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Bernal

Tour de Francia

Colombia gana su primer Tour de Francia

Sigue siendo ese héroe entrañable y educado que anhela la paz para su país y un título para engrandecer y agradecer a la tierra que le dio todo.

Sin duda, el 27 de julio de 2019 pasará a la historia como un día de gloria nacional. Para entender el significado que tiene ganar el  primer Tour de Francia se ha de partir de una premisa inconmutable: en Colombia los ciclistas son tan héroes nacionales como los soldados inmolados en la cruenta guerra en que se ha enfrascado el país por más de cincuenta años. Representan ese puente de paz que conecta a aquellos territorios olvidados y reprimidos por la violencia con la opulencia urbana, tan americanizada como indiferente con su suerte. Son ellos los que junto con sus ancestros campesinos,  los únicos que le han dado sentido a la enorme riqueza natural de los suelos. Es tal arraigo del ciclismo en el imaginario colectivo que cuando uno de los nuestros desfallece,  es porque hay cinco que se alistan a suceder en la cadena de mando.

Nuestros antepasados se hicieron aficionados al Tour oyéndolo por la radio, imaginándose las hazañas gracias a talentosos locutores que trasmitían con tal profundidad en inmersión en la realidad que,  sin saberlo, desde entonces,  gestaban lo que sería el fenómeno del cine tridimensional. Luego, nuestros abuelos se emocionaron a tope, tantas veces como las interrupciones de publicidad en la televisión lo permitieron. En Colombia el sueño amarillo siempre se vio con el escepticismo festivo al que tanto apeló Borges, para encumbrar el desconcierto necesario para mantenerse vivo en un mundo que muere a diario.

Con Bernal se coronan todos aquellos que en 44 años lo han intentado desde que en 1975, Cochise Rodríguez fuera el primero en correr el Tour de Francia. Así se lo hizo saber Egan al mundo, por la cadena caracol radio: “Me siento orgulloso de ser colombiano. Me siento orgulloso de darle esta alegría a mi país. El triunfo no es mío sino de todos los que históricamente han llegado hasta aquí. Es el triunfo de un país”. No sabemos si Egan Bernal marcará una época en el ciclismo mundial. De lo que sí estamos seguros es que el ciclista colombiano ya no es el aficionado del siglo veinte, pero tampoco es el profesional ególatra y autómata que se asoma en las postrimerías del siglo 21. Su autenticidad y humanidad no se negocia como se negocian los descensos. Sigue siendo ese héroe entrañable y educado que anhela la paz para su país y un título para engrandecer y agradecer a la tierra que le dio todo.

Solo una larga historia de sucesiones de caídas y superaciones personales, entre lágrimas  y alegrías, nos permite afirmar categóricamente que, el verdadero escudo nacional es el ciclismo, así el fútbol nos confunda de cuando en cuando. De modo que, despertar en Colombia levantando el título, justo en el centenario de tan alta competición, que se celebra con una edición que le hace homenaje a la excelencia representada en maillot jaune, es tan difícil de asimilar cuando se ha vivido tanto tiempo con la certeza de que siempre hay un todavía. 

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