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Bruno de Carvalho, en su etapa de presidente del Sporting de Portugal. ZUMAPRESS.com / Cordon Press

Fútbol

El ocaso del Trump portugués

Bruno de Carvalho, expresidente del Sporting de Portugal, ha sido detenido acusado de orquestar una paliza a sus propios jugadores por parte de los ultras del club lisboeta.

Bruno de Carvalho hasta hace unos meses era el presidente del Sporting de Portugal. Ahora, ha sido detenido acusado de terrorismo, secuestro y agresión. Y a nadie le ha pillado por sorpresa. Se le acusa de ser el autor intelectual de la agresión que sufrieron en medio de un entrenamiento los futbolistas y el cuerpo técnico del club lisboeta por parte de 50 ultras encapuchados. “Fue un acto delictivo, pero el delito forma parte del día a día”, respondió (se le podrán criticar muchas cosas, pero no la sinceridad) cuando le preguntaron por el suceso. Lo dicho, ninguna sorpresa.

Tampoco había que ser Sherlock Holmes para sospechar de un tipo como Carvalho. Solamente había que poner la lupa en los precedentes más cercanos. Todo comenzó una noche europea en el Wanda Metropolitano. Ese día, el entonces presidente del Sporting no se sentó en el banquillo colchonero al lado del entrenador Jorge Jesús, algo que es muy habitual de ver en los partidos de la Liga Sagres… cuando no lo encuentras infiltrado entre los aficionados. Es más, ni siquiera viajó a la capital española. Tenía un motivo de fuerza mayor: su mujer estaba a punto de dar a luz. Carvalho, por tanto, siguió desde su casa de Lisboa la derrota de su equipo frente al Atlético de Madrid en la ida de los cuartos de final de la Europa League. Antes del partido, reclamó en Facebook que “en vez de 11, tenemos que ser 22. Tenemos que desdoblarnos”.

Las expectativas eran muy altas y la decepción fue mayúscula. Carvalho tenía la sangre en la cabeza y el Facebook todavía abierto. Así, como un aficionado más, se desahogó en la red social escribiendo su particular crónica del encuentro: “Vivir un partido desde lejos cuesta mucho más, pero ver errores graves de jugadores internacionales y experimentados aún añade más sufrimiento… Los centrales hicieron por los delanteros del Atlético lo que ellos no conseguían”. Como era de suponer, a los futbolistas del Sporting no les hizo ni pizca de gracia las palabras de su presidente. Rui Patricio, capitán del equipo, le criticó ante los medios y William Carvalho, en nombre de toda la plantilla, publicó una extensa carta en su Instagram en la que se leían frases como: “¿No hay otra forma seria de estar en el fútbol profesional que no sea esta?” o “¡Somos profesionales, somos humanos! ¡Nuestra integridad y nuestro compromiso son sagrados!”.

 

