo que su paso por el Madrid pueda catalogarse de fracaso.

Steve McManaman, de blanco entre 1999 y 2003, me encantaba en el Liverpool, donde jugaba como extremo, rápido, vertical, que encaraba fácil y aportaba una cantidad de goles aceptable (uno cada seis partidos, más o menos). En el Real Madrid tuvo que cambiar de posición y empezó a jugar de interior, donde demostró inteligencia futbolística y adaptación a un nuevo rol, en el que ofreció un notable rendimiento. Fue un jugador que entendió que jugar en el extranjero no era una amenaza o un riesgo, sino una oportunidad que merecía la pena aprovechar. Aprendió castellano, exploró Madrid y fue un profesional de comportamiento ejemplar. A pesar de que el club y el entrenador se portaron mal al término de su etapa, no hizo ninguna queja pública. McManaman, desde mi punto de vista, fue todo lo que se le puede pedir a un jugador extranjero y resultó un fichaje más que satisfactorio.

Michael Owen (2004-2005) solo estuvo en Madrid una temporada. Llegó con un Balón de Oro que realmente había merecido Raúl —estamos en tiempos anteriores a la tiranía de Ronaldo y Messi— y eso hizo que el departamento de marketing del Real Madrid viese en su imagen comercial y su facilidad para el gol un jugador interesante. Sus números no fueron malos (13 goles en 36 partidos) pero, al contrario que McManaman, Owen solo vio problemas en su vida en Madrid y dijo sentirse aislado. Solo entiendo que esto pasa si el jugador quiere, porque se supone que tiene un agente o un enlace con el club para encontrar los lugares donde encontrarse cómodo. Al fin y al cabo, hablamos de una ciudad que lo tiene todo, no de una aldea perdida en el desierto. Michael Owen al final fue un jugador más del Real Madrid, ni costó mucho ni dejó un traspaso multimillonario, ni metió muchos goles ni fue un gran fracaso. Simplemente fue un desencuentro desde el principio, pese a que en su presentación pareció haber hecho sus deberes al decir que era un orgullo vestir el número 11, el de Gento.

El paso de Jonathan Woodgate (2004-2007, 14 partidos) por el Madrid no se puede calificar ni de fracaso, porque Woodgate se fue prácticamente inédito. Creo sinceramente que el Real Madrid sabía que se trataba de un buen jugador —y tenía unas facultades extraordinarias— con tendencia a romperse, digamos que algo parecido a Bale. Se esperaba que se fuese recuperando con el tiempo, pero nadie podía imaginar que se lesionaría tanto. Woodgate sí vio la posibilidad de ir al Madrid como una oportunidad única en su carrera, pero su debut se hizo esperar una temporada entera y culminó con un gol en propia meta y una tarjeta roja. El sueño fue una pesadilla y pasó su última temporada cedido en el Middlesbrough. Woodgate, aunque también aprendió castellano (algunos dirán que no tenia otra cosa que hacer, estando todo el día de baja), puede ser uno de los fichajes con peor rendimiento de las últimas décadas.

David Beckham (2003-2007) no era simplemente un jugador inglés, era una multinacional. Muchas veces se ha dicho que el Madrid prefirió su fichaje al de Ronaldinho porque el brasileño era feo, y creo que eso es tratar el tema con demasiada simplicidad. Beckham era una caja registradora, una marca que abría puertas a cualquier tipo de contrato, y un fichaje que comercialmente estaba más que justificado. Quizá el potencial económico que posee hoy en día el Madrid tiene sus comienzos en la era de los galácticos y Beckham. Como futbolista, ser “guapo” siempre fue una losa a la hora de analizar su juego, y si bien creo que no estaba al nivel de Gerrard o Scholes, tampoco estamos ante un inepto que jugaba al futbol porque vendía camisetas. Beckham era un jugador que disfrutaba de su profesión y fue un profesional intachable. Llegó al Real Madrid en una época en la que todo lo que podía salir mal, salía peor. Terminó su etapa con una Supercopa (en su debut) y una Liga (en su último partido). Económicamente fue un fichaje extraordinario para ambas partes, deportivamente nada salió como se esperaba.

Gareth Bale (2013-¿2019?) llegó al Real Madrid para ser el nuevo Ronaldo, pues el portugués iba por su segundo ataque de tristeza —nada que no pudiese curar una renovación al alza y dos tabletas de paracetamol—. Seis temporadas después, Bale ha ganado cuatro Copas de Europa y ha marcado tres goles en las finales (uno inolvidable en Kiev). También ha sido autor de uno de los goles ya clásicos en finales de la Copa del Rey. Ha marcado muchos goles, más que todos los demás jugadores británicos del club juntos y lleva más tiempo en el Real Madrid que ninguno de ellos.

Sin embargo, los aficionados ya hemos llegado a una situación de ruptura total con él. Seis temporadas después no habla castellano, no se ha integrado con sus compañeros, no parece sentir el orgullo que cualquier aficionado reclama a sus jugadores, ni siquiera parece darse cuenta del privilegio que es haber cumplido el sueño de tantos y además jugando al máximo nivel. Bale tiene todas las cualidades para hacer lo que quiera en un campo de futbol, pues tiene todo el físico necesario hoy en día (y más, pues es superior a muchos rivales) y no le falta calidad con el balón. Pero no le da la gana, y la actitud que nos hace llegar a través de su representante (“tengo contrato y estoy feliz jugando al golf al sol de Madrid”) no ayuda. Fríamente, no creo que se pueda decir que el fichaje sea un fracaso, pero sí una desilusión, es sacar un 5’5 en un examen en el que esperas al menos un 9.

En definitiva, cada uno de los seis jugadores británicos que ha tenido el Real Madrid es una historia en sí misma y nada tiene que ver con el pasaporte. Adaptarse a una cultura extranjera es una decisión personal, y, que quede claro, va en ambas direcciones. Del mismo modo que Emery —un poco peor— y Rodrigo se presentaron en su primera rueda de prensa hablando inglés, David Silva hizo una entrevista para la BBC con Gary Lineker …en castellano. Y van ya nueve años. Claro que, en su descargo, diré que le hace menos falta. El Manchester City siempre ha tenido una enorme presencia de hispanohablantes.

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