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Real Madrid

Ceballos salva a Solari

El gol del exbético rescató al entrenador, que volvió a despreciar a Isco en el intento desesperado de ganar el partido.

Solari era un fiambre, permitan la metáfora. Hasta los más fieles empleados son sacrificados cuando los hechos se ponen en su contra y un empate contra el Betis era una mancha difícil de limpiar, tal y como se hubiera producido. Y no estoy evaluando el juego de cada equipo, sino el cambio del minuto 80, cuando el entrenador del Real Madrid dio entrada a Brahim, ni a Isco ni a Marcelo, sino al chico que acaba de llegar y que todavía no sabe dónde están los cuartos de baño. Ignoro si Solari previó los riesgos de su decisión. En el momento de la sustitución pensé que no los había calculado en absoluto. De no ganar —imaginen en caso de derrota—, el reproche le habría aplastado. Ahora pienso que quizá, quién sabe, lo tenía todo medido. Supongamos que hubiera sido Isco quien marcara el gol de Ceballos. ¿Qué hubiera sido más doloroso para el entrenador? ¿Perder la cabeza o perder la razón? Es muy español preferir un espadazo en el vientre que envainar la espada propia. Y Solari lleva mucho tiempo en España.

Que el autor del gol de la victoria fuera Ceballos no es tan extraño. Los dioses del fútbol, divinidades crueles, adoran estas historias en las que el héroe debe pedir perdón a la que fue su grada. También es muy español eso de matar pidiendo disculpas. Y lo de quitarse de la barrera. Y lo de abandonar el palo propio.

Se entiende tan bien la alegría del Madrid como el alivio de Solari, y se comprende igual el desconsuelo del Betis, que hizo méritos para empatar después de una primera parte penosa. Y digo penosa porque todas las virtudes del equipo tienen tendencia a la melancolía en cuanto se traspasa la fina línea entre el fútbol combinativo y el juego inane, entre el arte y el pacifismo.

En esa primera mitad, el Real Madrid se encontró con el rival de sus sueños. Un equipo empeñado en jugar desde atrás, con lentas transiciones ofensivas y sin mordiente en ataque. Es verdad que la primera vez que el Betis salió jugando desde su área le dedicamos un suspiro elogioso. Qué forma de asumir riesgos, qué fidelidad al espíritu de su entrenador. Al rato comprobamos que el juego del Betis puede caer con facilidad en lo hermosamente insustancial. En cuanto se traspasa la fina línea. Entonces, el equipo parece más preocupado en morir bonito que en vivir despeinado. En esas condiciones, el Betis recuerda a los guerreros que se encontró Hernán Cortés en México. El objetivo de los indígenas no era matar conquistadores, sino atraparlos; eso sí, para extraer luego su corazón con una piedra de sílex. De tal manera que mientras unos jugaban al rescate, los otros solventaban cualquier encuentro a arcabuzazos.

El Real Madrid tenía bien estudiado a este Betis pacifista. Sabía que si adelantaba la presión provocaría errores mortales o casi, porque los verdiblancos no tienen el talento suficiente (¿quién lo tiene?) para escapar de una trampa bien tendida.

Cuando marcó Modric (12’), el partido todavía estaba por definirse. Con el gol se definió al instante. El Betis discurseaba sin decir nada y el Madrid se agazapaba a la espera de un contragolpe. Disfrutó de media docena, favorecido por el enemigo y por el sistema. Solari alineó a tres defensas centrales (Varane, Nacho, Ramos) y dejó que Carvajal y Reguilón subieran sin obligaciones defensivas. Por delante, Vinicius y Benzema corrieron a sus anchas. En una de esas contras, Fede Valverde encaró al portero bético y no tuvo mejor ocurrencia que practicar el taconazo de Guti, esta vez con fatales resultados; se la llevó un defensa silbando. No solo Solari debió resoplar cuando marcó Ceballos.

En la segunda parte cambió por completo el panorama. El Betis dejó los cuchillos de postre en el vestuario y agarró los puñales. El equipo encontró caminos por banda y el Madrid reculó por falta de aire o confianza, nunca queda demasiado claro. Por cierto, Cristo había reemplazado a Benzema, lesionado en una mano (perdónale, Camacho), y la delantera del equipo era la del Castilla.

Canales marcó dos veces: cuando metió el balón en la portería y cuando el VAR dio su veredicto. El Betis tuvo a su merced al Madrid, pero pecó de fantasioso. Fue en ese momento cuando Solari decidió que Brahim debía ser el salvador. Un apunte al respecto. Los entrenadores, como cualquier alto ejecutivo, debería tener como misión resolver problemas, no generarlos. Y Solari ha encontrado un problema que no sabíamos que existiera y de momento no ha dado con ninguna solución. Extirpado el tumor, suponiendo que Isco lo fuera, no ha mejorado el rendimiento del equipo, lo que demuestra que la malignidad del tumor es relativa. Si el sacrificio de Isco hubiera tenido un efecto evidente en los resultados podríamos aceptar la condena. Lo único evidente, sin embargo, es que el entrenador ha depreciado uno de los principales valores de la plantilla. La rumorología apunta a un grave pecado de indisciplina, quizá de falta de respeto al entrenador. Si todos los jugadores que han pasado por el Real Madrid en los últimos 20 años hubieran sido juzgados con tanta severidad, el galacticidio habría sido sonado.

Vuelvo a Ceballos. Tiró la falta con la inmensa fuerza del convencimiento propio y del miedo ajeno. Creo firmemente en la energía de 50.000 personas que mascullan al mismo tiempo: “A que nos lo marca Ceballos, a que nos lo marca el niño…”. Creo que eso llega al jugador que dispara y los disparados. Creo que el gol entró por ese ángulo. Creo que las invocaciones mueven más fácilmente los balones que los vasos.

 

 

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

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