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Clear eyes, full hearts, can’t lose

Nuestras dos quarterbacks se baten en duelo por elegir los puntos fuertes de una de las mejores series sobre fútbol americano que se han creado jamás: Friday Night Lights.

Volvemos a Dillon, un pequeño pueblo de Texas el que sus habitantes viven por y para su equipo de fútbol americano, los Panthers, que juegan sus partidos los viernes por la noche, momento en el que la localidad pone en marcha una maquinaria que acompañará a los jugadores hasta la muerte. La serie es una crónica de la vida del pueblo, del equipo, de los jugadores, de su entrenador y de, en general, toda la comunidad que gira en torno a los Panthers. Preparen sus mejores galas, porque tenemos duelo en el campo principal. Las luces ya parpadean y el balón está preparado para volar. Usaremos una frase del entrenador Taylor para caldear el ambiente: «Todo hombre en algún momento de su vida va a perder una batalla. Va a pelear, y va a perder. Pero lo que lo hace un hombre es, que en medio de esa batalla, no se pierda a sí mismo. Este juego no ha terminado, esta batalla no ha acabado».


Mejor personaje


Sandra – Tim Riggins. ¡Ay, el 33! No se crean que es su hercúleo torax, su melena o su sonrisa de medio lado lo que me hace elegirle. No. Yo soy una asceta muy por encima de sus perfecciones mundanas (más o menos). Es el mejor personaje de FNL porque tras esa fachada de tipo duro y los litros de cerveza ingeridos se esconde un simple chaval de pueblo, enamorado de la novia de su mejor amigo y con una inestabilidad familiar que le hace dar tumbos por medio Dillon. Representa el estereotipo de White Trash, pero si rascas un poco sólo es un jugador de fútbol de instituto que intenta sobrevivir día a día con las cartas que le ha dado la vida. Y al final lo logra. Texas para siempre, Tim.

Irene – Coach Taylor. Entiendo que es apetecible caer en los brazos de Riggins, de hecho, una servidora se ha dejado llevar muchas veces por esa melena sucia y esa media sonrisa de chico malo, aunque al final, no lo sea tanto. El arquetipo del rebelde sin causa, menuda sorpresa. Dejando a un lado los encantos de Tim, me inclino indudablemente hacia nuestro entrenador, Eric Taylor, un tipo real. En todos los cambios que sufren los personajes que comparten su camino, el entrenador de los Panthers tiene un papel fundamental. Es un apoyo, un látigo, un guía espiritual para una banda de adolescentes que encuentran en el fútbol y en él, una razón para levantar las persianas de su polvorienta caravana. Taylor nos cae bien, es un antihéroe de los pies a la cabeza, pero a la vez, se aleja mucho del estereotipo de los último años que nos han presentado series como House o Dexter. Me identifico con su integridad, con su mujer, pero también, con la idea que tiene de lo que debe ser un equipo, tanto dentro como fuera del campo. Pidan un coach Taylor por Navidad y abrácense a él, me lo agradecerán tarde o temprano. Y si no, siempre les quedará Tim Riggins para retozar un rato.


Personaje más odioso


Sandra – Jason Street. Sé que está feo decir que el personaje que más odias de una serie es justo el que va en silla de ruedas. Políticamente incorrecto si añadimos que se queda paralítico tras un desgraciado accidente durante un partido, en el inicio de la temporada en la que está destinado a ganar el Estatal e irse al curso siguiente a triunfar al football universitario. Y sí. Es una faena desgarradora lo que le pasa al pobre Street. Pero su infortunio no me ciega para verle como a un personaje insoportable. Claro ejemplo del quiero todo lo que veo (hoy constructor, agente al día siguiente) y del naufragio en tramas insignificantes una vez que supera la fase de rehabilitación. FNL sería una serie diferente sin la lesión de Street, pero ahí se acabaron tus aportaciones, amigo.

Irene – Lyla. Os quiero presentar a la cheerleader de turno, a la novia de la estrella del equipo que, por casualidades del destino u obligación con el topicazo, acaba compartiendo lecho con el rebelde sin causa, esto es, con el mejor amigo de su novio. Sí, el que va en silla de ruedas. La muchacha, además de demostrar una fuerza de voluntad nula, no se aclara nunca. Es aburrida, sosa, vamos, un despliegue de virtudes. Eso sí, tiene una cara bonita, lo suficiente para que, en un futuro, la veamos protagonizar algún capítulo de The Real Housewives of Beverly Hills. Lyla, keep trying.


Mejor capítulo


Sandra – Always. Es el último capítulo de la serie y hay pocas series que cierren tan bien. En capítulos anteriores se van despidiendo personajes de las primeras temporadas y en Always lo hacen los contemporáneos. Ese fundido a negro con el pase final de Vince, cómo relatar la victoria o la derrota sin contarla, cómo la vida empieza después de ellas, la puesta de sol y el sueño cumplido de Riggins… Todo en unos minutos finales, sin apenas diálogos y dejando al espectador que imagine qué pasará con esos personajes que durante cinco temporadas hemos hecho nuestros. Dillon acaba, pero la vida sigue.

Irene – Pilot. El punto de partida. El retrato de la Texas más profunda. La fotografía de una comunidad que palpita el football en cada esquina. El olor a cerveza, costillas y cuero. La banda sonora. La narración. La lesión de Jason en los minutos finales acompañada por un estadio en silencio, un equipo rival arrodillado ante semejante escena y el resto del mundo cruzando los dedos en el aire pidiendo un milagro. «Ésta es la peor pesadilla para un entrenador y especialmente para un padre. Toda su familia está en las gradas esta noche; incluso algunos amigos de la familia han viajado desde otros estados para estar aquí esta noche». Guarden silencio y no despeguen los ojos de la pantalla.


Mejor momento


Sandra – El cambio de paradigma del final de la tercera temporada. Durante tres años hemos descubierto la idiosincrasia de Dillon, ese pueblo perdido de Texas en el que todo gira en torno al football. Pero al final de la tercera, y durante las dos siguientes, se destapa la otra cara de Dillon. La cara en la que el deporte sólo sirve si es el medio para salir de las calles, la de las instalaciones ruinosas y las equipaciones que tienen que pagar los entrenadores. FNL nunca fue una serie de deporte, sino una serie que utiliza el deporte para hablar de problemas sociales, raciales y, claro está, de los pequeños-grandes dramas personales de sus personajes. Pero fue en su cambio de paradigma cuando se convirtió en un drama texano completo. Dejamos de ser panteras para convertirnos en leones.

Irene – Los Panthers pierden el campeonato Estatal. Si algo nos deja grabado en la piel FNL es que hasta en los instantes más oscuros, puede verse la luz si miras hacia el lugar correcto. A veces, nuestros esfuerzos no obtienen la recompensa que merecen, pero esta serie nos enseña a disfrutar del camino. Llegamos a empatizar con cada uno de los personajes mucho más en la derrota que en la victoria, y eso le da un gran valor a la construcción del argumento. Como no podía ser de otra manera, el momento dramático culmina con un discurso del entrenador Taylor a sus jugadores delante de sus familiares. Preparen el pañuelo, no digan que no les avisé.

 

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