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Clint Eastwood
Clint Eastwood. DEVIANTART

Cine

Clint Eastwood, un hombre sin limitaciones

Llegará el día en el que lo necesitaremos y no podremos tenerle. De momento, Mula es su última bala.

Ni feo ni malo. Incluso más allá de ser el bueno, Clint Eastwood es, sencillamente, el último. La resistencia, en realidad. Aparte de longevo, a sus 88 años (el 31 de mayo hará 89), es uno de los cineastas más prolíficos de siempre. Su voz en España fue la de Constantino Romero. Por lo menos, hasta su fallecimiento. En Harry el fuerte (1973) dijo: “Un hombre debe conocer sus limitaciones”. No cabe duda de que Clint no las tiene. De momento, no. Su homólogo Manoel de Oliveira las encontró en la muerte. En 2015, a los 106 años. El ganador en Venecia y Cannes y autor de 60 largometrajes, algunos de ellos protagonizados por Catherine Deneuve, John Malkovich o Marcello Mastroniani, dirigió su última película tan solo un año antes de despedirse. Dijo adiós con las botas puestas, literalmente. Parece que ese también será el destino del sanfranciscano, decidido a seguir parando el tiempo.

Una vez superados los hitos de Ingrid Bergman, que dirigió su última película con 85, Éric Rohmer, con 87, o a Lewis Gilbert, Jess Franco, Akira Kurosawa y Sidney Lumet, que lo hicieron con 82, a Eastwood todavía le quedan por batir cifras estratosféricas como la del portugués o Jonas Meckas, fallecido el 23 de enero y cuya última película vio la luz a la edad de 89. En la actualidad, solo Agnès Varda (90 años) y Jean Luc-Godard, seis meses más joven, parecen aguantar su ritmo. Acaba de estrenar Le livre d’image. Por detrás están Roman Polanski (85), Woody Allen (83) o Ridley Scott (81). Más lejos, Martin Scorsese o Michael Haneke (76). En España, con 72, trasciende el nombre de José Luis Cuerda, dieciséis años menor. Una juventud de diferencia, nada menos.

Eastwood no ha hecho una película por año como el fiel amigo Allen, pero podría haber sido. Desde luego, la cuenta sale sumando sus trabajos como director, productor (Malpaso), actor y músico. Sin ir más lejos, todos juntos componen más de cien. Además de vaquero, militar, guardaespaldas, presidiario, camionero, cowboy, espía, sargento, veterano de guerra y hasta fotógrafo o periodista, desde ahora también pasará a la historia del cine como narcotraficante nonagenario por su papel en Mula, su última película. Prácticamente, lo único que le quedaba por interpretar. Clint también sigue modas.

El que pensaba que nunca ganaría un Oscar por no ser judío y por ganar demasiado dinero posee cuatro hombrecillos de color oro y goza de la misma salud que su Sargento de hierro (1986). Su carácter, lo mismo. De hecho, todavía está por descubrir si fue antes la masculinidad o Clint Eastwood, un tipo que siempre da la cara. También en los carteles de sus películas, claro. Antes de asaltar Hollywood, a su reputada fama de gamberro la acompañaron trabajos como el de socorrista, bombero, chico de los recados, caddie en un club de golf o gasolinero. Todo eso antes de ser reclutado por el ejército para la Guerra de Corea. Allí cambió su vida. No como hubiera imaginado, desde luego.

Un compañero de cuartelillo le presentó al director de fotografía Irving Glassberg y al productor Arthur Lubin. El resto de la historia es conocida. Más adelante llegaron las colaboraciones con Sergio Leone o Don Siegel, en ocasiones, en forma de spaghetti western. Escalofrío en la noche (1971), su primera película como director. Desestimó papeles como Superman o James Bond, aunque no dejó pasar su mítico Harry el sucio (1971), antes rechazado por Paul Newman, Frank Sinatra, John Wayne o Robert Mitchum. Rescató de la basura el libreto que rehusó Francis Ford Coppola: Los crímenes de la puta rajada, que finalmente cambió su título por el de Sin perdón (1992). Y sorprendió con Los puentes de Madison (1995), uno de los dramas románticos por excelencia, con el permiso de clásicos como Casablanca. Jamás pensamos que lo veríamos sufrir y llorar por amor, pero ocurrió. Básicamente, porque con Eastwood todo puede pasar.

Entretanto, ha mostrado su pasión por el country y el jazz (patente en largometrajes como Bird, 1988). Aprovechando la popularidad que le dio Cuero crudo (1959), sacó algún disco, e inolvidables son los créditos finales de Gran Torino (2008) acompasados por su voz. Asimismo, también es conocida su participación en política. Afiliado al partido republicano desde 1952, calificó a los millennial de “generación mariquita”. Mantuvo un debate con un Barack Obama transfigurado y el exgobernador californiano Arnold Schwarzenegger le encomendó varios cargos. Sin embargo, apoya medidas como el control de las armas, el matrimonio gay o el aborto. Por eso, incluso a él le extrañó la elección de Donald Trump como presidente: “¿Qué coño ha pasado?”.

“He pensado en tirar la toalla, pero sé que mi vida es el cine”, dijo en una ocasión quien rompe promesas de jubilación. La última, tras Golpe de efecto (2012). No obstante, llegará el día en el que lo necesitaremos y no podremos tenerle. Ocurrirá más pronto que tarde, pero desconocemos cuál será su última bala. De momento, Mula, su 32º película como director y 72º como actor.

Periodista vigués. No trabaja en el Daily Planet, ha estado en el decano de la prensa nacional y ahora va A la Contra, buscando siempre la mejor opción. Colabora con Radio Marca. Su debilidad no es la kryptonita, sino la Cultura y el Deporte, pero en el buen sentido. No vive en Smallville. Su nombre no es Clark Kent, tampoco es Superman, solo es periodista.

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