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Real Madrid

El CSKA abochorna al Madrid

La derrota solo adquiere sentido al ampliar la visión: el Real Madrid tenía varias deudas acumuladas con la suerte y el cobrador siempre ajusta cuentas.

Después de 27 partidos sin derrota, el Real Madrid perdió en el Bernabéu en fase de grupos de la Champions, una derrota sin más trascendencia que la anímica, pero que podría dejar huella sin pensamos que desde el ánimo se fabrica todo. Tampoco tuvo más relevancia para el CSKA que el orgullo de conquistar una plaza tan ilustre. A pesar de su exhibición, los rusos no acceden siquiera a la Europa League después de la victoria del Viktoria Plzen ante la Roma.

Los primeros veinte minutos los empleamos para disfrutar del descaro de Vinicius. El chico anda con la confianza por las nubes y en cuanto tiene ocasión desafía al defensa y se interna en el área. La afición le premia cada intento con una ovación sin entrar en consideraciones tan vulgares como la productividad. El entusiasmo del público demuestra lo poco acostumbrados que estamos a los regates y lo mucho que gustan los extremos a la antigua usanza. Pero las modas son las modas. Desde hace un tiempo, lo que se lleva son los mediapuntas vaporosos y las piernas cambiadas. Tal vez vaya siendo hora de cambiar de traje para volver a lo actual dentro de diez años.

Ese primer tramo también sirvió para admirar el acoplamiento de Marcos Llorente al mediocampo. La temporada pasada era un manojo de nervios, ansioso por las pocas de oportunidades y arrastrado los malos resultados de la segunda unidad. Ha sido desde la decepción, y probablemente desde la ira, como ha confirmado sus extraordinarias condiciones. Nadie es tan atractivo como quien ha dejado de creer en el amor, y parece claro que el hijo de Paco Llorente (otro incomprendido) ya tenía decidido marcharse en enero. Así es la vida: crítica y público se han enamorado del muchacho cuando faltan 18 días para la apertura del mercado.

En esas estaba el Madrid, en busca de protagonista principal, cuando marcó el primer gol el CSKA. Hasta entonces, el Club Deportivo Central del Ejército se había manejado con corrección, pero sin uñas. El equipo casi siempre encontraba salida por la banda de Mario Fernandes, ese brasileño que se hizo ruso y que ya destacó durante el pasado Mundial. Sin embargo, en la proximidad del área el avance se difuminaba, como si a los jugadores les importara poco la sangre. El error fue nuestro: confundimos el frío con la abulia.

Lo entendimos cuando Chalov, de 20 años, recortó en el área y marcó con la absoluta tranquilidad de los muy dotados. Antes de adivinar la procedencia del balazo, el Real Madrid ya había recibido el segundo. Otra conexión entre Fernandes y Chalov terminó en el remate mordido de Schennikov, el lateral zurdo.

El resultado no tenía lógica si atendemos al balance general de lo visto durante la primera mitad. Sólo adquiría sentido al ampliar la visión: el Madrid de Solari tenía varias deudas acumuladas con la suerte y el cobrador, con o sin frac, siempre ajusta cuentas. En Huesca me darán la razón.

El problema es que lo inmerecido tiene tendencia a convertirse en merecimiento, y cuando alguien duda también acabas por dudar tú. Preferiblemente de ti mismo. Ese mal atacó al Real Madrid en la segunda parte. Hizo verdad lo que era mentira, la superioridad del CSKA. Intentó remontar pero con más voluntad que ideas. Se obcecó en entender cuando lo aconsejable era no detenerse a pensar.

El islandés Sigurdsson (19 años) hizo el tercero y el estadio protestó con la poca convicción que jugaba su equipo. Es verdad: el partido no tenía otra trascendencia que el honor y el dinero, 2’7 millones de euros que se marchan a Moscú para consolar su adiós a Europa. Sin embargo, ya está dicho, lo falso se transforma en real en cuanto la invocación se repite. Nada importa nada hasta que lo estropea todo.

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

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