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River Boca Libertadores
El 'Superclásico', en la final de la Copa Libertadores. Foto: @Conmebol.com

Fútbol

Cinco libertadores para el viejo continente

River venció a Gremio y Boca a Palmeiras; ahora, los dos clásicos del fútbol argentino se enfrentarán por la Libertadores. Destacan varios futbolistas.

Si existen las ojeras felices, son las que se inflaman cuando la Copa Libertadores entra en ebullición. Su latido traspasa océanos y obliga a vivir en dos realidades horarias de indisimulable esfuerzo: cuesta estar despierto cuando hay que estarlo y resulta imposible dormir cuando se sabe que todo está ocurriendo. River Plate y Boca Juniors van a enfrentarse durante este mes de noviembre en una inédita e histórica final a doble vuelta, que nunca antes los había confrontado porque el reglamento previo de la competición obligaba a enfrentar en semifinales a equipos del mismo país, y que ya paraliza a una capital argentina muy sensible a este tipo de bellezas.

Quizá se esperaba una final entre los brasileños Gremio y Palmeiras antes de disputarse las semifinales, porque ambos definían el partido de vuelta en casa y porque River y Boca siempre parecen algo lejos de los mejores River y Boca de la historia. De la historia moderna, al menos. ¿Cuáles serían? Diríamos que el River de 1996 y el Boca de 2001. Puede que no estén tan lejos, al menos en su musculatura competitiva, y seguro que han estado a la altura de unos rivales y vecinos cariocas no tan fieros en sus temidos estadios.

River Plate parecía ir con todo perdido tras el 0-1 de la ida en el Monumental y creyó confirmarlo tras alcanzar el descanso de la vuelta con otro gol en contra y ya sin su capitán y emblema Leo Ponzio, lesionado y duda para la vuelta de la final. Se cobró todas las deudas pendientes con el VAR —el año pasado, la aplicación de esta positiva tecnología conllevó su eliminación en semifinales ante Lanús— para marcar dos goles en los minutos finales y completar una remontada para la historia, con notable polémica y, desde lo futbolístico, con notoria justicia. River fue más que Gremio, y sobre todo lo fue en los momentos donde debía serlo. Boca Juniors, por su parte, se aferró a La Bombonera y a dos picotazos de Benedetto para asomar en Sao Paulo con todas las garantías que le negaban los pronósticos antes de la ida. Boca fue Boca desde el inicio y Scolari, técnico de Palmeiras, no dejó de ser Scolari hasta la media hora final, pese a que el temprano gol del rústico Ábila obligaba a un vendaval de cuatro goles para virar la eliminatoria.

Reservamos el análisis de la inminente final para su víspera. Nunca conviene vaciar la cartuchera de golpe. La propuesta de lo que queda de artículo dobla una esquina y apunta a cinco nombres de futbolistas que han competido en estas semifinales y no sólo podrían jugar, sino que destacarían en el fútbol europeo actual. Cinco libertadores para el viejo continente. Uno por línea.


Franco Armani


Franco Armani consigue que el arco de River parezca una portería de hockey patines. Guardameta de figura intimidante, parece agigantarse cuando el peligro arrecia y la instancia que se disputa es más trascendente. Insuperable por arriba y casi imbatible bajo palos; apenas su falta de habilidad en el juego con los pies, carecer de pasaporte comunitario y adentrarse con holgura en la treintena (32) podría negarle algún interés de los más grandes de Europa en los dos próximos mercados de fichajes. El Calcio debería escribirle cartas de amor todas las mañanas.


Gustavo Gómez


Gustavo Gómez parece que continuará siendo el cacique de la defensa del Palmeiras. Cedido por el Milán por 1,5 millones este verano pasado, con opción de compra obligatoria por 4,5 en junio si disputa un número de partidos que alcanzará sin apuro, le sobra nivel y tiempo (25 años) para asomar de nuevo en cualquiera de las principales ligas europeas. Paraguayo como única nacionalidad, es un central de genética guaraní muy reconocible: de físico rotundo y carácter territorial, se multiplica en estructuras defensivas ordenadas y prudentes, sin mostrar síntomas de sufrimiento cuando su equipo se aventura y queda expuesto a grandes superficies a su alrededor. Atlético, Valencia y Sevilla asomarían en España como sus destinos más naturales si mantienen a sus actuales entrenadores.


Wilmar Barrios


Wilmar Barrios fue la mejor brújula de Colombia en el Mundial de Rusia y ya es el patrón exclusivo del centro del campo de Boca Juniors. Heredero del Chicho Serna, le añade mucho más perfume a su oficio de corte y confección. No cuesta ningún esfuerzo imaginarlo en ninguna de las plantillas europeas más imponentes. Podría ejercer de futuro Busquets en el Barcelona o de próximo Casemiro en el Madrid, para entender el amplío espectro de su arcoíris. 25 años, contrato en Boca hasta junio de 2021 y, también, pasaporte exclusivamente no comunitario. Se especula en las webs especializadas con que su libertad costaría 10 millones de euros. Multipliquen por tres o cuatro esa cifra.


Everton Sousa Soares


Everton Sousa Soares, extremo izquierdo de Gremio, ha sido la mayor irrupción del torneo. Para el recuerdo queda su imparable exhibición en la vuelta de los octavos de final contra Estudiantes de La Plata. Un demonio indescifrable para cualquier marcador, convulsiona las defensas rivales cuando arranca su estampida desde la banda izquierda del ataque. Sigue como máximo anotador de esta Copa, pese a no ser un goleador y pese a no haber podido apenas jugar contra River en todas las semifinales por una lesión muscular. 22 años y sólo brasileño, tiene contrato con su actual club hasta junio de 2022, pero los principales directores deportivos de Europa ya lo siguen con gafas de sol… No por disimular, sino por el brillo cegador que desprende.


Benedetto


Benedetto es un arma de destrucción masiva que ha vuelto justo a tiempo para darle la vuelta a su año. Herido gravemente por una lesión que lo sacó de la lista de Sampaoli para Rusia, sólo le ha permitido jugar unos minutos en semifinales de la Copa Libertadores. Pero qué minutos… Menos de veinte en la ida para gritar dos goles, uno de ellos GO-LA-ZO, y media hora en la vuelta para escupir un primer disparo con veneno que empató a dos cuando Palmeiras, y toda América Latina, creía en una remontada histórica del conjunto brasileño. El Pipa, ya de 28 años y de pasaporte argentino y mexicano, es un depredador capaz de aparecer en cualquier momento de la jugada y abrillantarla siempre. Es difícil saber si tiene más gol que juego, o viceversa, y sería difícil entender, si conserva la salud de aquí a junio, que el próximo verano no despierte sobresalientes interés a nuestro lado del Atlántico.

Cefalópodo. Activista de imposibles renovables. Dueño, como nadador, de un diploma paralímpico único en Londres 2012. Único... porque no ganó más (50 espalda) y porque nunca nadie ha alcanzado uno igual: con 33 años y sin haber entrenado nunca antes de los treinta. Doctor Honoris Causa en México y conferenciante motivacional sin fronteras en www.delospiesalacabeza.org, regresa a la redacción deportiva tras fatigar teclados en Heraldo de Aragón y en As a principios del siglo

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