¡Síguenos!

Rayo

Aspas fastidia al Rayo su último trago

El de Moaña anota dos goles en los diez minutos finales para quitarles a los madrileños los tres puntos (2-2). La victoria del Huesca provoca que los de Jémez terminen la Liga colistas.

Hay chupitos y copas, cuando el sol asoma por la mañana, que sobran. Con el Rayo descendido y el Celta virtualmente salvado –por si acaso el Girona, noqueado, no abrió la puerta ni un centímetro a la ansiedad-, el partido casi sobraba. Para todos menos para uno. Don Iago Aspas, príncipe de las Bateas, Mago de Moaña y Apóstol Santiago, comenzó el partido encarándose con fiereza contra la defensa de La Franja y acabó ajusticiándola para impedir que los vallecanos acabasen este campeonato doméstico con una alegría en el casillero. Para el corazón, a juzgar simplemente por la celebración de los goles de Embarba y Medrán, tiene pinta de que no hubiese servido.

Arrancaron los gallegos bien, triangulando del centro hacia las bandas con Aspas de pivote flotante y Brais y Mallo como cuchillos. La sensación de peligro no se concretaba, sin embargo, con lanzamiento a puerta alguno, por lo que ningún “uy” se escuchó en boca de los aficionados locales. Probablemente en el 27’ muchos movieron la cabeza en señal de reprobación. Y es que Boudebouz, que esta misma semana fue multado por circular con una minimoto más rápido de lo debido, le prestó el vehículo de dos ruedas a Advíncula. El peruano aprovechó para llegar antes a un balón suelto en el área ¿Consecuencia? El argelino golpea al veloz lateral del Rayo. Embarba, capitán en el naufragio, marca con solemnidad el penalti y se vuelve a campo propio sin motivos para la fiesta.

La primera parte concluyó con dos acciones en las que detenerse. La primera fue una posible doble pena máxima en contra de los visitantes, por mano a remate de Aspas y derribo sobre Maxi. Mateu se fue a revisar ambas situaciones a la pantalla –más la segunda- y dijo que nanai. Después Lobotka, el mejor celtiña obviando al maravilloso Aspas, aprovechó la falta de entendimiento y posteriormente empanada de Medrán y Uche, que dudaron y se quedaron parados después de manera simultánea. Dimitrievski, en el mano a mano con el eslovaco, protagonizó entonces la única intervención antes del descanso. En un partido trabado, paradójicamente para los guardametas el encuentro fue de bastante guante blanco.


Fueron felices…hasta que llegó Iago Aspas


Con un Celta de nuevo más protagonista, las llegadas se seguían produciendo con ritmo de riego por goteo pero al menos generaron algo más de nerviosismo. Medrán, Boudebouz, Okai tiraron los fuegos de artificio hasta la inesperada llegada del 0-2. En una jugada aislada, la pelota le llegó a Medrán en la frontal del área. Flotado por la defensa del Celta y con distancia de seguridad sobre los que le rodeaban suficiente para pensar, el centrocampista cordobés decidió que estando allí por qué no probar. El disparo, seco y al primer palo, le salió ajustado. Rubén no llegó y el Rayo, parecía, dejaba la victoria muy encarrilada.

Cabreada la afición viguesa con su equipo –y con Mateu-, sus jugadores se enrabietaron y metieron una marcha más. El colegiado valenciano, que será 4º árbitro en la final de Champions, visitó de nuevo en el 81’ la pantalla para ratificarse sobre un penalti que había pitado por manos de Catena a remate de Lobotka. En el enconado debate filosófico sobre las manos, voluntades, posiciones naturales y ocupación de espacios en el aire, ésta entraba en el terreno del relativismo. Aspas olvidó las hipótesis y la mandó a guardar a la misma esquina que Embarba había elegido en la primera parte. Quedaba tiempo.

Y vaya que sí quedaba, porque el añadido se alargó hasta los ocho minutos. No fue necesario, no obstante, recurrir a la más grande de las épicas. En el 91’ Aspas cazó un centro de Olaza desde la izquierda para poner el 2-2. El remate sutil, entre la espuela y el exterior, fue una caricia firme que mandó la pelota con fuerza hasta el segundo palo lejos del alcance de Dimitrievski, que no pudo ni tirarse. En tiempos de Griezmann, Hazard y Pogba, qué señor jugador es el 10 del Celta, quien parece seguirá profesando amor a la tierriña a pesar de posibles cantos de sirena. En su caso, los besos en el escudo parecen de lo más sincero.

En el minuto 99’ cerraron una campaña para enterrar Celta y Rayo, cuyo destino en algunos momentos no se dibujaba tan diferente. Solo un señor llamado Iago y apellidado Aspas se empeñó en cambiar la historia. Este sábado firmó su último capítulo. Bebamos para olvidar, por malo que también sepa este último trago.

En la selva del periodismo, A La Contra me es un gran ecosistema donde habitar. No entiendo la vida sin deporte, así como tampoco sin historias. En este espacio intentaré contar las que piense pueden resultar interesantes, y hacerlo con estilo propio. Como Hornby, me enamoré del fútbol "tal como más adelante me iba a enamorar de las mujeres: de repente, sin explicación, sin hacer ejercicio de mis facultades críticas, sin ponerme a pensar en el dolor y en los sobresaltos que la experiencia trae consigo”

Comenta

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Anuncio
Anuncio

Más en Rayo

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies