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Arriba, selección de Cataluña en 1934. Arriba: Fournies, Esteve, Prat, Rafa, Nogués, Goiburu, Iriondo, Torredeflot, Gracia y Escolá. Abajo: Cristiá, Edelmiro, Salas y Calvet. Selección española en 1934 : Vantolrá, Pedro Regueiro, Vega, Ceballos, Lángara, Muñoz, Luis Regueiro y Zamora. De rodillas: Casuco, Sornichero, Pena, Gallart y Marculeta. A la derecha, Prat y Zamora.

Fútbol

Cuando España jugaba contra Catalunya (y no pasaba nada)

Las selecciones de fútbol de Catalunya y España se han enfrentado en tres ocasiones: 1924, 1934 y 1947. En la dictadura de Primo, durante el gobierno de la CEDA y con Franco.

Hubo un tiempo en que Catalunya y España se enfrentaban… en un campo de fútbol. Ocurrió en tres ocasiones: 1924, 1934 y 1947. Con dos dictaduras y un gobierno de las derechas. Los tres partidos amistosos (y fraternos); los dos primeros para recaudar fondos, el último con el ánimo de formar una Selección española que necesitaba rodaje en una España aún devastada por la Guerra Civil. Los periódicos de la época no hicieron un suceso de ninguno de los enfrentamientos. En el transfondo de las tres fechas había conflictos políticos y reivindicaciones soberanistas, pero los partidos se vivieron con una naturalidad que hoy nos sorprende. Eran tiempos más violentos, más crispados y con más desafíos sobre la mesa. Pero eran tiempos en los que el fútbol lo tapaba todo. Quizá demasiado, dirán algunos.

Vayamos al primero de los enfrentamientos. Fue el 13 de marzo de 1924, al comienzo de la Dictadura de Primo de Rivera. El dictador dio un golpe de Estado el 13 de septiembre del año anterior cuyo Manifiesto ya advertía de la «descarada propaganda separatista». La política anticatalanista del directorio militar se institucionalizó en su lema: «España una, grande e indivisible». Las reivindicaciones de mayor autonomía perecieron, pero el movimiento catalanista llevaba dando pasos desde el siglo pasado. También en el deporte. En 1916 se fundó la Federación Catalana de Fútbol Asociación, aunque el fútbol catalán se llevaba organizando desde 1900, año de fundación de la Foot-ball Associació.

Dentro de este panorama político se disputó el primer Catalunya-España. Fue en Les Corts y acabó con goleada contra los catalanes (0-7) aunque el objetivo del partido era recaudar fondos para el viaje de la Selección española a los Juegos de París. El encuentro fue amistoso en el terreno de juego y en las gradas el público se expresó con la libertad con la que no podía hablar en las calles. Así lo relata El Mundo Deportivo: «Presentaba el interés de rendir a los nacionales un desagravio a las vicisitudes de que fueron objeto ante un público (…) que se dejó llevar por la exacerbación de su espíritu patriótico». La oratoria del redactor nos impide decir si hubo pitada previa, algo que sí sucedió el 14 de junio de 1925; ese día, en un partido amistoso del Barça contra el Júpiter, el público abucheó el himno español, lo que provocó que el club fuera suspendido durante seis meses de toda actividad.

Diez años más tarde aconteció el segundo enfrentamiento futbolístico entre la senyera y la rojigualda. Fue el 14 de febrero de 1934, cuando las derechas, lideradas en el Parlamento por la CEDA, ocupaban el gobierno de la II República. Cataluña tenía Estatuto de Autonomía y Generalitat desde 1932, pero los diversos conflictos con el gobierno radical-cedista provocaron que Lluís Companys proclamara el Estado Catalán dentro de la República Federal Española el 6 de octubre de 1934.

Meses antes de ese acto en la Plaza de Sant Jaume se jugó un partido de fútbol en el que nada se vislumbraba del devenir político posterior. Era un partido previo a los clasificatorios para el Mundial de Italia, cuyos beneficios fueron para el Unión Club de Irún. Dejando de lado el objetivo altruista, el deportivo era otro: ver el rendimiento de la preselección española para la cita mundialista y pescar jugadores en Cataluña para que viajaran a Italia. Además, en la previa del partido la polémica no fue política, sino (sorprendentemente para nuestros ojos) futbolística. El encuentro se celebró simultáneamente a una jornada de Liga y los clubes cedieron con muchas reticencias a sus jugadores. Convenientemente hubo una plaga de lesiones entre los citados. Los más perspicaces empezaron a dudar y a tanto llegaron las dudas que “la epidemia de lesiones hubo de ser constatada la tarde anterior al partido por la Mutual Deportiva de Cataluña», tal y como informó El Mundo Deportivo.

Ventolrá y Bosch, junto a los facultativos que acaban de reconocerlos.

Aparte de la polémica médica previa, el partido no tuvo mucha más historia. Los cronistas lo relatan como un «partido anodino» aunque «el goal del honor y hasta el empate habrían sido un premio merecido al entusismo que pusieron los jugadores de Cataluña en su cometido». Y hubo un protagonista principal para El Mundo Deportivo, el madridista Ricardo Zamora: «Magnífica actuación, verdadero regalo para los aficionados que tuvieron ocasión de ver en aquellas paradas de última hora la estampa viva del más grande de los guardametas que ha tenido España y acaso el mundo; fue la demostración clara y patente de que aún hay Ricardo por mucho tiempo o, por lo menos, de que aún el guardameta del Madrid es, hoy por hoy, y de lejos, el más completo keeper del fútbol español». El partido, por cierto, acabó 0-2.

El tercer y último duelo entre España y Cataluña, de momento, fue en 1947, en un país gris, que pasaba hambre y en el que el fútbol debía construir de nuevo sus cimientos. Por ese motivo se organizó un encuentro que debía servir de rodaje para una Selección que entonces no era La Roja. El partido se celebró el 19 de octubre en Barcelona (los tres se han disputado allí) y se trata de la única victoria de los catalanes (3-1). La censura y el férreo control social de esos años nos impiden adivinar a través de las crónicas deportivas el ambiente del público antes y después del partido. Aunque el cronista de El Mundo Deportivo encontró la rendija para dejar su impronta: «¿Han resucitado los choques interregionales o es gracias a nuestra Selección Regional? Nosotros creemos que sí».

Desde entonces fundido a negro. ¿Sería posible ahora mismo un Catalunya-España? Desgraciadamente, no. ¿Tenemos la fórmula para regresar a esa naturalidad? Tampoco.  Cierto es que las circunstancias de la época obligaban a tirar de lo que había más a mano en estos partidos amistosos. Pero también quizá necesitemos a más jugadores como Piqué, que ha jugado con las dos camisetas sin convertirse en Two-Face y que ayer abroncó a la parte del público de Montilivi que gritó «Puta España». Quizá todo sea así de fácil. ¿Y si se organiza un Catalunya-España y lo comprobamos?

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