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Cristiano, para la historia. CORDON PRESS

Champions

Y Cristiano tocó el cielo

Ahora ya sabemos con qué gol será recordado Cristiano. También sabemos que el Real Madrid está en semifinales, pero hasta eso se queda pequeño ante la maravilla.

Camino de los 700 goles, la duda era saber con qué gol sería recordado Cristiano, con cuál se glosaría en el futuro su trayectoria deportiva en una breve nota informativa que diera cuenta de su retirada, o de un aniversario cualquiera, o de la apertura de un hotel en Marte. Ahora ya se sabe. Asociado a su nombre aparecerá de inmediato el gol que consiguió contra la Juventus, la más perfecta de las chilenas que se han ejecutado en la realidad y en la ficción (incluyo la de Pelé en Evasión o Victoria).

Y tal vez me quede corto. Es posible que si tuviéramos que definir el fútbol en tres segundos (Messi necesita más) nos viéramos obligados a acudir a la misma secuencia, sin que nos quede claro, ni a nosotros ni a la posteridad, si la imagen ha sido ralentizada o verdaderamente se sostuvo tanto tiempo en el aire. Hay que descubrirse ante un gol así y hay que entender la arrogancia como gasolina y no como defecto.

También hay que hablar del Real Madrid, naturalmente, de su clasificación para las semifinales, pero deben perdonarme porque Cristiano lo engulló todo con ese gol, y cuando intento salirme de él me encuentro con que también marcó el primero y asistió en el tercero, y nada fue despreciable ni remotamente casualidad. Trataré de recomponerme.

Cierto es que todo comenzó de modo inmejorable. Marcar a los dos minutos es como encenderse un cigarro con la llama de un  dragón. Más que un sopapo, fue un acto de colonización. Ustedes conserven sus costumbres, que yo mantendré las mías. Parte de la grada lo entendió rápido y reanudó los ánimos a su equipo. Como si no hubiera ocurrido nada, o como si hubiera sucedido lo más probable, gol de Cristiano.

Nos detendremos en la jugada, para tomar aire. Si queremos ser justos (y queremos) tenemos que decir que Marcelo abrió el primer candado. Al sentir que le taponaban la banda, la despejó para Isco. Lo hizo con un pase tan inesperado que lo sirvió con la derecha, la peor de sus piernas y la mejor de las nuestras. Ahí se fabricó la mitad del gol. Lo que faltaba, envasado y distribución, correspondió a Cristiano. Llegar a la pelota era un mérito y dirigirla un milagro. Arrojen una sardina a un delfín y no reaccionará tan rápido.

La Juventus encontró en el infortunio una posibilidad para el heroísmo. No arriesgó mucho si afirmo que jugó mejor con la daga en el omóplato de lo que lo hubiera hecho con el uniforme intacto. En determinadas ocasiones, la sangre es un colorete excelente. Es curioso, porque el Madrid encontró el marcador y la Juve el juego. Se nos presentaron dos partidos diferentes. Uno, plácido; el otro, dramático. Y así permanecieron durante muchos minutos, aislados en circuitos diferentes.
La Juventus pisaba con frecuencia el área, pero el Real Madrid no se alteraba (Keylor un poco más); asistía como un espectador a una película italiana, probablemente neorrealista.

De esa manera terminó la primera parte y así prosiguió la segunda hasta el segundo gol de Cristiano, la barbaridad ya mencionada. El fallo de Chiellini —quizá el primero de su vida— hay que entenderlo como un gesto de impotencia o quizá como un presagio de centurión. Cristiano controló el balón casi en la línea de fondo, se giró y entregó la pelota a Lucas Vázquez, que llegaba relamiéndose. Buffon se estiró como hace veinte años y al repeler el balón hubiera hecho bien en pedir un deseo: que se termine el mundo, que se precipite el satélite chino sobre el Juventus Stadium. Que me recuerden así, volando. La vida siguió, para su desgracia. La pelota regresó al área y Cristiano logró el único remate que le faltaba en partido oficial. Fue tan hermoso, tan espléndida la ejecución, que uno vuelve a abrir la boca al recordarlo.

Marcelo completó el marcador con otra jugada exquisita, una pared con Cristiano que finalizó bajo palos al ser favorecido por un rebote. Lo suyo también es digno de estudio. Su entusiasmo no parte del ego, sino de la alegría, de los rizos y las sambas que escuchó de niño. En muchos sentidos, Marcelo es una guía de Brasil.

El partido, no obstante, tenía otra rúbrica. La dibujó Cristiano a un metro del suelo, o quizá fueran dos, qué importa eso ahora, tendremos la eternidad para calcularlo.

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

1 Comment

1 Comment

  1. Diego A.

    03/04/2018 at 23:16

    Brillante crónica, como siempre, Juanma. Casi tan buena como el partido que ha realizado el Real Madrid hoy que, si no lo estaba ya, creo que tenemos a un más que probable finalista de Champions (aunque queden Bayern, City o Barcelona por el camino…). Gracias por tu inspiración. Un saludo.

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