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Carlos López Atresmúsica Luis Cárcamo
Carlos López, en Atresmedia | LUIS CÁRCAMO

Entrevistas

“Los directivos de las discográficas son tan drogadictos como los de cualquier empresa”

Carlos López, que ha presidido Sony Music Spain y ahora dirige Atresmúsica, es una de las personas que mejor conoce la industria musical en España. Ha descubierto talentos como Estopa, El Canto del Loco o Pereza.

Carlos López (Madrid, 1957) es un elemento polinizador de la industria musical. Como las abejas o las mariposas, transporta el polen de flor en flor. Confiesa que no sabe de plantas, pero para que la fruta madure es necesario que alguien como Carlos arrastre el polen para que el talento aflore. De formación periodística, empezó en el departamento de prensa de Hispavox, otra de tantas compañías de música engullidas por las multinacionales. Ocupó puestos ejecutivos en BMG Ariola y fue presidente de Sony Music Spain, una tienda de ultramarinos comparado con el mundo Atresmedia, donde dirige el área de Atresmúsica. Descubrió talentos como Estopa o El Canto del Loco y potenció otros como Pereza. Preferiría que lo llamasen para atracar un banco, pero ya que la suerte le ha sonreído, realmente toma como una bendición que todo esto le haya ocurrido.

—Empezó en el departamento de prensa de Hispavox. Las estructuras de las discográficas han cambiado desde entonces.

—Cuando empecé a trabajar en esto, en las radios no sonaba nunca música rock. Solamente había dos emisoras, que eran Onda 2 y Radio 3, donde no ponían Fórmula V, para entendernos. Ha cambiado muchísimo. De hecho, ninguna compañía se llama discográfica porque el disco como concepto no existe. Hay compañías de música, pero no discográficas. Para un chaval de 18 años, un disco no existe. No solo el contenido ha cambiado, sino el continente. El nombre también ha cambiado.

—De ahí fue ascendiendo hasta alcanzar puestos ejecutivos en BMG Ariola y Sony Music Spain. El negocio de la industria musical ahora no es tan abierto, es raro que alguien pueda llegar desde abajo hasta la cima. Se ha profesionalizado el sector.

—Creo que eso ha sido siempre igual, y será siempre igual, como en cualquier empresa en el mundo. Alguno podría pensar que han cambiado muchas cosas en la política, desde 1900 hasta ahora, pero a lo mejor está peor. Entre los que ascienden, hay varias posibilidades. Hay gente preparada, ambiciosa, que ha crecido por méritos y hay gente tramposa y enchufada. Yo jamás he querido ser presidente de nada porque no me ha llamado la atención. Siempre he querido pasármelo muy bien en la vida. Si se puede combinar pasárselo muy bien con ganar dinero, pues de puta madre. Nunca he pedido un puesto en ningún lado. Es que me daba igual. Una vez Lluís Llach me definió como la quinta columna dentro de la industria. Me gustó. Me pareció que es de lo mejor que se podía ser. Estar aquí dentro, pero con el ojo puesto fuera, tratando de no contaminarme de lo malo y tratando de aprovechar lo bueno. ¿Lo he conseguido? No, me he contaminado seguro.

—España está a la cabeza de productoras multinacionales. El 85% de la facturación pertenece a Warner, Sony y Universal, que se han ido haciendo con otros sellos más independientes.

—Los oligopolios son malos para las personas. Que nuestro futuro no dependa de una competencia realmente libre es una de las peores cosas que puede aportar el capitalismo. Sería mejor que hubiera siete. Antes, estaban Sony, BMG, Warner, EMI y Universal. Esas cinco se convirtieron en tres, y antes de ser cinco eran ocho. Eso es malo. Pasa como con los coches, que todos los acaban fabricando Fiat, Mercedes y BMW. Es una putada.

—¿Es consciente de la mala fama que tienen las compañías de música? Son como la cara visible de un mundo desenfrenado.

