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Ciclismo

Llega abril, no me busquen en los bares

La Paris Roubaix, el Tour de Flandes, Lieja-Bastoña-Liega o la Itzulia son ejemplos de por qué los amantes del ciclismo vivimos esperando el mes de abril

Ya sé lo que me dirán la mayoría: que el Giro es en mayo, el Tour en julio y la Vuelta en septiembre. Y tienen razón. La mayoría de aficionados a este deporte se empiezan a interesar por él con la primavera avanzada para llegar en forma al mes de julio, momento de enchufar el ventilador, preparar un granizado y disfrutar viendo a los ciclistas en los Alpes o Pirineos. Pedro Delgado nos cuenta sus batallas, las piscinas están llenas a rebosar, los turistas inundan Benidorm y en los campings de media España se cuelga el ‘no hay billetes’.

Pero antes de todo eso, los que amamos al ciclismo sobre todas las cosas, tenemos el mes de abril, que es como un parque de bolas y toboganes para un niño hiperactivo en edad de crecimiento. Es un oasis en el desierto y representa la esencia más pura de este deporte. Abril es el mes de las clásicas de primavera, de los adoquines, los muros, las colinas, esas carreteras estrechas que parecen no ir a ningún sitio que no sea el infierno. Abril es el barro, la leyenda, la épica. Es el norte de Europa desnudándose ante el mundo, mostrando sus regiones más inhóspitas, esas en las que las bicicletas no son solo para el verano.


Flandes y Roubaix, la épica y la leyenda


Flandes, este miércoles, será un primer aperitivo. De buen gusto, eso sí, como el cóctel en las bodas y con Alejandro Valverde erguido con su pajarita y paseando el maillot arco iris. El domingo llegará De Ronde Van Vlaanderen (el Tour de Flandes de toda la vida) con su Viejo Kwaremont y esa capilla que reconoce cualquier buen aficionado al ciclismo. Ahí han escrito parte de su leyenda Tom Boonen, Fabian Cancellara o Peter Sagan. Youtuben un rato si tienen tiempo y disfruten de ese revisionado. Probablemente tienen la suerte de no conocer los detalles de algunas de esas historias.

El domingo 14 de abril, con la Vuelta al País Vasco por el medio, tendrá lugar el conocido como Infierno del Norte, la carrera que lleva a los corredores desde París hasta el velódromo de Roubaix en busca de ese trofeo en forma de adoquín que representa un doctorado en el ciclismo. Seguramente sea la carrera de un día más bonita y prestigiosa del calendario. Es la final de la Liga de Campeones, el séptimo partido de The Finals, la final olímpica de los 100 metros o la SuperBowl. Todas en una. Eso es levantar los brazos en el velódromo con más significado del ciclismo mundial tras haber superado el Bosque de Arenberg, el Carrefour de l’Arbre o Mons-en-Pévèle. “Este domingo que sufran otros” dijo un día Mario Cipollini preguntado por si pensaba salir en París.


Las Árdenas, territorio Valverde


Pondrán el colofón al mes el tridente ardenero, antaño carreras formidables que han perdido su esencia con el paso de los años, la mejoría tecnológica, el miedo al fracaso y el poderío de los equipos. Sin embargo, es ahí donde más crece la figura de un Alejandro Valverde a quien hay que disfrutar cada día, pues sus 39 primaveras ya son irreversibles. Este año, en esa semana mágica, buscará su quinta Lieja Bastoña Lieja, su sexta Flecha Valona e inscribir por primera vez su nombre en la Amstel Gold Race, la carrera que ha puesto el Cauberg en el mapa.

Cojan fuerzas, pedaleen más fuerte que nunca en este camino y ya saben: si quieren contactar conmigo este mes no me busquen en los bares.

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