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Fútbol

La Reina Sociedad se queda con el trono

Las txuriurdines consiguen su primer título copero tras vencer (1-2) en un ejercicio de efectividad y resistencia. Quiñones y Nahikari, las grandes heroínas. Las rojiblancas pierden su tercera final de Copa consecutiva.

Si algo han confirmado los tiempos en los que vivimos es que el feminismo ha venido para quedarse. Ésta ha sido la temporada en la que España se ha puesto a la vanguardia de la visibilización del fútbol practicado por mujeres, con récords en sus gradas, expansión en su tratamiento mediático y seguimiento del espectador por donde ahora consumimos las cosas: estadio, televisión y móvil en la mano. Lenguaje inclusivo (nos permitirán jugar aquí a sustituir “real” por “reina”), igualdad y política de gestos, también desde la monarquía: hoy por primera vez presidía el palco de la final la homenajeada del trofeo en cuestión. Este párrafo se puede resumir con tres palabras: YA ERA HORA.

También estamos en tiempos de “Juego de Tronos”. Pudiendo ser Granada perfectamente “Desembarco del Rey” (ni por asomo relacionamos a Letizia con Cersei), no sabemos si lo de este sábado ha sido un spoiler pero sí, como tras la Batalla de Invernalia, que el Norte manda. Y es que la Real Sociedad, las jóvenes sin experiencia por las que habían pasado por encima hace poco el propio Atleti, le han devuelto la venganza más dulce posible: con un título en juego. Si las de Sánchez Vera certificaron su tercera liga conseguida precisamente contra las donostiarras, han sido ellas las mismas que han enterrado la tercera opción de doblete para las colchoneras. Las dos ediciones anteriores fue el FC Barcelona, con quien intercambió campeonatos en 2016, y este 2019 han sido las de Gonzalo Arconada, que podrá celebrar con su hermano ser los reyes del torneo del KO en España.

Los papeles de las protagonistas estuvieron aquí tremendamente marcados. Mientras que la Reina (Real) Sociedad se adjudicaba para sí el repliegue, el sufrimiento, la efectividad y el castigo por despiste, el Atleti cogió la pelota, el bastón de mando, el asedio…y la desesperación. Nada cambió en realidad el paso de los minutos, salvo la sensación de prisas y agobio para que, según el bando, todo acabase o fuese la Guerra de los Cien Años.

Esther, justo cuando se cumplía el primer cuarto de hora, puso en ventaja a las madrileñas colocando el interior con mucha calidad tras un buen centro de Robles por la derecha. Fue una constante esta durante el partido: fortificar la defensa por el centro, mientras que los ataques llegaban por los costados. Mientras que el Atleti buscaba el segundo (lo tuvo en sus botas Amanda) llegó el empate de las norteñas en su primer acercamiento. Un tiro lejano de Palacios se escurrió entre las piernas a Gallardo, que desde ese momento entró en pánico. Diez minutos más tarde, casi en la siguiente ocasión que tocaba la pelota, regaló un mano a mano a Eizaguirre, cuya vaselina se quedó a medias. Quizás contagiadas por la inseguridad de su portera –o por el peso de la responsabilidad y la supuesta obligación de ganar- las colchoneras no cerraban bien la retaguardia y cometían errores en pases muy peligrosos, sobre todo en salidas y cesiones. Así, y a pesar de haber un 75%-25% de posesión, la sensación de peligro había sido similar en la primera parte.


Nahikari adelanta y las campeonas de Liga se vuelcan


Robles y Jennifer Hermoso tuvieron las primeras oportunidades nada más saltar al verde de Los Cármenes. Quiñones, en una suerte de Samsa Stark, detenía y detenía desde su portería a las huestes rivales con tranquilidad y buen porte. La estrategia era resistir hasta que, sin saber muy bien cómo y cuándo quizás todo pareciese perdido, Arya se alzase como Reina de la Noche granadina. Ese papel lo tomó Nahikari en el 61’, fusilando a Gallardo después de un gran pase de Palacios y una dejada de Baños.

Las campeonas de Liga volcaron aún más sus tropas si cabe con adelanto de líneas y cambios ofensivos. El más efectivo fue la entrada de Falcón por la izquierda, que actuó más de extremo que de lateral. La volvió a tener Jenni (de nuevo Quiñones), Ludmila y hubo dos postes: uno de la delantera brasileña con un remate de cabeza y Ángela Sosa con un centro chut. Melisandre y Daenerys rabiaban. Con el espíritu o fantasma de Lucas Moura, el Atleti tuvo la última en el 92’. En una suerte de paredes en la frontal que practicaron mucho las rojiblancas, a lo Barça de Guardiola, Dolores disparó sin fuerza para que la pelirroja Quiñones, de segundo apellido Stark, hiciese el último servicio para su casa despejando el balón.

La Copa se fue para San Sebastián pero, por visibilidad, unión y avance colectivo, ganamos todos.

En la selva del periodismo, A La Contra me es un gran ecosistema donde habitar. No entiendo la vida sin deporte, así como tampoco sin historias. En este espacio intentaré contar las que piense pueden resultar interesantes, y hacerlo con estilo propio. Como Hornby, me enamoré del fútbol "tal como más adelante me iba a enamorar de las mujeres: de repente, sin explicación, sin hacer ejercicio de mis facultades críticas, sin ponerme a pensar en el dolor y en los sobresaltos que la experiencia trae consigo”

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