En busca del regate perdido - Mundial Rusia 2018 - A la Contra
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Mundial Rusia 2018

En busca del regate perdido

Hazard (40) y Mbappé (32) han sido los jugadores que hicieron más regates, un recurso en extinción. Messi e Isco completaron 23.

Si en el mundo del fútbol existiera un Indiana Jones debería ponerse en marcha ya. La aventura es gigantesca como en aquella primera película de la saga ideada entre Steven Spilberg y George Lucas. El arqueólogo sería aquí sustituido por uno de esos descubridores de talento, ojeadores de otra época, que tendrían que acudir al rescate del engaño. A la caza de esos ingeniosos embusteros que encaran la vida como un todo o nada, como un duelo constante y quebradizo de cinturas y sistemas defensivos. Los regateadores se agotan como especies en extinción que nadie parece interesado en proteger. Al contrario, tras arrinconarles en un extremo del campo, los hemos terminado echando del estadio bajo eufemismos de todo tipo: individualista, egoísta, chupón, acaparador, avaro. Así nos han robado el regate, lo que en otro tiempo fue la alegría del pueblo.

Hubo alegrías en Rusia, aunque estas llegaran a cuentagotas. Allí el arte del embuste se ha concentrado en las piernas de un puñado de irreductibles, auténticas bocanadas de aire fresco no solo para su equipo, también para el encorsetado fútbol táctico de este Mundial. Porque si uno repasa los fotogramas de su vida siempre sale un regate, ya sea para esquivar una bronca o para emular a Ronaldinho en el patio del colegio. Han sido esas jugadas, esos arrebatos técnicos que ahora baten líneas y antes herían el orgullo de leñeros defensores, los que han marcado los recuerdos de generación tras generación. Desde Garrincha a Baggio, desde Best a Neymar, pasando por Pelé, Di Stéfano, Cruyff, Maradona, Cristiano o Messi. Al Olimpo, como ven, se llega regateando.

Quizá por eso les hemos abierto las puertas del cielo a jugadores como Mbappé o Hazard en los últimos treinta días. Tiempo suficiente para descubrirse ante dos encaradores excelsos, que se excitan en cada uno contra uno, que se relamen con la pelota en los pies. Ambos encabezan la lista de regateadores del Mundial acompañadas de exhibiciones imborrables. El galo ante los argentinos, el belga frente a los brasileños. Eden ha sido un ciclón en Rusia, henchido de confianza y con una generación colgada de su pierna derecha. De ella han salido 40 regates para asaltar el techo belga. De cerca le sigue Kylian, campeón del Mundo a los 19 años, goleador en una final mundialista y exhibicionista antes de la veintena. Su descaro le ha reportado 32 regates, cuatro de ellos en la final, ningún francés había driblado tanto antes bajo los focos de un Mundial.

A continuación aparece Messi, el argentino realizó 23 regates completados con éxito en los cuatro partidos que disputó en Rusia. Con los mismos registros encontramos a Isco, faros individuales de Argentina y España, respectivamente, a los que posiblemente les faltaron compañeros para tirar una pared, otra forma de escapismo. Uno de los que más había indagado en estirar los límites del regate hasta el extremo burlón ha sido Neymar. El brasileño, mermado por una temporada cortada en seco por la lesión, terminó el campeonato con 22 regates en cinco partidos. Escasa fantasía para alcanzar las estrellas, una tendencia que se viene repitiendo en el fútbol moderno y que ha hecho especial mella a los brasileños.

Estos dominadores de la gambeta se han quedado lejos, en cualquier caso, de la mejor actuación individual que haya visto nunca una Copa del Mundo. Cultivado en los potreros, nadie ha superado todavía en regates al Maradona de México 86. Aquella segunda estrella albiceleste vino acompañada de 53 regates exitosos para terminar rindiendo al Azteca y a los alemanes a sus pies. Repasando el resto de la lista de regates completados en una Copa del Mundo, el rosario de nombres ilustres asusta, pero Diego resiste. Jairzinho salió victorioso de 47 duelos en 1970, Messi superó hasta en 46 ocasiones a sus rivales en Brasil hace cuatro años, Hazard se cuela cuarto tras lo de Rusia, desplazando al quinto lugar al Matador Kempes del 78 con 38 regates. El Diego, no obstante, ha perdido otro récord. En este 2018 Leo Messi le superó en el número total de regates completados en Copas del Mundo, 107 en cuatro mundiales, dos más que El Pelusa en el mismo número de Mundiales. Estos datos juegan también con asterisco. La estadística de los regates comenzó a estudiarse en 1966, en el Mundial de Inglaterra, de ahí que Garrincha, también conocido como La Alegria do Povo (La alegría del pueblo) no aparezca en estos registros.

Y es que el regate ha sido siempre atrevimiento e ingenio, creación y supervivencia. Por eso algunos de los mayores regateadores de la historia hicieron con la pelota lo que ya hacían en su día a día: driblar dificultades. Estas se multiplicaban en la calle, en los suburbios de las grandes ciudades o en los potreros repletos de baches y escasos de césped. De allí han ido emigrando también los futbolistas camino de las escuelas de formación que premian el pase de seguridad y la fuerza del colectivo por encima del talento abrupto e irracional. Ese que necesita errar y confundirse para aprender nuevos trucos, nuevas formas de escapismo ante los laberintos defensivos que pretenden ahogar lo imprevisto. ¿Pero no es precisamente lo imprevisible lo que más nos gusta del fútbol? Ténganlo en cuenta, entrenadores.

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