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Atletismo

Vivir de otra forma

Historia de @contadordekm que un día salió de esa zona de confort que tenía en su vida. Abandonó un trabajo de calidad para buscar su propio camino: trabajar con emociones. «Sólo sabía lo que no quería hacer con mi vida», explica hoy, que ha logrado lo que buscaba.

Hace poco he vuelto a verle. Y entonces me acordé de la primera vez que le vi hace cinco o seis años, en la presentación de un libro mío. Allí estaba él en primera fila, como me había prometido a través de redes sociales. Después le ofrecí regalarle el libro pero él se negó en rotundo, insistió en que no, en que ese libro quería pagarlo. Después le conocí un poco más y comprobé que era lo que me había parecido: un chaval de una sonrisa eterna y, sobre todo, de un corazón enorme. Él entonces no sabía lo que quería hacer de su vida, pero sí había averiguado lo que no quería hacer con ella. Podía ser el protagonista de una película, pero esto sucedía en la vida real. Acababa de dejar su trabajo en una buena empresa donde era jefe de compras, donde llevaba doce años. Y de ninguna manera se veía otros doce años haciendo lo mismo. A veces, la vida también son decisiones que hay que tomar. A veces vale más una mala decisión que una indecisión. No sé si este fue el caso pero, de cualquier forma, es lo que voy a tratar de explicar ahora, cinco o seis años después de verle aquella primera vez.

Comienzo por presentarle: Ángel Sánchez Díaz. Un nombre fácil de pronunciar y que en Twitter, bajo el pseudónimo @contadordekm, arrastra miles de seguidores a los que él ha contado muchas veces su historia. Hoy soy yo el que se la estoy contando a ustedes. Y, básicamente, les estoy hablando de un tipo que se atrevió a salir de su zona de confort porque, como le pasa a tanta gente en esta sociedad, no le llenaba lo que hacía. No deseaba olvidarse de que solo se vive una vez. Tuvo ese valor de arriesgar sin tener aún nada a cambio. También pudo arriesgar porque su mujer es maestra y eso añadía un plus de estabilidad a esta historia. De ahí que contándola hoy no se aconseje nada a nadie. Solo se recuerda que cada uno tiene sus condiciones. Que quizás no todo el mundo pueda, pero cuando yo conocí a Ángel estaba en paro. Acababa de arrancar con su personaje en Twitter. Apadrinaba un mensaje, correr lento pero seguro, bajo un lema, el tractorismo, según el cual no se trata de mirar el reloj cuando empiezas a correr. Resultó impactante, diferente.

Hoy han pasado cinco años. A veces, él refleja el camino a través de esa caja de cartón encima de la mesa de la que entonces era su oficina. En esa caja Ángel empaquetó sus cosas y despidió una etapa. Lo hizo a cambio de la incertidumbre como torre de control. Hoy, sin embargo, la fotografía de esa caja actúa como un regalo de primera comunión. Por eso él describe con tanta emoción esa caja. Yo, sin embargo, lo hago como la prueba de que en algún momento de la vida se puede romper con todo o de que no puedes pasar la vida discutiendo contigo mismo. Él prefirió romper y hoy, años después, es un tipo que encontró su sitio. Habrá gente a la que le parezca poca cosa pero él es feliz como speaker de todas esas carreras que le llaman para animar a los corredores. Ha montado hasta su propia carrera en su pueblo. Y viaja. Sobre todo viaja por toda España y allá donde le preguntan qué razones le acompañan en el equipaje, contesta: «Solo prometo pasión». Luego, saca el micrófono. Y, si hace falta, se deja la voz en el intento. Y pone las emociones patas arriba para explicar que, entre las cosas menos importantes de la vida, una pancarta de meta puede ser de las más importantes. Es el resultado de nuestro esfuerzo, de algo que nos hace muy felices.

Así que el otro día cuando volví a verle recordé la primera vez que le vi. Entonces Ángel acababa de dejar de trabajar con números, con facturas, con proveedores. A su lado, no sabía uno qué decirle en una sociedad tan práctica como ésta. Pero él quería trabajar algún día con emociones. Acababa de empezar a correr, de empezar a reformar su cuerpo. Quería descubrir el camino, encontrar la tecla como lo hace la gente convencida de la magia de arriesgarlo todo por un sueño. Y él lo hizo. Y hoy su oficina de trabajo está al aire libre. Y el micrófono es su pelota de fútbol. En ocasiones rodeado de auténticos paraísos como en las carreras de montaña. Pero para llegar a ello tuvo que decir un día «yo no quiero seguir así «, y arriesgar. Sobre todo, arriesgar. De otra forma puede ser imposible lograr lo que uno quiere de su vida. Es lo único que hoy he tratado de explicar.

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