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Girona y Atleti han vuelto a empatar una vez más. / Foto: Twitter @GironaFC

Atlético

Cambiarlo todo para que nada cambie

Cuatro partidos han jugado entre ellos Girona y Atlético de Madrid y todos han acabado en empate. La ida de octavos de la Copa del Rey ha calcado el resultado de los dos últimos enfrentamientos (1-1). El encuentro, no obstante, ha sido más vistoso y con más ocasiones que los anteriores

Parece que Girona y Atleti no saben hacer otra cosa que equilibrarse. Son el “cuelga tú” de los enamorados o el amigo que paga una ronda porque otro le ha pagado la anterior. Del 19 de agosto de 2017, cuando se conocieron en una fecha muy especial –los gerundenses debutaban en Primera y los colchoneros debían haber estrenado el Wanda Metropolitano, pero no llegaron a tiempo para poner la casa- han pasado 16 meses. Pero nada ha cambiado. Las cuatro veces que han quedado se han repartido un punto y entendido, algo que sería deseable entre catalanes y madrileños si ampliásemos el espectro al ámbito político.

Siguiendo con el hilo de las modificaciones, Eusebio continuó con las rotaciones, desplegando un once poco reconocible y con varios canteranos; Simeone, por su parte, por las lesiones, por la estrechez de su plantilla, por la seriedad con la que se toma la Copa, por la confianza en los “suplentes”, o por lo que sea, justo lo contrario. Solo chocaba ver de titular a Adán y a Montero. De este modo, podía esperarse un partido dominado por los visitantes. Y así fue, si bien el Girona tuvo sus fases de superioridad y oportunidades. De ésas, para un lado y para otro, no faltaron en Montilivi este miércoles.

Las primeras las tuvieron Aleix García y el Choco Lozano, pero quien golpeó primero fue el Atleti. Griezmann se colocó en su pierna un taco de billar y, en un tiro más propio de empeine, posicionó el interior para mandar a la escuadra un balón que terminó entrando tras rebotar en Iraizoz. Era el minuto 8 y los del Cholo, en la grada castigado por sanción, empezaron a dominar. Lemar, mejor por el centro aunque sin suerte, y Griezmann, mejor con un 9 por delante, flotaban haciendo de centrocampistas y mediapuntas al mismo tiempo, asociándose con Rodrigo, Koke y Saúl, encantados de encontrarlos. Este último también por estar de nuevo en la zona central, aunque le duraría poco, ya que tras el descanso regresaría al lateral izquierdo para que entrase Correa. Pero antes de eso llegaron los mejores momentos de los locales, traducido en el empate de Lozano –Adán falló y mandó un tiro del hondureño a la escuadra-, un cabezazo al larguero del propio delantero y una ocasión muy clara fallada por Doumbia. Los de azul esta tarde-noche se fueron a vestuarios encantados de que el partido se detuviera por 15 minutos.

A la salida el panorama cambió y el Atleti volvió a acumular posesión y ocasiones. La primera fue de Kalinic, que se dio bien la vuelta pero terminó definiendo a las nubes cuando estaba solo. Da la impresión de que el croata, al menos en lo que lleva de estancia en Madrid, es de los delanteros que juega mejor de espaldas a portería que de frente a ella. ¿Es eso suficiente para un club grande? Escucho encantado sus respuestas.

Correa, Godín, que no llegó por un suspiro; Vitolo, tirando a reventar, o Thomas, que falló una vaselina sin portero, tuvieron en sus botas el segundo para unos rojiblancos que esta vez no se conformaron con un resultado a favor para ellos. Ese es también un cambio para tener en cuenta. Eusebio introdujo relevos para poner un once más liguero, pero ni Portu ni Borja García tuvieron especial incidencia. Lo más cerca que estuvieron los catalanes de hacer el segundo fue en un mal tiro de Doumbia, que despejó a bocajarro Adán y que casi se mete en propia puerta Arias. En realidad, despejes defectuosos y rebotes hacia propia portería hubo varios durante el encuentro. Empezando por los goles. Debe de ser lo del amor y la amistad, lo del espíritu de la Navidad con retardo, el destino que tiende a repetirse o el día de la marmota si hablamos de números.

Pero lo que tiene la Copa es que no permite simetrías. Algo tendrá que cambiar en el Metropolitano en la vuelta. Solo queda saber en qué lado.

En la selva del periodismo, A La Contra me es un gran ecosistema donde habitar. No entiendo la vida sin deporte, así como tampoco sin historias. En este espacio intentaré contar las que piense pueden resultar interesantes, y hacerlo con estilo propio. Como Hornby, me enamoré del fútbol "tal como más adelante me iba a enamorar de las mujeres: de repente, sin explicación, sin hacer ejercicio de mis facultades críticas, sin ponerme a pensar en el dolor y en los sobresaltos que la experiencia trae consigo”

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