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Tres series olvidadas que pueden convertirse en Clásicos

Es difícil decir cuándo algo se convierte en Clásico. En la televisión todo va más deprisa y aquí traigo tres aspirantes a clásicos que el tiempo y las circunstancias condenaron al olvido.

Cuándo se convierte algo en Clásico? Da la sensación de que en cuanto algo tiene éxito se convierte inmediatamente en clásico. La cifra de años no está clara. Lo que sí está claro es que en la televisión todo va más deprisa y por eso os traigo tres aspirantes a clásicos que el tiempo y las circunstancias condenaron al olvido. Todas disponibles en HBO España.

 


ROMA (2005 – 2007)


El cine de romanos es un género en sí mismo, aún muy asociado a la visión épica y gloriosa del Hollywood arcaico, pero Roma hace que todo lo que nos cuenta nos resulte extrañamente cercano, rompiendo el imaginario popular que se tiene sobre esa gente de vivió hace dos milenios.

Plantéate ésta pregunta: ¿desde cuándo crees que las cosas que te rodean son como son? Bruno Heller se armó de una cohorte de antropólogos e historiadores para responder esta pregunta, y la respuesta es que pocas cosas han cambiado realmente desde que en el Tíber se fraguaron los cimientos de toda la sociedad occidental (con permiso de los griegos). En la política seguimos el trepidante ascenso de César que en un evidente declive del sistema trata de imponerse frente a los nostálgicos de la moribunda república. Por el camino vemos la manipulación de la información a través del pregonero (el telediario de entonces), sobornos a los políticos y a la iglesia disfrazados de regalos, asesinatos de opositores a través de los collegium (los gremios de entonces) que eran más parecidos a las mafias que otra cosa… Nada nuevo bajo el sol. De forma muy inteligente, nos hace un recorrido por sus costumbres, su vida, su religión mientras plantea el dilema de si es mejor ser gobernado por incompetentes o por un tirano eficaz.

Los rostros de esta historia, de sobra conocidos, son encarnados por actores de un nivel superior. Kevin McKidd interpreta a Lucio Voreno, un estoico soldado de la legión con esposa e hijas que no ve con buenos ojos la rebelión de César a la que al mismo tiempo sirve. Ante todo, él representa el concepto (ya extinto) de honra, de cómo existió un código inquebrantable para algunas personas como estilo de vida que el estado del bienestar (quizás también extinto) barrió en todos nosotros. Siempre acompañado de su bruto y vividor amigo Tito Pullo, encarnado por Ray Stevenson, juntos forman una entrañable pareja llena de aventuras. James Purefoy nos da un Marco Antonio salvaje y cínico que te conmueve con cada cosa que hace. Ciarán Hinds hace lo propio con César. Todos y cada uno, desde los esclavos hasta los patricios, hacen un excelente trabajo.

Si no eres de los que les gusta la historia, su compleja trama de héroes, batallas, romances y traiciones te hará recordar mucho a una tal Juego de Tronos. No es casualidad, la mitad del equipo es el mismo. Roma fue pionera en ser una superproducción que experimentara con el sexo y la violencia de forma tan libre y haciendo una recreación casi perfecta de la civilización romana, pero eso conllevó unos sobrecostes que no pudieron sostener, sobretodo porque su gallina de los huevos de oro le esperaba a la vuelta de la esquina. Esto provocó su prematura cancelación, cerrando precipitadamente sus tramas y aun así, guardándose un pequeño hueco en la historia.

 


GENERATION KILL (2008)


La humanidad es capaz de hacer verdaderas atrocidades, pero también de crear la mayor belleza de este mundo. Estados Unidos es esta idea echa país. Lleno de contradicciones, de luces y oscuridades, que nadie sabe criticar mejor que los propios estadounidenses.

David Simon, periodista y escritor, hace una demoledora crítica a la Guerra de Iraq con su habitual sobriedad. Cinco años después del conflicto se estrenó esta joya bélica que es una auténtica somanta de palos al ejército, sin excluir a aquellos que tuvieron un mínimo de cabeza y de escrúpulos para darse cuenta de que aquello era una mentira.

“La primera potencia”, “el mejor ejército del mundo”, todas estas cosas se te vendrán abajo cuando sigas la historia real de cómo un periodista de la Rolling Stone acompañó a un escuadrón de marines y no dio crédito. No sólo por la actitud de algunos soldados manipulados por la ignorancia y la xenofobia, sino por la monumental chapuza que es todo. Las guerras son caras y difíciles, pero uno jamás podría imaginar que el mayor problema de los marines es que no tuvieran pilas para sus gafas de visión nocturna o casi cualquier otra clase de suministro para mantenerse. Cosas de Mortadelo y Filemón que increíblemente suceden, a la sombra de Cheney y su lucrativo negocio.

Sin edulcorantes y tremendamente realista, Generation Kill pone en tela de juicio las cadenas de mando y el concepto de soldado, de autómata, de cómo obedecer órdenes sin rechistar aunque te rodee el más cruel de los absurdos.

 


IN TREATMENT (2008 – 2010)


El psicoanálisis ha traído muchos quebraderos de cabeza en la ficción y en la realidad. A menudo se manifiesta entre los personajes para justificar las cosas más locas que a un guionista se le puedan ocurrir, pero en In Treatment está al servicio de algo distinto, algo que responde a unas normas impensables para cualquier producción de Hollywood.

La fuerza de la simpleza bien empleada es invencible. Dos tipos, dos sillones, hablando. Sin más. Esto que aparentemente puede parecer aburrido, escuchar las conversaciones de un terapeuta y su paciente te hace viajar más que nada en el mundo. Es de estas series en las que al escuchar esos elaborados parlamentos dichos por actores tan fabulosos, uno no puede evitar querer tener algún tipo de contacto con ellos. El espectador está tranquilo, porque sabe que la historia no se va a fijar en él, pero qué bonito sería que de pronto lo llamaran de la escena y los focos quemaran su pálido rostro de emboscado.

Esta conexión entre personajes y espectador se produce en parte por el tipo de pacientes que aparecen. Un matrimonio roto por los celos y el paso del tiempo, una adolescente con problemas familiares, un soldado con remordimientos y hasta una mujer que se enamora del propio terapeuta. Todos de alguna manera recogen algo de ti que proviene de muy adentro, porque aunque tú no seas el paciente, la figura del terapeuta interpretada magníficamente por Gabriel Byrne transmite una calma y una profesionalidad que contrasta con los apremiantes problemas de sus pacientes. Como espectador, te ofrecen las dos visiones, ejercitando hábilmente tu empatía y dándote una perspectiva muy amplia del comportamiento humano.

Un desastre curioso que trata de expresar lo que el arte le hace a su cabeza, a veces sobre los escenarios, a veces sobre el papel.

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