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Carlos Vermut.
Carlos Vermut, el día de la entrevista. Fotografía cedida por Sergio Sevillano/Moobys.es

Entrevistas

Carlos Vermut: “Prefiero que me comparen con otra persona que conmigo mismo”

Entrevista al director de cine Carlos Vermut, que tras ‘Diamond flash’ y ‘Magical girl’ estrena ‘Quién te cantará’, su tercera película.

Su nombre no es el de otra persona, no sufre problemas de personalidad como Lila Cassen, la protagonista de su nueva película, pero no siempre fue Carlos Vermut (Madrid, 1980). Antes de dibujar cómics y de hacer películas respondía a Carlos López del Rey. La fama ha cambiado su condición, pero no tiene miedo a fingir algo que no es: alguien con sello propio, una voz única, a pesar de que esa no es su principal preocupación, lograrlo no es ni tan siquiera un objetivo importante en su vida. Asume la realidad proponiéndose brillar, pero no le gusta que lo vean como la nueva esperanza del cine; aun así, Pedro Almodóvar, con quien algunos lo comparan habitualmente, dijo de él que es la gran revelación del cine español en lo que va de siglo. Vermut es solo dueño de una forma de dirigir y autor de Diamond flash, Magical girl y ahora Quién te cantará, una película incomparable a cualquier otra porque no nació para competir, sino para ser vivida —en una sala de cine a ser posible—. “Es de puta madre que digan que esta es la mejor de las tres, luego que lo sea la cuarta, y así siempre”, admite en confianza.

—Dicen de tus películas que no se ven, sino que se viven.
—Me alegra que lo piensen así. Cuando yo voy a ver una película, me gusta poder introducirme en el universo de las personas que la han hecho. Me gusta que la gente sienta eso y añado, además, en una sala de cine, el único lugar en el que tú no tienes el control sobre la proyección. Ahora, en casa, estamos acostumbrados a tener el control sobre las películas que vemos, pararlas, ir hacia adelante, hacia atrás. En la sala eso no pasa. La sensación de vivir algo, introducirte y sumergirte es mucho mayor. Por tanto, me alegra que sea así y que sea en una sala de cine, la he pensado para eso.

—Algunas de las ideas globales de tu universo son el dolor, la deriva o la violencia de las personas. Todo eso aparece en Diamond Flash y en Magical girl. Quién te cantará tiene todos esos elementos, pero también muchos otros, es mucho más grande, más ambiciosa.
—Sí, también a nivel de producción contamos con un presupuesto mayor y eso siempre anima a experimentar cosas nuevas. Con uno más reducido no tienes capacidad de poder probar. Con Quién te cantará pude probar cosas más ambiciosas a nivel de movimiento de cámara, de producción. A nivel de historia, no sé si hablar de todos esos temas, de reunirlos y de ordenarlos es una cosa intencionada o no. Muchas veces no eres consciente.

—En Quién te cantará hablas del paradigma de la identidad, que se tambalea. ¿No tener personalidad es lo contrario a ser alguien único?
—No lo sé, no lo tengo claro. Yo creo que todos tenemos personalidad, es inevitable, es inherente a nosotros. Otra cosa es que seas una persona más extrovertida o menos extrovertida, pero todos tenemos una personalidad. Ni siquiera creo que la búsqueda de ser algo único sea importante. ¿Único en qué sentido? Todos nos parecemos a algo y nos diferenciamos de algo. Tampoco siento que sea una búsqueda importante el hecho de ser único. Es una cosa que entiendo que ahora sucede mucho. Nos gusta, por un lado, ser distintos a todo, tener como una marca, que se nos reconozca, pero a veces como que no queremos salirnos del patrón. Ese equilibrio entre parecernos a algo, formar parte de una masa, pero a la vez ser únicos creo que es complicado.

—Hoy en día, en el arte y en la vida, todo es como muy igual, se ha perdido lo característico. Ha triunfado la industrialización frente a la artesanía. Cada vez todo se parece más. Escasea el sello propio.
—Claro, sobre todo por la manera que tenemos de producir ahora. A nivel audiovisual ya no se pasa por el formato físico, todo es digital. Es como que la producción es mucho mayor, las ventanas son mucho mayores. Como tú decías, ese punto artesano se va perdiendo cada vez más porque todo es más conceptual. De hecho, todo pasa más directamente de tu cabeza a la pantalla.

—En la forma está claro, la tecnología y la narrativa evolucionan, pero también es complicado ver una idea diferente. El arte, y más concretamente el cine, necesita de esto, come y bebe de lo singular.
—Sí, puede ser también por el modelo de consumo, que es rápido, hay muchas más cosas. Todo tiene que diferenciarse lo justo para que quieras consumirlo, pero tiene que ser suficientemente igual para que no te parezca demasiado extraño. En ese equilibrio parece que se mueve toda o parte de la cultura de masas. Todo tiene que ser suficientemente parecido y suficientemente original para que sigamos siempre consumiendo.