—Tienen la misma mala vida que tiene cualquier empresa del IBEX 35. Los directivos de las compañías discográficas son exactamente igual de golfos y drogadictos que otros de cualquier empresa española. Unos se hacen bailando y con música y otros se hacen en un yate en alta mar. Pero no hay diferencias. No depende de qué trabajes, depende de cómo seas tú. Siempre se ha contado como los cuartos de baño de las Cortes estaban llenos de farlopa, pero no todos los políticos son drogadictos, aunque los habrá que sí. Habrá gente en las discográficas que sea más o menos sinvergüenza, pero no se diferencian de la de cualquier otro sitio.

—Además, si un artista fracasa, le suele echar la culpa a la compañía.

—Cuando a un artista le va mal, es culpa del artista. No hay más hostias. Cuando a un arquitecto le va mal, es culpa del arquitecto. Porque el artista tiene dos posibilidades: una, es hacer las cosas bien y otra, hacer las cosas mal. Un artista tiene la obligación de ser artista, de tener ese factor X que hace que la gente le aplauda, le jalee y le persiga. Además, es muy aconsejable venir instruido al mundo de la música. Si te rodeas de gente que es golfa, posiblemente en los primeros cuatro años de carrera que te han ido mal le echarás la culpa a tu manager, a la compañía de discos, a las circunstancias y a la radio porque no pone tus canciones. Pero, en realidad, la culpa es tuya. Siempre. Todo lo que pase en Atresmúsica malo, la culpa es mía. Todo lo que pase en España cuando sale un presidente que no nos gusta, la culpa es nuestra. Porque hemos votado al que no teníamos que votar. Entonces, ahora te jodes. Ese es el quid de la cuestión. En la música, es igual. Si tú eres un inculto porque no te has querido formar, no le eches la culpa a otro, te lo has ganado todo tú solito.

—Suele decir que ha llegado hasta donde está hoy, en gran parte, por la suerte, el azar. Pero los que los que conocen su trabajo, avalan su buen oído para cazar talentos.

—Creo en la suerte, y creo en la mía. Pero para que te toque la Lotería hay que jugar, no te toca sin comprar el Décimo. Tener suerte en un trabajo hay quien lo llama karma. Si tú vas a lo largo de tu vida dejando muertos por todos los lados es difícil que cuando el muerto esté en una posición diferente… La suerte se la va buscando cada uno. Soy del 8% de la población mundial que tiene comida y techo. Eso es suerte. Me vino con el nacimiento. Luego, hay cosas que me las he buscado. Pero esa suerte que tengo yo no la tiene un tío de Burundi. La pequeña diferencia es que yo agradezco esa suerte y la reconozco, pero hay gente que solo sabe quejarse de que tiene menos que otro. A mí no me gusta estar en ese paquete. Después, pueden decir que tengo talento para oír música, pero a mí lo que me pasa es que me gusta.

—Sí, pero a muchos nos gusta la música.

—Aparte de que me gusta, intento fijarme para que esa buena música pueda llegar a la gente que teóricamente es susceptible de ser seguidora de esa música. No creo en el talento para encontrar talento, valga la redundancia. En mi caso, es muy fácil decir que he acertado un montón de veces en 40 años, pero he fallado como una escopeta de feria. La gente se entera de lo que ha ido bien.

—Cuando estaba en Ariola, fue a firmar a una banda, pero volvió a casa con otra debajo del brazo: El Canto del Loco.

—Sí, fui a hacer una escucha de un grupo que se llamaba Guerrilla Gorila, francamente cojonudo, pero también firmamos a El Canto del Loco, por una canción que se llamaba Pequeñita. Tenía tanto morro Dani Martín que no iba a ser cantante, pero artista sí. Firmamos a los dos. Guerrilla Gorila se disolvió a los seis meses y El Canto del Loco aguanta hasta hoy porque David (Otero) y Dani tienen su carrera. Eso es suerte también, es estar en el sitio justo en el momento adecuado.