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Somos Sporting Clube de Portugal, em nome do plantel, somos a informar o seguinte… Suamos, lutamos e honramos sempre a camisola que vestimos. Não somos perfeitos e não acreditamos em jogadores perfeitos, porque queremos sempre evoluir! Não existem jogadores nem equipas perfeitas, mas quando as coisas não correm como queremos, sabemos assumir as nossas responsabilidades. Todos nós temos de o fazer! Quando vencemos, empatamos ou perdemos… sim… porque no Futebol estes são os resultados possíveis, a responsabilidade é sempre de todos! Somos uma equipa! Somos um grupo unido de um Grande Clube onde o respeito é uma das bases necessárias a essa união. Não podemos pensar apenas no “Eu”, mas sim “Nós” e sempre na equipa, porque só assim poderemos vencer. No nosso Clube, nas seleções nacionais que representamos, sempre damos e continuaremos a dar o nosso melhor, porque o querer é uma constante. Somos profissionais, somos humanos! A nossa integridade e o nosso compromisso são sagrados! Esforço, dedicação, devoção e glória sempre! Damos o máximo pelo Sporting Clube de Portugal, damos o máximo por nós próprios enquanto equipa, individualmente enquanto atletas. Lutamos pelo nosso Clube, pelos nossos adeptos e por nós, sempre! Não há outra forma séria de estar no Futebol Profissional que não seja esta… Por esta razão, em nome de todo o plantel do SCP, espelhamos neste texto o nosso desagrado, por vir a publico as declarações do nosso Presidente, após o jogo de ontem, no qual obtivemos um resultado que não queríamos… a ausência de apoio, neste momento…, daquele que deveria ser o nosso líder. Apontar o dedo para culpabilizar o desempenho dos atletas publicamente, quando a união de um grupo se rege pelo esforço conjunto, seja qual for a situação que estejamos a passar, todos os assuntos resolvem-se dentro do grupo. Saibamos ver que, por maiores que sejam as dificuldades, ainda há muito para disputar. Temos uma recta final em várias competições e vamos, haja o que houver, unidos e coesos, dar o máximo pelo Sporting Clube de Portugal. Somos Sporting Clube de Portugal.

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A Carvalho no le hizo ninguna gracia que sus propios futbolistas le reprendieran públicamente. Eso hería su orgullo… algo de lo que va sobrado. A los pocos minutos de que viera la luz el comunicado, como si se hubiera pasado todo el día esperándolo, el presidente, de nuevo en Facebook, volvió a abrir fuego contra su plantilla: “En el Sporting no se vive en la República de las Bananas. Todos los que firmaron la carta quedan inmediatamente suspendidos. Ya estoy harto de actitudes de niños mimados”. La decisión de Carvalho fue tan drástica como breve. A las pocas horas se acordó entre las dos partes un pacto de no agresión. Eso sí, pese a no ser finalmente sancionados, los futbolistas fueron amenazados con recibir diversos castigos sí volvían a reincidir en su comportamiento.

Bruno de Carvalho es una de las personalidades más controvertidas del fútbol portugués. Para leer su historial antes hay que coger aire. En 2011 perdió las elecciones a la presidencia del Sporting, en las que había prometido a Van Basten como técnico, y, ni corto ni perezoso, denunció un pucherazo que, evidentemente, nunca pudo probarse. Dos años después, pudo quitarse la espinita y los socios del conjunto lisboeta confiaron en su proyecto deportivo para romper con la tiranía de títulos de Oporto y Benfica. El nuevo presidente del club le declaró la guerra a Jorge Mendes. Estaba convencido de que los tentáculos del rey midas del fútbol eran demasiado alargados y no le hacían ningún bien a los verdiblancos. La ruptura fue total, hasta el punto de que jugadores como William Carvalho, Adrien Silva o Joao Mario no pudieron renovar con el Sporting hasta que no rompieron con Mendes.

Una de las decisiones más controvertidas de Carvalho, más allá de los fichajes de Mathieu y Coentrao, fue la destitución de Marco Silva, actual entrenador del Everton, por no utilizar el traje oficial del club. Han leído bien. También se acusó al técnico de no haber alineado a Marcos Rojo en un amistoso a pesar de que el fondo propietario de su pase lo había solicitado o de haber presenciado un intento de agresión del defensa argentino al presidente del club y luego no haber querido reconocerlo. El Sporting optó por esconderse en mentiras y no contar la verdad: todas estas excusas insólitas iban encaminadas a facilitar la operación que se estaba gestando para que Jorge Jesús, entonces técnico del Benfica, cambiase de estadio y pasase a entrenar al otro histórico de Lisboa. Sin embargo, con el veterano JJ en el banquillo del Alvalade, el Sporting no logró levantar la ansiada Liga, algo que se le resiste desde el año 2002.

