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Viajes

Volver a escuchar ‘Buen Camino’

He realizado con mis hijos el Camino de Santiago. Ahora que todo ya pasó, contarlo es una manera de dar las gracias.

Para mí, escribir esto suena a música celestial. Es volver a dar las gracias. Es volver a escuchar ‘buen camino’. Es volver a Sarriá. Es volver a recordar a toda esa gente a la que nunca pondré nombre o a todos esos kilómetros que pasaban tan despacio. Es volver a ese cansancio que no tenía la culpa de nada o a ese golpe de paciencia que, en realidad, era un golpe de sabiduría. Es volver a colgarse esas mochilas o a esas zapatillas llenas de cicatrices. Es volver a todos esos albergues en los que se hablaban idiomas. Es volver a Portomarin, es volver a Arzua, es volver a tantos sitios que no sé como resumirlo de una sola vez. Pero eso es esto que acabo de vivir, el Camino de Santiago…, y, ahora que todo ya pasó, no se me ocurre mejor banda sonora que el recuerdo.  

Hijos de Alfredo Varona I Alfredo Varona

El recuerdo de que caminando se puede llegar tan lejos y de que nuestra medalla olímpica son estas historias anónimas, cocinadas a fuego lento sin más explicación que la voluntad. Tenemos la posibilidad de vivirás y no olvidarlas. La alternativa de no arrepentirse de nada, de reconocer a nuestras piernas como nuestro único medio de transporte y de comprobar que la vida es paciencia. Al fondo queda, efectivamente, cinco días que nos dejarán para siempre un verano distinto, fotografías alejadas de la ciudad y del mar.

Albergues donde descubrimos esfuerzos con más mérito que el nuestro. El poder de fascinación de una litera. La sensación de empezar a caminar a las siete de la mañana y de no tener miedo a que las horas pasen tan lentas. Vida o cansancio, imposible de resumir en tres o cuatro fotografías, porque, al final, el Camino de Santiago tal vez sea eso. No es encontrarse a uno mismo, sino hacer lo que uno no hace nunca. No culpar a nadie de tu cansancio. No renunciar a esta locura que yo he tardado más de 40 años en conocer y que se la agradezco a Nando, ese maestro de Valencia invadido por un un estado de ánimo que es una revolución y que un día, ya lejano, me presentó esta tentación. 

 Tardamos en ponerla fecha y el día que lo hicimos uní a mis pequeños, a mis queridos Roberto y Andrés. No se me ocurría mejor regalo por las buenas notas que han sacado este curso. No les dio tiempo ni a imaginar adonde íbamos. Si la vida es una caja de sorpresas este es un escenario perfecto y, ahora que todo ya pasó, quizá esa también fue la magia. La de no preguntar adonde íbamos. La de aceptar el silencio. La de llegar a Sarria y desear empezar a caminar. La de descubrir después que cada kilómetro es una motivación. Hoy, el premio está en la memoria,  en tantos sellos como nos dejan esas credenciales y hasta en estos 40 kilómetros que caminamos en un solo día, desde Palas de Rei a Salceda, que sólo respondieron a esa cosa llamada motivación. Queríamos llegar a Santiago y llegamos en los cuatro días que teníamos. Hoy, todo eso lo tenemos alojado en la memoria, a jornada completa, el precio de lo inolvidable. Ellos nunca volverán a tener esta edad y la próxima vez ya no será la primera vez.    

1 Comment

1 Comment

  1. Helena

    28/07/2018 at 17:14

    Que gran artículo y que ñrpfundi sabes llegar.
    Un abrazo

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