—Tú, sin embargo, tienes voz propia, no le das a la gente exactamente lo que espera. ¿A ti nada ni nadie puede cambiarte?
—Hay un punto en el que cuando estoy siendo complaciente con el espectador no puedo evitar hacer el juego de ir por otro lugar. Siento que me gusta romper las expectativas del espectador. Porque a mí como espectador me gusta ir al cine y verme sorprendido, incluso shokeado, más allá de que me guste o no la película, que me deje una huella. Y me gusta pensar que de alguna manera puedo hacer lo mismo con la gente que ve mis películas.

—¿Qué supone ser “la nueva esperanza del cine español”?
—No lo sé, es que yo eso no lo he dicho. Supongo que tiene que ver con el hecho de que a algún periodista le interesa mi manera de hacer películas y que me ha puesto, en un momento determinado, esa etiqueta. A mí no me gusta porque parece que solo hay una. Yo creo que en el cine español, o del cine en general, porque a mí me interesa el cine en general, venga de donde venga, sin etiquetas, nacionales o generacionales, hay gente que ha hecho películas hace muchos años y que de repente ahora no hace nada y estoy deseando que salgan sus películas. A mí no me gustan las etiquetas, y mucho menos aquellas que menosprecian lo que había antes, las personas que siguen haciendo cine, que están ahí y de las que tenemos tanto que aprender.

—¿Los halagos eclipsan o confunden?
—Están bien en su justa medida porque te animan a seguir trabajando, pero demasiados están mal porque hacen que te acomodes. Como llevamos hablando, se trata de un equilibrio que, además, tienes que medir tú, tienes que ser tú el que selecciona lo que quiere leer y lo que no, hasta qué punto dejas que los demás estén dentro de ti y opinen. Los halagos pueden ser prejudiciales si te acomodas demasiado.

—¿Se llevan peor las comparaciones que hacen con nosotros mismos, es decir, sobre lo que fuimos y lo que somos ahora, o las que se proyectan de cara al exterior, con otra persona?
—Creo que llevo peor las que me comparan conmigo mismo que a las que me comparan con los demás, sobre todo si son gente a la que admiro. Nunca me gusta compararme con lo que he hecho antes porque me gusta pensar que todo lo que voy haciendo es distinto, que son propuestas nuevas y que voy aprendiendo, me voy completando, no mejoro o empeoro. Me gustan mucho los cambios. Me siento más cómodo cuando me comparan con el resto que conmigo mismo, lo prefiero.

—¿Te corrompe más que comparen al Carlos Vermut de Quién te cantará con el de Magical girl que con otro director?
—No me molesta que las analicen, porque en todo hay un análisis y me parece bien, pero yo no hago películas para que compitan entre ellas, ni para competir con el resto. Cuando te comparan con los demás suele ser para complementarte, entonces a mí me parece más bonito complementarme que competir.

—¿Nuestra sociedad pone todo el peso de nuestra vida sobre las personas que admiramos y nos influyen? Solo pensarlo resulta cuando menos preocupante.
—Sí, algunas personas parece como que dependen mucho de los demás. Admirar a alguien no está mal, creo que está bien ser humilde, saber lo que eres y lo que te completa. Lo que te da forma como director no es solo tu propio talento, sino también el talento de la gente a la que admiras, de la que has aprendido, aunque no la conozcas, y el talento de la gente con la que trabajas. Pensar que todo gira en torno a ti o pensar que has llegado hasta dónde estás por el talento que tienes y punto es lo que me parece peligroso. Somos una suma de cosas, de circunstancias, de gente que admiramos y de la que hemos aprendido cosas, no solo relacionada con el cine, también nuestros padres, nuestros amigos, nuestras parejas. Es importante tener eso en cuenta.

—A ti la fama te retrajo, pero tú no te convertiste en Carlos Vermut en un día.
—Una cosa es la imagen que puedes dar a nivel mediático, que al final es una performance, porque todos, al fin y al cabo, hacemos personajes. Pero para mí Carlos Vermut no es la persona que hace las entrevistas, sino que tiene que ver más con la persona que ha dibujado cómics y que ha hecho cine. El seudónimo de Carlos Vermut aparece cuando yo empiezo a dibujar, entonces está más vinculado a la creación artística que a la aparición en medios.

—O sea que no te reconoces en las entrevistas.
—Suelo ser bastante honesto con lo que digo. Hay veces que te reconoces y hay veces que te interpretan mal, porque también tiene que ver con lo que los demás han interpretado de lo que tú has dicho. No es que no me reconozca, simplemente hay gente a la que le gusta mucho estar expuesta y yo soy de los que le gustan menos.

Periodista vigués. No trabaja en el Daily Planet, ha estado en el decano de la prensa nacional y ahora va A la Contra, buscando siempre la mejor opción. Colabora con Radio Marca. Su debilidad no es la kryptonita, sino la Cultura y el Deporte, pero en el buen sentido. No vive en Smallville. Su nombre no es Clark Kent, tampoco es Superman, solo es periodista.

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