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Clásico.
Figo y Puyol disputan un balón durante el Clásico de la Liga 2000-01 en el Camp Nou. CORDON PRESS

Opinión

Los cochinillos volando, los oráculos y Gila

Si algo he aprendido en tantos años de profesión, es que no tengo ni idea de lo que puede pasar en un Clásico y que precisamente por eso me resultan apasionantes.

Antes de Messi y Cristiano ya existía el Clásico, ya había grandes jugadores, tensión y cochinillos volando”, soltó Ernesto Valverde en la rueda de prensa provocando la risa de los presentes. “Pase lo que pase en el Camp Nou espero seguir respirando, no creo que me vaya a morir”, dijo Lopetegui en la suya cargado de un brío que no se le había visto en sus últimas mustias comparecencias y apuntando a la prensa “porque vuestros intereses y los nuestros no son los mismos”.

Es más viejo que el balón que los entrenadores busquen adversarios con los que aglutinar a su grupo. Un “nosotros contra el mundo”. Un “Espartanos, ¡uh, uh, uh!” de la película de tíos mega cachas de Zack Snyder. Aunque a mí, francamente, me recordó más al gran Gila y su: “¿Está el enemigo? Que se ponga”. Porque los periodistas no son los rivales del equipo de Lopetegui por mucho que se empeñe, sino los jugadores del Barcelona. Él mismo con su mecanismo. Y si le sirve, pues estupendo.

El primer Clásico que viví en el Camp Nou fue el segundo de Figo en el Real Madrid. Con un estruendo que hacía daño a los oídos y un ambiente eléctrico, tenso, me giré asombrada y mis colegas de Barcelona, muy tranquilos, repetían: “Pues esto no es nada. Peor fue el año pasado”. El del cochinillo que recordaba Valverde. La última vez que animé a unos amigos culés antes de un Madrid-Barça que no veían claro fue el día antes del 2-6. Aprendí la lección y ahora cada vez que se ponen dramas como medida preventiva me encojo de hombros y les dejo que se rebocen en su sufrimiento hasta que pita el árbitro y rueda la pelota. Porque es en ese momento, a partir de ahí, cuando nada de lo que hemos dicho o dejado de decir los periodistas tiene sentido.

Es nuestro trabajo analizar el momento, el estado de forma, las bajas, las posibles consecuencias y hasta se nos obliga a dar previsiones sobre lo que ocurrirá como si fuéramos oráculos. “Pues mira, no lo sé”, suelo contestar, con lo que corro el riesgo de que un día de estos me dejen de invitar a las tertulias y como autónoma perdía que estoy hecha, a ver cómo pago entonces las facturas. Pero es que si algo he aprendido en tantos años de profesión, es que no tengo ni pajolera idea de lo que puede pasar en un Clásico y que precisamente por eso me resultan apasionantes.

Los compañeros que tienen información sobre Florentino Pérez aseguran que desde la derrota ante el Alavés le busca sustituto a Lopetegui. El técnico, mientras, prefiere —en modo Gila— pensar que son los periodistas los que están deseando que le boten, porque así les va de fábula en su faena, y obviar que el enemigo lo tiene en casa, en el palco concretamente. Escoge la rabieta como estado de ánimo para insuflarse energía y transmitírsela a sus futbolistas. Como gane al Barça no descarto que se presente en la rueda de prensa en el Camp Nou acariciando un gato o que comience haciendo la pedorreta.

El Barça, por su parte, ha elegido el lema “We color football” para el mosaico, un mensaje que pone los pelos de punta, vamos. A estas alturas todavía no lo entiendo por mucho que se esfuercen en explicármelo como si fuera muy rubia y no supiera ni patata de inglés. “Que le damos color al fútbol”, me dicen. Pues bueno, pues vale, pues me deja fría. Es un mensaje sin contenido. El “I am Groot”, de Guardianes de la Galaxia, tiene mucha más miga. Ahí lo dejo como idea para el próximo.

En las horas previas me dedico a disfrutar de esta sensación tan fantástica de saber que no sé nada y que todo es posible. Y es también la principal razón por la que estoy deseando que nos callemos todos y empiece el partido.

Periodista. Feminista. No me toques las palmas que me conozco. Optimista por obligación, sigo pensando que me tocará el Euromillón. 25 años de profesión. Empecé en Marca cubriendo el Madrid con Mendoza y me vine a Barcelona con el Barça de Laporta. He vivido más Copas de Europa que Gento. Y qué bien me lo paso aunque no haya visto nadar a Phelps o correr a Bolt en vivo y en directo. Canto fatal, pero no me rindo. Porque el que canta, su mal espanta.

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