¿Por qué tenían tanto morro, sobre todo Dani Martín?

El grupo entero se quitó una camiseta que ponía I love Ariola. Me dije “tú eres puro márquetin”.

—En aquella época, lo desconozco, pero ahora, para una compañía resulta difícil recuperar la inversión que ha hecho en una banda. Firmar artistas desconocidos supone un riesgo.

—Eso se acabó. Las compañías no invierten en un grupo desconocido, así que ya no corren ese riesgo. No conozco ningún caso como el que yo hice con Sony o BMG con grupos como Estopa, Pereza o El Canto del Loco. Con Pereza ha habido que picar piedra muchos años.

—Para usted, Leiva es el artista total.

—Leiva es más que un artista total, es una persona que se viste por los pies, y eso es muy importante.

—¿Toda esta gente se muestra agradecida desde el principio y con el paso del tiempo?

—El concepto de agradecimiento y el concepto de artista es jodido de unir. Te lo digo también de los futbolistas. Claro que no todos son iguales, hay de todo. En el fondo, creo que todos tienen cierto agradecimiento por la gente que ha hecho cosas por ellos y desencanto por la gente que no los haya ayudado. A mí me consta que con los artistas que he trabajado, incluso los que han fracasado, están agradecidos. Los Especialistas, un grupo de Zaragoza, fue un fracaso mío, pero ellos dicen que no, que el fracaso fue suyo. Han pasado muchos años y somos amigos.

—El artista, por lo general, tiene una personalidad especial, muy peculiar.

—Artistas… Es que eso es lo que les diferencia. Hay una parte mala, que son rarunos, y una parte buena, que son artistas. Si fueran normales y simples como yo, no serían artistas. Tienen esa cosa que brilla, pero, en cambio, su cerebro es un poco raro. Yo no me imagino a Leonardo da Vinci, con lo que tenía en la cabeza, sentándose a hablar como un pasmarote con un tío como yo. No, son personas especiales, en las relaciones humanas también.

—El problema está cuando te crees Leonardo da Vinci y, en realidad, no lo eres.

—Eso no sé si es malo del todo. Si te comportas como tal, es cuando es malo. Al artista que es de poca monta se lo dice la gente de fuera, pero lo que él es y a dónde va a llegar se lo dice a sí mismo. Si él piensa de sí mismo que es de poca monta, tiene un futuro jodido. Es necesario que el artista tenga esa ambición de ser escuchado por un auditorio muy grande. Eso es bueno. Lo importante es estar educado para saber que eso no te da derecho a ser un déspota, ni a ser una mala persona. Pero eso no tiene que ver con la capacidad artística, sino con la educación que traigas de casa. No se convierten en hijoputas, vienen de casa. Enseñan lo hijoputas que son cuando tienen la oportunidad de demostrarlo. Lo de San Pablo cayendo del caballo es fantasía.

—Al final, alguien como usted acaba haciéndose su psicólogo y acaba por enterarse de cosas que igual no querría saber.

—Obvio. Una de las cosas que he hecho por higiene mental es que Atresmúsica no contrata a artistas, hace acuerdos con propietarios de masters. Al artista que lo atienda su compañía de discos, su manager y su familia, yo no porque tengo la mía. He pasado muchos años, muy buenos y muy divertidos, pero se me han quitado las ganas de escuchar los problemas de un artista con su novia, francamente, a no ser que sea amigo mío. Muchas veces se creen que son historias con necesidad de ser escuchadas, pero me importan tres cojones. Da mucha pereza.

—¿Hay relevo generacional en la música española? Porque los que ocupan los primeros puestos en las listas de ventas son siempre los mismos.

—Sí, es verdad. Pero el concepto de lista de ventas ha cambiado.

—En los últimos años, parece que el único que ha llegado con fuerza, para quedarse, es Pablo Alborán.

—Que bien se lo ha ganado. Es un tío que hace bien las cosas. Pablo López, también.

