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Real Madrid

Estilo Conte: tres centrales, ataques rápidos y mal carácter

Lo primero que cambiará será el dibujo táctico. El Bernabéu deberá acostumbrarse a acumular hombres en la retaguardia, tres centrales y dos carrileros. Por lo que no es extraño que nada más llegar Conte lo primero que pida sea un central.

En tiempos de crisis florecen los estrategas. Ocurre con las económicas, con las sentimentales y también con las deportivas. Se trata de tipos especializados en números, capaces de reconquistar el amor a través de planes concienzudos o de levantar a un equipo desde la pizarra, sin tocar un balón. Antonio Conte es un estratega. Un revisionista del Catenaccio al que ha dotado de cierto vanguardismo para asentarse así en la élite. Con ese carácter italiano de competidor voraz que tanto admirábamos cuando éramos pequeños y un Erasmus en Londres donde no solo aprendió inglés —también mostró sus dos caras—, llegará a Madrid el ex entrenador de la Juventus, de la Selección italiana y del Chelsea. En la capital se preparan ya para una reconversión industrial con la que aseguran que mejorarán los números.

Lo primero que cambiará será el dibujo táctico. El Bernabéu deberá acostumbrarse a acumular hombres en la retaguardia, tres centrales y dos carrileros. Por lo que no es extraño que nada más llegar Conte lo primero que pida sea un central. Con Vallejo lastrado por las lesiones y con Varane tocado, el italiano detectará rápido la escasez de efectivos. Más felices corretearán Marcelo y Carvajal, incluso Lucas Vázquez que puede encontrar en la reubicación una nueva vida. Tapados los huecos en la madriguera, tocará encementar el centro del campo, apostar por el despliegue físico, por los jugadores de mayor disciplina táctica, por el esfuerzo antes que por la estética. Arriba quedarán los dos hombres más liberados del equipo, los creativos, los encargados de marcar las diferencias a base de goles. Apunten, pues el 3-5-2 como el nuevo prefijo de la Casa Blanca.

Los ataques volverán a ser fugaces, como un trueno, en los que la pelota se manosea poco y se corre mucho. Sobre todo al espacio, al contragolpe, en unas salidas aceleradas que recordarán a esas picaduras de cobra que realizaba como nadie el Real Madrid de Mourinho. Ese estilo favorecerá a hombres de zancada larga como Bale o Asensio, incluso a Mariano, acostumbrados a penetrar en el área rival sin preguntar. Cabe preguntarse el papel reservado a otras estrellas blancas; la reconversión afectará especialmente a jugadores como Isco, Benzema o Modric que tienen otro mapa del tesoro en la cabeza. No es descartable, por tanto, que Antonio apueste por un planteamiento más híbrido, una mezcla entre sus ideas y las características de sus jugadores. Al fin y al cabo, llevan tres temporadas jugando a otra cosa.

Entrenar al Real Madrid será la cúspide de su carrera, aunque el italiano haya tenido una experiencia similar en su país. Allí ya entrenó con éxito a la Juventus, en un contexto, eso sí, de dominio absoluto. Tres años acompañado de tres Scudettos consecutivos, en los que no encontró rival. Antonio se marchó de Turín y la Vecchia Signora siguió coleccionando triunfos, incluso subiendo escalones más altos en Europa. La Champions fue siempre su debe, tanto en Italia como en Inglaterra. Si su llegada a Londres tuvo un efecto inmediato en resultados y títulos, si su mensaje caló de inmediato y su equipo se adaptó a la perfección a sus exigencias tácticas, también hay que recordar que el idilio duró un año. Apenas una sola campaña en la que su Chelsea estuvo única y exclusivamente centrado en la competición doméstica. Los blues no salieron ese año de las islas.

El reto será mayúsculo en el Continente, donde el Madrid es y se siente el rey, y le toca defender su trono. Ahí Conte conocerá una exigencia nueva, la etiqueta de favorito en la máxima competición europea. La prueba del algodón definitiva para el técnico italiano. Para cuando llegue la fase del KO en la Champions, Conte deberá haber reconstruido el edificio, recuperado el hambre de sus jugadores, ganado en solidez y conformado una escuadra capaz de hacer olvidar a los que se fueron y también a los que no llegaron. Quizá para la Liga llegue tarde, pero su veta italiana puede ser la mayor esperanza en un torneo de eliminatorias. Hay Copas del Rey que han salvado temporadas.

Influirá también el traje que se ponga Conte. Rebuscando en sus antecedentes uno puede diferenciar dos caras, la del técnico exitoso y la del entrenador huraño. El primero es que el triunfó en Turín o en Londres, el que asegura resultados a corto plazo, el que encuentra atajos hacia la victoria. Más que construir un estilo, Conte busca aliados para su causa: ganar. Poco importa el cómo o el cuándo. Tampoco los peajes que haya que pagar. Algunos de ellos los han sufrido directamente los jugadores o las directivas con las que ha trabajado. Y ahí surge el segundo Conte. En Turín ocurrió con la familia Agnelli a la que dejó plantada tras haber firmado su renovación con la Juventus para acudir a la llamada de la azzurra. Según Conte poco más podía hacer por los bianconeros tras dominar con puño de hierro durante tres años Italia. En Londres fue su discurso y su talante frío y distante el que acabó quemando a los jugadores. Los mismos con los que alcanzó el éxito. Diego Costa harto del preparador italiano forzó al máximo su salida de los blues, pero no fue el único.

Algunos, como Courtois volverán a reencontrarse con él ahora en el Real Madrid, por lo que el belga ya habrá puesto en aviso al resto de sus compañeros de lo que les espera. A otros posiblemente se les cerrará la puerta del Bernabéu con este fichaje. Hazard, otro de los que acabó hastiado y enfrentado a Conte por sus planeamientos excesivamente defensivos, tendrá más difícil a partir de ahora cumplir su sueño, ese que lleva repitiendo por activa y por pasiva, desde hace tiempo. Vestir la camiseta blanca supondría ahora reencontrarse con el técnico italiano y ninguno de los dos parecen dispuestos a darse una segunda oportunidad.

Esa es la apuesta del Madrid, la del sargento que domine y marque el camino a la tropa. Una especie de Mourinho rejuvenecido, con algún que otro tic y con varias copas en su zurrón. En La Castellana han vuelto a releer a Sun Tzu, autor de El arte de la guerra, y no han encontrado mejor guía para ir al frente que la definición que este da sobre lo que debe ser un buen general: “Abarca las virtudes de sabiduría, sinceridad, humanidad, coraje y el ser estricto”. El cambio de rumbo puede salir bien y resulta efectivo a corto plazo, aunque no deberían olvidar en Chamartín que cuando mecieron Europa a su gusto lo hicieron siempre con guante de seda. Veremos si Conte cubre con ese guante su puño de hierro.

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