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El Atleti celebra uno de sus goles. / Foto: Cordon Press

Atlético

El Atleti supera el susto y camina plácidamente hacia octavos

El conjunto de Simeone cumplió con los pronósticos ante un AS Mónaco plagado de bisoñez que creció en su juego en la segunda mitad, pero que desperdició un penalti por medio de Falcao

Hay partidos que se pueden contar antes si quiera de empezar a jugarse. Por ejemplo, el de hace un rato en el Wanda Metropolitano. La derrota del AS Mónaco no se gestó hace unas horas, sino el pasado verano cuando sus jugadores más importantes empezaron a marcharse para convertir al equipo potente de hace un par de temporadas (semifinalista de la Champions, eliminado por la Juve) en un conjunto que sufre hasta para poder mantenerse en la Ligue 1. Que lo importante este año para el equipo monegasco, lastrado además por las lesiones, es lo que ocurra en su competición doméstica lo dejó rotundamente claro Thierry Henry desde la alineación: Falcao, homenajeado en la previa por los atléticos en su regreso porque los grandes goleadores siempre resisten a la memoria selectiva y al paso del tiempo, se quedó de inicio en el banquillo. La falta de resultados (2 victorias en 20 encuentros disputados, ahora mismo en descenso en la Ligue 1 y fuera de la Champions y de la Europa League) y de jugadores desequilibrantes del AS Mónaco contrasta con los de su rival, un Atleti que también empezó a gestar su victoria desde mucho antes del pitido inicial. Concretamente desde aquel viernes 23 de diciembre del 2011, el día que Simeone se convirtió en su entrenador. Después de tanto tiempo, en este caso que un día antes se celebrara el sorteo de la Lotería de Navidad no puede considerarse como una casualidad.

En el partido en sí, la tensión del resultado duró menos de dos minutos, el tiempo que tardó el Atleti en adelantarse en el marcador: Koke disparó desde la frontal y el balón cambió su dirección a gol cuando chocó con Badiashile, plantado en su área como una tierna secuoya mecida por la gravedad (17 años, 194 centímetros de altura). Pese a que el central de los monegascos, debutante hoy en la máxima competición continental, es perfecto por su fisonomía para la metáfora, los focos tampoco deben apuntarle a él: las crisis catárticas regeneran y hacen que se busque dentro lo que normalmente se desea fuera. El AS Mónaco, aparentemente, tiene mimbres para edificar su futuro, aunque lo realmente complicado es tener paciencia. El fútbol es un amante voraz y caprichoso. Si no, que se lo pregunten al Atleti: los aficionados colchoneros andan ahora a vueltas con el estilo cuando por fin no tienen que pedir perdón cada vez que visitan Neptuno con una copa de más. La resaca del éxito es tan cruel como la de la derrota.

Hoy, sin embargo, tampoco hubo mucho lugar para el debate, menos todavía para la autodestrucción atlética. El ritual del harakiri es disonante cuando sonríes. La lista de aspectos positivos que deja el encuentro para los de Simeone es destacable, especialmente entre los secundarios: las internadas de Arias, la participación de Lemar, la electricidad de Correa o los minutos de Vitolo, que sustituyó a Koke en el descanso (Kalinic también gozó de media hora). Para entonces el citado Lemar ya había mandado una falta frontal al palo (minuto 8) y el Atleti había ampliado su ventaja en el minuto 24 después de que Griezmann culminara desde dentro del área con el exterior de su pierna izquierda una buena jugada de Correa (2-0). El Mónaco, por su parte, todavía no había logrado tirar ninguno de sus lanzamientos a puerta. Lo contrario habría sido considerado como imprevisible, como un buen giro del guión. Para lograrlo es necesario talento, pero hay días que están más destinados a los burócratas que a las musas.

De ahí al final, las incógnitas fueron tres: si el Atlético golearía, si el Mónaco crecería en su juego y si Falcao saldría al campo para llevarse su ovación. La primera en resolverse fue precisamente la última de ellas, la más fácil de acertar: el delantero colombiano saltó al césped en el minuto 55 entre los vítores de la afición colchonera. Su presencia en el terreno de juego sirvió también para resolver la segunda de las incógnitas: el conjunto monegasco creció en su juego y Oblak tuvo que aparecer por primera vez en el minuto 60 para abortar el tanto del colombiano. Esa jugada explica posiblemente la razón de los aplausos minutos antes de la grada colchonera a Falcao: desmarque dentro del área, control y remate a la media vuelta que se encontró con los puños del portero esloveno. Cuando el colombiano vestía la camiseta rojiblanca esos remates solían terminar dentro de las mallas, sobre todo si el partido en cuestión era una final. Y hoy, precisamente en el final del partido, Falcao volvió a aparecer porque, pese a la insistencia de Griezmann, Vitolo y Thomas, el Atlético de Madrid no fue capaz de resolver la primera de las tres incógnitas y terminar goleando. De tal modo, ya en el minuto 82, una mano de Savic dentro del área a lanzamiento de Tielemans acabó con el montenegrino expulsado por doble amonestación y con penalti a favor del Mónaco. El colombiano, sin embargo, envió fuera su disparo en la pena máxima para que el Atleti, una vez superado el susto (Tielemans y Falcao continuaron insistiendo hasta el descuento), camine plácidamente hacia los octavos. En realidad, un pequeño trámite burocrático para este Atleti.

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