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Casablanca.

Cine

Casablanca en 20 frases

Esta vez la vamos a ver desde 20 de sus frases más míticas.

A principios de agosto de 1942 finalizó un rodaje que había comenzado en mayo sin pena ni gloria, en lo que se pensó iba a ser una película más de propaganda bélica antinazi basada en un musical de Broadway. Nadie se podía imaginar hace 78 años que lo que se acababa de rodar era “La Película” por antonomasia (Casablanca), aquella que marcaría a generaciones enteras de hombres y mujeres y que dictaría para siempre cómo ha de portarse un perdedor. Aunque ya que nos la han contado muchas veces y la hemos visto otras tantas, esta vez la vamos a ver desde 20 de sus frases más míticas, pues el guion está lleno  de ellas. Vamos allá:

1. –Pero los otros, esperaban en Casablanca… y esperaban… y esperaban…. y esperaban…

Esta frase suena con una voz en off al principio de la película y marca la sensación de impaciencia y desesperación de los refugiados en Casablanca, esperando turno para el avión a Lisboa, desde donde volarían a Estados Unidos para evitar a los nazis. Mientras, en la imagen una pareja mira hacia el cielo contemplando el avión.

2. –Esperar, esperar, esperar. Jamás saldré de aquí. Moriré en Casablanca.

Esta frase dicha por un europeo conversando lacónicamente con otro hombre pone de relieve la desesperación de la gente por salir de allí y recalca el texto en off del principio de la película poniendo un inequívoco marco a la situación que se vivía en Casablanca.

3. –¿Tú me desprecias, verdad Rick?

–Si llegara a pensar en ti, probablemente lo haría.

Esta es una de mis favoritas. Rick ha permitido el acceso de Ugarte al salón de juego semi clandestino (todo el mundo sabía que estaba allí), tras impedirle el paso a un poderoso banquero alemán, primero con una ligera negación de la cabeza, mientras juega solo al ajedrez vestido con su impecable smoking blanco, y luego rompiéndole la tarjeta en su cara al alemán. La pregunta se la plantea Ugarte, justo antes de confesarle que él es quien tiene los salvoconductos firmados para poder salir de Casablanca y que esa noche los va a vender por un desorbitado precio a alguien muy importante. Cuando le responde, ni siquiera lo mira a la cara, esa cara inolvidablemente servil de Peter Lorre.

4.–Espero que cuando vengan a por mí me proteja mejor.

–Yo no me juego el cuello por nadie.

Con esta frase zanja la pregunta que le hace un cliente tras ver cómo, tras intentar detener a Ugarte, terminan disparándole y llevándoselo preso. Es de notar que Ugarte intenta que Rick lo proteja sin conseguir absolutamente nada y viendo impasible cómo le disparan.

5. –¿Dónde estuviste anoche?

–No lo recuerdo.

–¿Qué vas a hacer esta noche?

–Nunca hago planes por anticipado.

Este es el Rick despechado y duro al que nada ni nadie conmueve y a quien ninguna mujer hace temblar despachando a una preciosa Yvonn, en la barra ante la atónita mirada de Sasha, a quien le pide que la acompañe a casa. Yvonne, interpretada por cierto por Madeleine Leveau, murió en Estepona en mayo de 2016 (sin que yo lo supiese, porque si lo hubiese sabido hubiese dormido en su portal semanas enteras hasta que me hubiese dejado invitarla a un café… merezco morir, lo sé…).

6.–Rick nunca bebe con los clientes.

Aquí está diciendo Rick lo que le importan los clientes, sus problemas, el bar y el mundo en general.

7.–¿Qué vino usted a hacer a Casablanca?

–Vine a tomar las aguas.

–¿Las aguas, al desierto?

–Me informaron mal.

Esta es la primera conversación entre el Prefecto Renault y Rick, sentados en una mesa de la terraza mientras el avión de Lisboa sobrevuela Casablanca y se ve cómo a pesar de los intentos de Renault, Rick no quiere hablar de su pasado. Es en esta conversación donde lo avisa de la llegada de Víctor Lazslo.

8.–¿Se imagina usted a los alemanes en su amado París?

–No es mi amado París

–¿Y se los imagina en Nueva York?

–Verá, hay ciertos barrios que yo no les recomendaría.

En esta conversación, continuación de la anterior, las preguntas las hace el Mayor Strasser, ante su ayudante Heinze y ante el Prefecto Renault, sentados en una mesa en la que el Mayor ha pedido champán cosecha de 1926 y caviar, y en la que se ve que Rick no le teme a nada, ni siquiera a la Gestapo.

9.–Todo el mundo conoce a Rick en Casablanca.

