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Buena cara en Estambul

Toda la temporada será igual, ya lo aviso. El madridismo pasará de la decepción a la esperanza sin tiempo para asentar ningún sentimiento y sospecho que el antimadridismo hará el mismo viaje pero en sentido contrario. Será duro, especialmente para Mourinho, que cada tres días saldrá a calentar para volver luego al banquillo, quién sabe hasta cuándo. Ahora mismo cuesta visualizar un final feliz, pero tal vez sea un buen ejercicio el de no imaginar nada. Y tampoco vendrá mal pensárselo dos partidos antes de emitir sentencias. Si el Real Madrid no se descuelga de los torneos antes de Navidad cualquier cosa es posible porque el fútbol es una ciencia altamente inexacta. De momento, sigue con vida en la Champions después de ganar con cierta suficiencia al Galatasaray (0-1), primer match-ball del curso.

No diré que la victoria fue espléndida, porque en la fase previa sólo son espléndidos los batacazos, pero sí fue incuestionable. Las mejores sensaciones, y advierto que este análisis debe destruirse pasados dos días, las dejaron Fede Valverde y Rodrygo. Tanto es así que habría que preguntarse si la revolución no serán ellos. Quizá baste con su presencia para equilibrar el empuje con la experiencia. Buscábamos dos actores principales y es posible que el rescate lo protagonicen dos actores que todavía, y por poco tiempo, son de reparto. Vayamos por partes.

Si Benzema es un falso nueve (espero que nadie lo discuta a estas alturas), Valverde es lo que podríamos denominar como un falso uruguayo. Sólo se parece a sus compatriotas en que entiende el juego y hace lo posible por ganarlo. A diferencia de algunos de sus paisanos no es brusco, ni canchero, ni trilero, ni saluda con una mano y pega con la otra. Al contrario. El muchacho es de una educación exquisita y hasta da la impresión de dar las buenas noches antes de robar cada balón. Pero ojo, es mucho más que un barrendero del mediocampo. Valverde es una canalizador del juego, el hijo aventajado de Casemiro y Kroos, y ruego no detenerse en esta unión contra natura.

Rodrygo comparte con Valverde la virtud de la simpleza. En todo momento hace lo que conviene, ya sea un regate doble o un pase atrás. Esa maravillosa sencillez contrasta con los arabescos permanentes de Vinicius, que esta vez desafió a la física molecular e intentó atravesar a un defensa, al que bien pudo desintegrar o dejar en cinta.

Tanto Valverde como Rodrygo mejoraron el fútbol combinativo del Real Madrid, respaldados por Kroos y Casemiro, y jaleados en ataque por Benzema, que ha alcanzado una madurez zen, esa que imaginamos que sólo se obtenía al tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro. De Hazard hay poco que señalar: por ahora falla más de lo que acierta, pero sólo es cuestión de tiempo. Una de sus jugadas, por cierto, propició el gol de Toni Kroos, del que se habla poco este año a pesar de su magnífico arranque.

Courtois se redimió con algunas buenas paradas y sólo los centrales dejaron dudas en defensa. A sus espaldas siempre ocurrieron demasiadas cosas. 

La conclusión es que no hay conclusión posible. Todo cambia demasiado pronto y antes de finalizar el análisis hay que volver a empezarlo. La prudencia es la lección. Imaginar el futuro es desafiarlo, alguien lo dijo: cada vez que hacemos planes en el cielo se escuchan carcajadas.

0 – Galatasaray: Muslera; Luyindama, Donk (Feghouli, m.46), Marcao Teixeira; Mariano, N’Zonzi, Seri (Emre Mor, 77), Nagamoto; Belhanda (Bayram, n.66), Babel y Andone.

1 – Real Madrid: Courtois; Carvajal, Varane, Sergio Ramos, Marcelo; Casemiro, Valverde (James, m.79), Kroos; Hazard (Vinicius, m.78), Rodrygo (Jovic, m.82) y Benzema.

Goles: 0-1, m.18: Kroos.

Árbitro: Daniele Orsato (Italia). Amonestó a Seri (46), N’Zonzi (68), Marcao (93) y Mariano (94) por el Galatasaray; y a Kroos (91) y Courtois (92) por el Real Madrid.

Incidencias: encuentro correspondiente a la tercera jornada de la Liga de Campeones, disputado en el Ali Sami Yen ante 24.000 espectadores.

 

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

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