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La Tribuna de Brian Clough

No me gusta el cricket

Tras 15 años de residencia en Inglaterra no he sido capaz de encontrar nada que me guste de este deporte. Tampoco del té.

Quizá la primera palabra que se asocie a Inglaterra sea té, pese a que se trate de un producto llegado a las islas británicas de India y China. Pero si hay algo arraigado en las tradiciones británicas es el cricket, deporte que se practica al menos desde el siglo XVI y del que se disputan partidos internacionales desde mediados del siglo XIX. Siendo un deporte que necesita de buen tiempo, su temporada es limitada y para mantener la forma de los jugadores durante el invierno (o lo que no es verano) algunos clubes practicaban fútbol. De ahí surgió el Sheffield Wednesday. Esa ayuda al desarrollo del fútbol es lo único que tengo a favor del cricket, pues tras 15 de años de residencia en Inglaterra no he sido capaz de encontrar nada que me guste ni de este deporte, ni del té.

Soy un creyente convencido en la libertad de elección del ciudadano y entiendo que quizá haya alguien a quien le apetezca acercarse, ya sea en persona o por algún medio audiovisual, al Campeonato del Mundo que se inicia en Londres el 30 de mayo  y que se disputa en varias ciudades de Inglaterra y Gales hasta el 14 de julio.

No conviene dejarse engañar por el nombre del torneo. Este no es el campeonato más importante de este deporte, lugar que ocupa “The Ashes” (las cenizas) que disputan Inglaterra y Australia cada 2 años y cuyo trofeo debe ser el más pequeño del deporte mundial. Este torneo se disputa en la modalidad de 5 días o test, que es la versión tradicional del cricket. Es una versión de juego paciente, lenta, en la que se trata mas de defender tu posición como bateador que de anotar carreras. La competición doméstica resulta insustancial, porque los torneos internacionales llenan todo el calendario, pues el cricket, como el golf, sigue al sol allá por donde este. Si un jugador destaca, la federación inglesa le hace un contrato y suspende el de su club, con el agravante de que en test cricket los partidos son fundamentalmente amistosos. A ver quién es el valiente que le dice a Pochettino que Kane se va a jugar unos amistosos en Kenia e India y que vuelve dentro de seis meses.

Decía antes que el tiempo es fundamental y es que si el partido no se completa en cinco días se declara “no result” (sin resultado) y a otra cosa. Esta es una de las cosas que más me desespera: ¿Cinco días jugando y lo dejamos sin terminar? ¿Alguien se imagina que la final de Roland Garros no se complete al día siguiente si es parada por la lluvia? La forma de juego también es chocante. Quien haya visto baseball sabe que los equipos se turnan en nueve entradas de tres eliminaciones. En cricket un equipo batea hasta que pierde sus 10 jugadores, momento en que pasa a lanzar. En test cricket lo hacen dos veces.

La parsimonia con la que transcurre el juego quizá sea una de las razones por la que países con mejor temperatura no hayan adaptado el juego. No le pega nada al carácter latino; es impensable ver a los hinchas del Panathinaikos de baloncesto o a la festiva afición del Cádiz sentados viendo un deporte que transcurre lento y en silencio. O quizá sea el carácter exclusivista que siempre tuvo el cricket, pues la federación internacional (The International Cricket Board) prohíbe jugar test a equipos que no tengan el nivel adecuado, restringiendo a 10 el número de “test nations”, lista que acaba de incorporar a Irlanda y que cuenta con Gales como parte de Inglaterra y no incluye a Escocia. Me parece tan absurdo como incómodo pensar que se trata de mantener la exclusividad sin influencia de lo externo. Al fin y al cabo, el futbol mejoró para todos por la mezcla de estilos de los diferentes países.

¿Como se entretiene un espectador en el lento trascurrir del partido? Algunos son verdaderos aficionados, disfrutan de esperar el momento en el que algo pueda pasar, intentan anticipar la táctica y el desarrollo del partido. Otros van a pasar el día: como digo, si hay partido es porque hay sol y si hay sol hace el suficiente calor para sentarse cómodamente en la silla (incluso se puede ver alguna tumbona) bebiendo una (o varias) pintas de cerveza.

En el extremo del test cricket esta la modalidad Twenty20, en la que cada equipo —en lugar de riguroso blanco pueden vestir llamativos colores— tiene 20 “overs”. Cada over consiste en seis lanzamientos contra el bateador. Como los equipos pueden perder 10 jugadores arriesgan e intentan anotar puntos mas deprisa. Normalmente estos partidos se suelen completar a tiempo, pero si de nuevo el traicionero verano inglés descargara una tormenta entonces emplean una fórmula matemática para ver cuántas carreras tiene que anotar el equipo bateador y de cuántos overs dispone el lanzador. En un torneo de golf no se le dice a un jugador que juegue 4 hoyos porque va a llover y le multiplican el resultado por x para ponerle el numero final de golpes.

Si al lector aún no le parece un deporte tan anticuado, caótico e incomprensible como un personaje de las novelas Wodehouse protagonizadas por Bertie Wooster y su mayordomo Jeeves, quizá el Campeonato del Mundo lo logre definitivamente.

El torneo se disputa en la modalidad de duración intermedia, llamada One Day Internationals (Partidos internacionales de un día), similar a la anterior, pero en 50 overs. Los equipos pueden vestir colores distintos al blanco, pero el formato retiene ese aroma clasista y de naftalina del test, pues el calendario de la segunda fase está detallado con horarios y partidos antes de iniciarse el campeonato, lo cual resulta excesivamente presuntuoso y una falta de respeto para los participantes menores. En un Mundial de fútbol intentamos adivinar los cruces a partir de la segunda fase, pero ni la propia FIFA se atrevería a publicar que Italia jugara contra Chile el 21 de junio a las siete de la tarde sin que se haya jugado siquiera el partido inaugural.

Estos encuentros, como indica el nombre, están pensados para que duren un día completo. Varias horas, de nuevo, con la incertidumbre del tiempo y con la posibilidad de que el partido acabe de manera confusa, con el uso de una fórmula matemática o simplemente decretando un empate o un “no result” (que a casi todos los efectos es lo mismo). Pero si hasta entonces el consumo de sol y cerveza ha sido satisfactorio, es más que probable que a nadie le importe y consideren el día como una grata experiencia.

1 Comment

1 Comment

  1. Perikorro

    24/05/2019 at 13:26

    Joder, pues la cosa pinta bonita, casi que es más divertido pasar la tarde en el dentista.

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