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Cádiz

Liga Smartbank

Tres goles, tres puntos, poco fútbol

Faltan jugadores y falta tiempo para que tanto fichaje nuevo se acople. Por fortuna, si en agosto se dispone de algo es, precisamente, de tiempo.

La primera jornada de liga siempre desprende un aroma parecido al del comienzo de un curso escolar: el reencuentro con el viejo asiento (más sucio de lo que cabría esperar, por cierto), las mismas caras a uno y otro costado y, sobre todo, la sensación de tener por delante un futuro preñado de expectativas, que el tiempo se encargará de corroborar o desmentir. En este primer partido de la Liga Smartbank visitaba Carranza la Ponferradina, un equipo procedente de la categoría inferior y que conservaba el bloque con el que consiguió el ascenso.

Los amarillos, por su parte, presentaban un once remozado, no estoy seguro que para mejor. Para empezar, la defensa era inédita (Carcelén, Fali, Rhyner, Espino) y sus prestaciones globales fueron, cuanto menos, mejorables. En el centro de campo Bodiger sustituía a José Mari como pareja de Garrido y arriba una novedad (Caye Quintana) y un reencuentro (Perea) junto a los conocidos Álex y Salvi. Como mandan los cánones, los locales intentaron hacerse con el control, pero Cervera sigue fiel a sus señas de identidad: poca elaboración, jugadas rápidas. Como suele suceder, la velocidad mutaba a precipitación y las intentonas nacían muertas.

Sea como fuere, al cumplirse el primer cuarto de hora se produjo un lance fundamental: Ríos efectuó una dura entrada sobre Salvi en una pelota dividida y el colegiado decretó su expulsión (sigo echando de menos las tarjetas naranjas). Un recién ascendido en inferioridad numérica adquiere la apariencia de víctima propiciatoria, pero la realidad desmintió las previsiones: el Cádiz, más obligado que nunca a generar juego, no encontraba vías eficaces para herir a su enemigo. Buscó machaconamente las bandas, pero todos los acercamientos terminaban en centros laterales blandos y sin veneno. La Ponferradina, por su parte, consiguió primero conjurar las escasas complicaciones planteadas por los amarillos y luego poner en marcha algunas escaramuzas en los alrededores del área local. El Cádiz cedió varios saques de esquina y Trigueros, en el minuto 44, cabeceó el último de ellos de manera impecable. El esfuerzo de Cifuentes solo sirvió para que el VAR se estrenase en nuestro estadio: los leoneses festejaron con entusiasmo su gol interruptus. Al descanso se llegó con derrota parcial. Los espectadores consultaban el móvil con una mueca de disgusto y engullían sus bocadillos en silencio (en parte por educación, en parte por desánimo).

En la reanudación Garrido dejó su puesto a Navarro, pasando Álex al centro y Perea, fuera de sitio durante toda la primera parte, a la media punta.
La estructura del equipo (dos extremos con afición a la cal) parecía más lógica y desde el inicio los gaditanos mostraron otra cara. Caye Quintana –móvil y voluntarioso, tiene buena pinta- estuvo a punto de batir a Manu García a pase de Fali. El central, por cierto, fue tal vez el jugador más destacado. Siempre seguro, demostró su capacidad para el desplazamiento largo en repetidas ocasiones. No habían pasado ni diez minutos cuando Javi Navarro, al intentar centrar desde la banda izquierda, consiguió un gol de bandera. A la Ponferradina, con un jugador menos desde demasiado pronto, el choque se le empezaba a hacer largo. El Cádiz movió ficha y redobló la presión: Nano Mesa sustituyó a Espino y Perea ocupó la posición de falso lateral. A los pocos minutos, y en pleno asedio, el albaceteño mostró la mejor de sus armas y enganchó un disparo desde el pico del área que se coló en la portería tras golpear en el poste. El gol le redimió de una oscura actuación.

En ese momento, las tornas se cambiaron: los visitantes, sin nada que perder, decidieron buscar el empate. Rondaron con intención el área de Cifuentes y, en ocasiones, la defensa pareció descosida e insegura. Algún tiro lejano, alguna jugada a la que le faltó el último pase… La preocupación no llegó nunca a alcanzar niveles alarmantes y desapareció por completo cuando Nano Mesa culminó con un remate acrobático un buen centro de Salvi desde su banda habitual.
El tercer tanto selló el resultado, pero el Cádiz dejó la impresión de equipo a medio cocinar. Faltan jugadores y falta tiempo para que tanto fichaje nuevo se acople. Por fortuna, si en agosto se dispone de algo es, precisamente, de tiempo. Habrá que armarse de paciencia.

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