–Y a Víctor Lazslo en todo el mundo.

Aquí, y tras comprobar anteriormente que poco o nada le impresiona ni le importa lo más mínimo, Rick deja ver toda su admiración por este hombre capaz de jugarse la vida solo por la libertad y la justicia.

10.–Mentías mucho mejor antes.

Se lo dice dulcemente Ilsa a Sam tras intentar sonsacarle dónde está Rick y qué hace.

11.–Tócala, Sam. Toca “El tiempo pasará”.

–Se me ha olvidado esa canción. No recuerdo la melodía.

Y entonces Ilsa, muy dulcemente le dice que no importa y que ella se la recordará y comienza a tararearla… snif… y por supuesto que la toca. Vaya si la toca.

12.–Sam, te había dicho que nunca volvieras a to….

Rick acaba de salir del salón de juego, y al oír a Sam cantando As time goes by se dirige a él furioso y comienza a decirle que no toque. En ese momento ve a Ilsa sentada en su mesa tras una indicación con los ojos de Sam y hace lo que cualquier otro hombre hubiese hecho en su lugar: quedarse sin palabras.

13.–Yo recuerdo cada detalle. Los alemanes iban de gris y tú ibas de azul.

Esto le suelta delante de Víctor a Ilsa un desconocido por vulnerable Rick, enfrentándose a todos sus fantasmas y a su dolor.

14.–De todos los bares del mundo, tuvo que entrar precisamente en el mío.

Ella, preciosa, vulnerable, dolida, enamorada, fuerte, sencilla y sacrificada, acaba de irse de Rick’s  y Rick está solo, en la barra, frente a su botella de bourbon con un vaso medio lleno cuando entra Sam y lo descubre, pidiéndole que se vaya a casa, y tras solo conseguir negativas, Sam decide quedarse con él. Rick, mirando hacia abajo, le suelta esa frase.

15.–Tócala Sam, tócala de nuevo. Si ella pudo soportarlo, yo también podré.

No sé cuántas veces he visto este mágico momento entre la desesperación y el abatimiento de un corazón destrozado pensando en lo que pudo haber sido pero nunca fue, y Sam comenzando a entonar you must remember this… snif…

16.–Un franco por tus pensamientos.

–En mi país no darían más de un centavo.

Esto forma parte del flashback de Rick mientras escucha As time goes by. Él e Ilsa están en su apartamento de París mientras hay noticias nada halagüeñas acerca de la entrada de las tropas nazis y Rick está ensimismado pensando ya que los alemanes le tienen puesto precio a su cabeza por sus actividades en España y Etiopía.

17.–El mundo se desmorona y nosotros nos enamoramos.

Dentro de ese flashback, Ilsa y Rick están asomados a la ventana de La Belle Aurora mientras escuchan cómo desde un camión con megáfono anuncian que París es una ciudad abierta y, a lo lejos, se escucha una explosión («¿Ha sido una bomba o es mi corazón?», dice Ilsa). Si a estas alturas no se les ha saltado una furtiva lágrima, es que su corazón es de piedra y ni siquiera le late.

18.–Era un día de lluvia en una estación, y un hombre esperaba con el rostro crispado por una ridícula expresión porque le habían arrancado las entrañas.

Ilsa acaba de volver a Rick’s a darle explicaciones y él se debate entre reírse de ella, insultarla o echarse a llorar, hundido y destrozado. En esa frase explica todo lo que sintió aquella tarde en aquella estación de tren mientras llovía.

19.–He descubierto que en este lugar se juega.

–Tenga Señor, sus ganancias.

Tras contrarrestar el himno nazi entonando fervorosamente La Marsellesa, todos en pie y con los vellos como escarpias, el malvado y conspícuo Mayor Strasser le ordena al Prefecto Renault que clausure el local, no teniendo este otra ocurrencia que invocar que en ese lugar se juega, tras lo cual el croupier le acerca sus ganancias, como todas las noches. Ahí entendemos el interés de Renault en que no hubiese disputas con el Mayor Strasser y en llevarse bien con Rick.

20.–Presiento que este es el inicio de una hermosa amistad.

Acaban de matar a Strasser y Rick ha dejado que Ilsa se marche con Víctor entendiendo que eso que está viviendo es mucho más grande que él, y si bien él sale perjudicado, la Humanidad entera saldrá beneficiada. Echando a andar junto con Renault, este, con esta frase, le dice que está de su parte, que sabe que los alemanes van a perder la guerra, que van a ganar dinero vendiéndole armas a los que luchen por la libertad, que la vida es maravillosa y que saben que acaban de vivir un momento histórico.

                                                       The End                                                     

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