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Opinión

Caprichoso ejercicio de memoria

Hace siete años, el Atlético terminó séptimo en la Liga. Ahora, clasificado para la Champions a falta de seis jornadas, hay quien tiene sensación de temporada mediocre.

Simeone y sus jugadores, durante el Levante. CORDON PRESS

En la primavera del año 2011, el Atleti había terminado la Liga en séptima posición. Era una clasificación bastante pobre pero en algunos sectores se valoró positivamente, gracias el uso de un eufemismo muy recurrente en la época. «Entrar en Europa». La realidad era algo distinta y decía que para poder acceder a la fase de grupos de la Europa League era necesario superar primero dos eliminatorias previas (Strømsgodset y Victoria de Guimaraes). El resto de competiciones de ese año no habían ido mucho mejor. El equipo había caído en los cuartos de final de la Copa del Rey y le fue imposible pasar de la fase de grupos de la Europa League al quedar por detrás de Bayer Leverkusen y Aris de Salónica.

El año no había sido bueno pero tampoco había demasiado drama en la grada, en los medios o en la calle. No lo había porque, dejando al margen esa preciosa anomalía disputada en Hamburgo un año antes, esa, más o menos, era la realidad con la que el Atlético de Madrid había tenido que lidiar desde que consiguió volver a Primera División en 2002.

Nadie pensaba entonces que hubiese equipo para disputar títulos. Ni expertos, ni analistas ni espectadores. Muchos aficionados colchoneros estaban (y están) convencidos de que aquella plantilla no se encontraba a la altura histórica del club. Algo que a mí me chirría teniendo en cuenta que allí jugaban: De Gea, Filipe Luis, Godín, Agüero, Forlán, Diego Costa, Koke, Tiago o Juanfran.

Aquel verano se decidió prescindir de Quique Sánchez Flores y contratar a un nuevo entrenador, pero no parecía que fuese una decisión con una clara idea futbolística de fondo. Lo prueba el hecho de que fuesen Luis Enrique y Caparrós los más cercanos a ocupar el banquillo. Algo así como tener que elegir entre negro y blanco. El primero, clara apuesta por el fútbol abierto y de toque, decidió aceptar una oferta de la Roma. El segundo, clara apuesta por el fútbol cerrado y de posición, acabó topándose con las rencillas internas de la dirigencia colchonera. Al final, in extremis, se contrató a Gregorio Manzano, que no era ni lo uno ni lo otro sino todo lo contrario. Un tipo que en su anterior etapa en el club había dejado al equipo en la séptima posición.

¿Por qué se hizo? Lo cierto es que, para variar, no se sabe muy bien. Los aficionados no lo entendieron pero, desde las oficinas y desde los medios de comunicación, se encargaron de lubricar la llegada del jienense. Al parecer se trataba de una buena opción (sic). Manzano conocía muy bien el club (sic) y aquella primera etapa suya no había sido tan mala como se decía (sic).

Nada de lo descrito hasta ahora provocó debate alguno en los medios respecto al juego, las aspiraciones legítimas del Atleti o la mala gestión de la plantilla. Hubiese resultado ridículo.

Seis meses después, despidiendo ya el 2011, la situación era desastrosa. Los habituales al Calderón veían la ruina pero los foros de expertos no parecían tener la misma opinión. Las pitadas eran monumentales, incluso en partidos donde se ganaba, pero desde los sanedrines se tachaba a los aficionados colchoneros de impacientes. Recuerdo un partido contra el Rennes en el que la grada del Calderón estalló a pesar del resultado favorable. Aquella noche, en un programa deportivo de éxito, animó al aficionado a no ser tan injusto. A no pitar porque eso no servía para nada. Las cosas se estaban haciendo bien, decían. El equipo estaba en Europa, decían. ¿Qué querían? ¿Ganar la Liga?

A mitad de temporada, el Atleti perdió en casa contra el Betis y bajó a la décima posición. Pocos días después el Albacete, entonces en Segunda B, eliminó a los colchoneros de la Copa del Rey en la primera eliminatoria. La situación era igual de crítica pero el descontento de la grada empezaba a llegar a los despachos. Se decidió improvisar una solución que a corto plazo pudiera calmar a la gente. El 23 de diciembre de 2011, a través de la web del club, se anunció la llegada de Diego Pablo Simeone.

Siete años después, el Atlético de Madrid ha sido Campeón de Liga, Campeón de Copa, Campeón de la Supercopa de España, Campeón de la Supercopa de Europa y Campeón de la Europa League.

Menos de siete años después, a falta de seis jornadas por jugar, el Atleti se ha vuelto a clasificar para disputar la Champions League. Será la sexta vez consecutiva que dispute una competición que, en ese tiempo, ha acariciado dos veces. A día de hoy es el tercer equipo de Europa según el ranking UEFA. En Liga mantiene la segunda plaza por detrás de un FC Barcelona que no ha perdido un solo partido después de 32 jornadas. La mantiene por delante del Real Madrid y del mejor Valencia de la última década. Nadie se acuerda ya de que no hubo fichajes en verano o de que se marcharon cuatro jugadores en navidades. Nadie se acuerda ya de que se empezó la Liga sin estadio y con símbolos prestados.

Con todo, la sensación en parte de la grada y la totalidad de medios de comunicación es la de que la temporada está siendo mediocre. Un dictamen que además es provisional y está sujeto a que el equipo gane la Europa League, única opción que se contempla.

Con todo, el equipo está constantemente en el disparadero y rodeado de histerismo. Los entendidos atacan el juego, tachándolo de aburrido y cobarde. Los analistas denigran esos pobres resultados y denuncian la falta de ambición. Un grupo significativo de aficionados se reparten entre esas y otras corrientes que al final son la misma. Todo apunta al único culpable del “fracaso”. Diego Pablo Simeone.

Yo, aparte de flipar (y perdón por el anglicismo), tengo la sensación de que me he perdido algo por el camino. Me pasa como a Don Quijote cuando dice eso de “¡Oh memoria, enemiga mortal de mi descanso!”.

Se hace llamar "escritor intruso", pero ya se está convirtiendo en escritor de cabecera. Alimentó un blog en torno al Atleti (“Y los sueños, sueños son”) desde 2007 a 2017 así como otros blogs clandestinos sobre música, cine, series y política. Además, es compositor, cantante, guitarrista y teclista de los 'Happy Losers'. También ha publicado discos en solitario bajo el pseudónimo de Lukah Boo. Entre otras rarezas tiene un título de Ingeniero Industrial firmado por el Rey.

3 Comments

3 Comments

  1. Alfrez

    16/04/2018 at 21:11

    Gracias Ennio, he pensado en fotocopiarlo y distribuirlo en el Metropolitano pero creo que prefieren vivir en un Matrix negativo. Muchos pensadores ya trataron el miedo a la felicidad

  2. jesus

    17/04/2018 at 03:45

    Como siempre perfecto Don Ennio. Deberían imprimir este escrito en un folio A4 y ponerlo en la entrada de cada acceso al Metropolitano, a mas de uno se le caería la cara de verguenza. Dios quiera y el Karma que Don Diego Pablo Simeone se retire en mi Atleti.

  3. Juan FR

    28/04/2018 at 00:39

    La temporada no está siendo mediocre, el fútbol del cholo es mediocre, muy mediocre. Me aburre mi Atleti como jamás antes me había aburrido
    Quiero mucho a Simeone y quiero que se vaya, ya ha cumplido. Muchas gracias

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