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Cristiano Ronaldo
Cristiano Ronaldo ante el Chievo I CORDON PRESS

Fútbol

Chievo, el barrio humilde que recibió a Cristiano

Un barrio pequeño, humilde, pero con una pasión, su equipo de fútbol. El club cuenta con muchos más abonados y asistentes al estadio que personas viviendo en la localidad.

Cristiano debutó en el Calcio frente al Chievo Verona. Dos estilos de vida diferentes, dos maneras de entender este deporte. Chievo es un barrio italiano perteneciente a Verona ubicado en el noroeste italiano. Cuenta con un total de 2.500 habitantes, un barrio pequeño, humilde, pero con una pasión: su equipo de fútbol.

El club nació en 1929 como un agrupación de aficionados que durante toda su historia no ha parado de vivir altibajos. Sus problemas económicos le obligaron a cambiar el color de sus equipaciones. El blanco celeste se tuvo que sustituir por el azul y amarillo porque en 1948 esas camisetas les salían gratis. En los años 50, el club vivió uno de sus mejores momentos a nivel económico con la construcción de su primer estadio. El sacerdote del pueblo, Silvio Venturi, prestó al club los fondos de la iglesia para poder construir el campo. Pero la alegría no le duró mucho al pequeño equipo de Verona, ya que el rio Adige se desbordó y destruyó el campo. Los vecinos pusieron todo de su parte para volver a ver al Chievo competir y el club, una vez más, salió a flote.

Un pueblo pequeño, un equipo familiar que vio hoy pasearse por su terreno de juego a un jugador que costó 120 millones de euros. Solo el portugués vale tres veces más que toda la plantilla del Chievo. Una ciudad italiana que tiene en su sangre el trabajo y el esfuerzo, arrancaba su andadura en la Serie A contra el actual campeón y contra el reflejo que provocaban todos los focos centrados en el portugués. Cristiano Ronaldo tampoco renuncia al trabajo y aunque lleve una vida muy diferente a la que se puede respirar en cada rincón de la ciudad donde hoy debutó, asumió un papel protagonista comandando el ataque de la Juve.

Se le vio feliz, no protagonizo ningún gesto feo de los que de vez en cuando nos deja en el campo. Animó a sus compañeros, les aplaudía, les animaba a ir para adelante. Vimos a un Cristiano en su faceta de capitán, como si llevase toda la vida jugando en la Juve. Cuando peor se pusieron las cosas con la remontada del Chievo, el portugués fue el que se puso el mono de trabajo para conseguir ayudar a todo el equipo. Se movió por todo el campo, buscó el gol y generó ocasiones para sus compañeros.

Debut algo amargo, seguramente, ya que intentó de todas las maneras buscar un tanto redentor que no llegó. Todos conocemos como es Cristiano cuando no marca, pero esto acaba de empezar y ese debe ser su consuelo. La victoria in extremis, al menos, compensará su pequeño disgusto personal.

Describe su cabeza como el garaje de Homer Simpson: siempre desorganizado. Le promete a diario a una Marge imaginaria llamada conciencia que luego más tarde lo organizará, pero nunca lo hace. Un sillón, su cerveza Düff, el mando a distancia y el televisor con retransmisiones deportivas son sus acompañantes en el día a día. En A La Contra encontró el lugar donde puede contar esas hazañas del deporte que tanto le gusta ver.

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