—Eso parece, sin embargo, Pablo López no aparece entre los más vendidos.

—Antes, hace 20 años, para poder ser un artista reconocido necesitabas primero vender discos. A veces, sonar en la radio. Eso ha cambiado muchísimo. Si tú me preguntas por un artista que yo creo que es el futuro inmediato en España, te digo Beret. ¿Dónde suena? En ninguna radio. ¿Vende muchos discos? Es que no los ha sacado, no puede venderlos porque no tiene. Pero en una hora vende las cuatro mil entradas de un concierto. Ahora, no hay que vender discos, tú música debe ser apreciada por mucha gente, y la forma en que mucha gente escucha la música ahora no es comprando un disco, sino escuchando una canción en Spotify o en Youtube. Eso suma un poquito para las listas de ventas, pero si es un intercambio en Instagram o Facebook no cuenta. Si se miden las cosas desde el parámetro de la venta de discos, la forma está caducada. Todo ha cambiado, y eso más. Eso está muy bien.

—Spotify funciona, pero como empresa, en la Bolsa, da pérdidas. ¿Por dónde pasa el futuro de la música?

—Spotify es un mundo. Para saber cuando una compañía gana o pierde hay que mirar su cuenta de resultados y ver en qué invierte el dinero. Si una compañía tiene pérdidas, pero está invirtiendo en que dentro de 20 años va a sacar un coche que funciona con agua a 190 kilómetros por hora y tiene 5.000 kilómetros de autonomía… No está perdiendo, está invirtiendo. Además, en Spotify participan las compañías multinacionales que, además de tener acciones, dejan su música a Spotify a cambio de un adelanto. Para que Spotify pueda ofrecer a la gente, desde Bob Marley hasta U2, tiene que adelantar un dinero que a lo mejor no va a recuperar. Pero hay un negocio todavía más cojonudo: que lo que la compañía de discos recibe como adelanto de Spotify no lo reparte con los artistas, con ellos solo comparte las escuchas reales. Las compañías ganan un montón de dinero haciendo que su repertorio esté disponible.

—Vamos, que eso no repercute en la cartera del artista.

—¡En absoluto! ¡No revierte ni una pela!

—Precisamente, aproximadamente el 70% de la música que se escucha en estas plataformas es música ‘vieja’.

—Porque la nueva música va por Instagram y por Facebook. La gente intenta poner puertas por todos los lados, pero ya no las hay. En una lista de reproducción del trabajo a casa, puedo tener a La Bien Querida, a Beret, junto con Los Planetas, Arcade Fire o Vampire Weekend. Ahora, es más difícil encuadrar las cosas, con el tiempo la gente ha sido capaz de apreciar cosas diferentes. Puedes ir a ver una película de autor y pasártelo bien con una de Marvel. No se le caen a nadie los anillos. Claro que sigue habiendo tribus, pero se oyen muchas cosas diferentes en muchos sitios diferentes.

—En España, se celebran más de 800 festivales cada año. Una auténtica barbaridad. Muchos, además, comparten el mismo cartel. ¿Qué sentido tiene?

—Hay más festivales que personas. Yo no lo entiendo. Pero si hay un montón de gente que se lo pasa superbién, ¿cuál es el problema? En España, creo que hay muchos que están muy bien hechos.

—¿Qué futuro tienen?

—Quien tiene que decir si eso funciona o no es el público. Parece raro que en un país como este haya tanta cantidad de festivales con los mismos grupos. Es una fotografía de cómo está el mundo de la música, hay muy pocos artistas que vendan billetes. Eso no es culpa de los que programan los festivales.

Periodista vigués. No trabaja en el Daily Planet, ha estado en el decano de la prensa nacional y ahora va A la Contra, buscando siempre la mejor opción. Colabora con Radio Marca. Su debilidad no es la kryptonita, sino la Cultura y el Deporte, pero en el buen sentido. No vive en Smallville. Su nombre no es Clark Kent, tampoco es Superman, solo es periodista.

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