En agosto del año pasado, Carvalho fue sancionado seis meses después de escupir al presidente del Arouca tras una fuerte discusión en el palco al término del encuentro que enfrentó a ambos equipos. Un tiempo después, insultó al presidente del Sporting de Braga, Antonio Salvador, diciendo que “ama presidir al Benfica B”. Además, anunció el embarazo de su mujer en las pantallas gigantes del estadio e instó a sus aficionados a no informarse con medios que no fuesen la televisión oficial del Sporting.

La era Carvalho fue una montaña rusa de excentricidades que alcanzó su punto más alto el martes 15 de mayo de este año. Ese día, en la ciudad deportiva del Sporting, ubicada en Alcochete, se estaba desarrollando un entrenamiento con total normalidad. Los lisboetas tenían marcado en rojo la final de Copa del próximo domingo ante el modesto Desportivo das Aves, ya que las posibilidades de rascar metal e ilusionar a una afición carente de alegrías eran bastante probables. Las aguas corrían turbias al sur del río Tajo después de que el equipo se hubiese caído de los puestos de Champions League tras perder en Liga con el Marítimo el último fin de semana. A esa situación, se sumaba la todavía reciente eliminación europea frente al Atlético de Madrid. Al menos, el Facebook del presidente estaba en modo avión. Si aquello fue violencia verbal, los ultras del Sporting optaron por ir un paso más lejos y recurrir a la violencia física.

Alrededor de 50 encapuchados irrumpieron por sorpresa en plena sesión preparatoria de su equipo. Estaban allí para descargar de forma violenta toda la ira que habían acumulado durante los últimos meses. Fueron directos al grano. No tenían ninguna intención de hablar las cosas. Primero, amenazaron a los periodistas y los forzaron a no grabar nada (cosa que no lograron). Una vez dentro de las instalaciones, comenzaron a lanzar bengalas de humo y a destrozar el vestuario. Durante el proceso, agredieron al entrenador Jorge Jesús, a miembros de su cuerpo técnico y a futbolistas como Bas Dost, quien sufrió un corte doble en la frente. Los argentinos Marcos Acuña y Rodrigo Battaglia fueron amenazados de muerte. Para colmo, el Sporting perdió la final de Copa.

A principios de junio, Carvalho se vio obligado a poner su puesto a disposición de los socios. Las presiones sobre su figura fueron brutales, lo suficiente hasta para un tipo tan egocéntrico. La agresión a los integrantes de la plantilla fue la gota que colmó el vaso para unos aficionados que llevaban mucho tiempo aguantando los desvaríos de su excéntrico presidente. La votación fue masiva y el resultado inequívoco: el 71,38% de los socios, 14.735 personas, votaron a favor de destituir de forma inmediata a Carvalho, que, como no, cuestionó la legitimidad de los resultados.

Tras todos estos sucesos, este verano se produjo un verdadero éxodo dentro de la plantilla lisboeta. Hasta nueve futbolistas rescindieron su contrato con el Sporting. Algunos de los que lo hicieron, como Bas Dost, Rodrigo Battaglia o Bruno Fernandes, volvieron a firmar con el club una vez se confirmó el cambio de guardia en la cúpula directiva. Otros, sin embargo, se marcharon para no regresar. Fue el caso de muchos pesos pesados como el capitán Rui Patricio, William Carvalho o Gelson Martins, que ficharon por Wolves, Betis y Atlético de Madrid, respectivamente. También abandonaron el barco Jorge Jesús y su staff.

Casi medio año después, las autoridades portuguesas han detenido a Bruno de Carvalho como autor intelectual de la agresión que protagonizaron los 50 encapuchados contra los jugadores y cuerpo técnico del Sporting. José Roquette, nieto del fundador del conjunto lisboeta y antiguo presidente del club, comparó a Carvalho con Donald Trump en una entrevista a Radio Renaciente. Más pasional que analítico, su caso viene a poner de manifiesto las consecuencias de compaginar al mismo tiempo los roles de presidente y aficionado descontrolado.

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