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Cartas de fútbol

La Supercopa de los invitados

A mí tampoco me gusta que la Supercopa se dispute en Arabia Saudí, pero creo que en ocasiones le exigimos al fútbol una integridad que no sé si todos mantenemos en nuestro día a día

Hola, Juan Carlos.

El fútbol ha tardado en llegar a Arabia Saudí. El fútbol español, me refiero. Porque han pasado 9 años desde que se firmó uno de los acuerdos más multimillonarios de la ‘Marca España’. 6.000 millones de euros por el Ave Medina-La Meca, construido y operado por empresas españolas (Adif, ACS, Indra, OHL o Renfe entre otras). Pero el pastel debe ser grande como un desierto porque son muchas las compañías patrias que han «pillado cacho». La constructora FCC se ha encargado del metro de Riad, Inditex tiene 180 tiendas repartidas en este rincón del Golfo y otras como Mango o Tous también tienen presencia. Pero no nos hemos preocupado por los derechos de las mujeres saudíes hasta que el fútbol ha llegado allí.

A mí tampoco me gusta que la Supercopa se dispute en Arabia Saudí, pero creo que en ocasiones le exigimos al fútbol una integridad que no sé si todos mantenemos en nuestro día a día. ¿Cuántos dejaron de comprarse la camiseta del Barça cuando lucía Qatar Airways? ¿Cuántos madridistas renieguen de Fly Emirates? El Dakar, sin ir más lejos, se está corriendo estos días en Arabia Saudí y la polvareda levantada ha sido mucho menor. Poco eco han tenido también las palabras de Ernesto Valverde: «El fútbol en el que estamos metidos es una industria. Se buscan siempre fuentes de ingresos y es por eso por lo que estamos aquí». El dinero siempre suele ser el atajo más corto para explicar el mundo en el que vivimos.

Casi tan inexplicable como llevar la Supercopa a Oriente Medio resulta el reparto económico de los contendientes. No puede ser que los equipos que lleguen a esta Final Four como campeones (de Liga o de Copa) cobren menos de partida que los que no han levantado título alguno para llegar allí. Es más, ni siquiera fueron cabezas de serie. Pero claro, firmar un pacto con el diablo nunca aseguró la justicia, tampoco ganar siempre.

Y por todo lo demás, la Supercopa me encanta. Me gusta el formato, me gusta la fecha por lo que tiene de (re)inicio de año, e incluso me gustan los contendientes por ser los cuatro representantes españoles de Champions. Por gustarme hasta me gustó el partido del Barça durante 80 minutos. Lástima que diez minutos sean suficientes para que los escalofríos de Roma o Anfield recorran el cuerpo de cualquier culé. La pesadilla resulta aún más preocupante viendo que un Messi estratosférico empieza a no ser suficiente con todo lo que se regala atrás.

Recordé tu pregunta sobre los pitos a Valverde en Cornellá cuando escuché los abucheos al Txingurri cada vez que aparecía en los videomarcadores del estadio de Yeda. El entorno, que diría Cruyff, no conoce fronteras y la animadversión contra el técnico azulgrana ha llegado hasta las orillas del Mar Rojo. Y eso que en esta derrota tiene poco que ver.

También añoré los mejores años del Barça de Guardiola viendo al Real Madrid en la otra semifinal. Por un instante volví a aquella final del Mundial de Clubes frente al Santos de un jovencísimo Neymar. Aquel fue  el mejor Barça que recuerdo, el del 2011, armonioso y voraz, embaucador y dominante. Hasta 6 centrocampistas llegó a utilizar Pep aquella noche de Yokoyahama en la que Messi, arropado por Iniesta, Xavi, Busquets, Fábregas y Thiago, acariciaron la perfección. Zidane también sacó cinco centrocampistas para gobernar las semifinales a sus anchas y no descarto que repita el plan en la final. Quizá el francés sabe más de fútbol que de jardinería, porque su equipo está volviendo a florecer desde el centro del campo. Tanto que la falta de artillería arriba parece por momentos un problema menor. ¿Crees que cuando vuelva Hazard, Bale y Benzema, ZZ volverá al 4-3-3?

Para acabar seré bastante contundente sobre si los futbolistas pueden cambiar de equipo del alma en mitad de sus carreras. Al final el profesional es del equipo que más días felices le propició, porque la nostalgia suele ser una amante imbatible.

Un fuerte abrazo.

Emmanuel.

 

 

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