¡Síguenos!
Jules Rimet le entrega la Copa a Obdulio Varela I El Boliviano en Vivo

Mundial Rusia 2018

Cuando Rimet probó el mate

El Conte Verde atracó en Montevideo tras una larga travesía. Atrás dejaban dos semanas en las que surcaron el Atlántico, bordearon el cono sur y ascendieron por el Pacífico hasta avistar tierra. El sueño estaba más cerca y la Copa a buen recaudo en su maleta.

En ese barco, un transatlántico de la época, además de las selecciones de Bélgica y de Rumanía también viajaba la delegación francesa. Al frente de los Bleus, el presidente de la FIFA, Jules Rimet junto a su hija; tras un recibimiento multitudinario estaba a punto de comprobar que la obra de su vida era ya toda una realidad. «Mr. Rimet, probá el primer amargo…» le dijeron los uruguayos nada más pisar tierra.

Amargo y con más de una zancadilla por el camino fue el trayecto hasta que la primera Copa del Mundo de la FIFA vio la luz. El sueño había empezado una década atrás, cuando en los Juegos Olímpicos de Amberes de 1920 presentó su idea. Un año después fue confirmado como Presidente de la FIFA (1 de marzo de 1921) y se lanzó de manera casi obsesiva a convencer a los más escépticos. La empresa le llevaría cinco años; en 1926 el Comité Ejecutivo de la FIFA nombró una comisión especial para celebrar un campeonato mundial, pero quedaban varios escollos por superar. La iniciativa se encontró con la frontal oposición del Comité Olímpico Internacional, que entendía que su torneo olímpico de fútbol ya cumplía ese rol. Rimet en un principio quiso controlar y organizar el torneo olímpico, pero lo tenía claro: si no era gestionado directamente por la FIFA, ellos crearían uno propio.

El desencuentro se hizo ya insalvable en el Congreso de la FIFA, celebrado en Amsterdam en 1928. Por una mayoría de 25 votos a favor frente a cinco en contra se acordó organizar un Campeonato Mundial cada cuatro años. Doce meses después, en Barcelona, se elegía a Uruguay como sede del primer Mundial. Más allá de los méritos deportivos (Uruguay era doble campeona olímpica, 1924 y 1928) la dirigencia sudamericana supo mover sus fichas para llevarse la primera cita mundial a la otra parte del mundo. No solo prometió construir un estadio para 100.000 personas, sino que el factor decisivo fue correr también con todos los gastos del viaje y el alojamiento a los equipos participantes. Además, ese 1930 se conmemoraba el primer siglo de la Constitución nacional uruguaya, de ahí que el nombre del estadio Centenario no sea casual. Finalmente, por cierto, su capacidad se quedó en 93.000 espectadores.

Una vez elegida la sede no acabaron ahí los problemas. El proyecto del Mundial sufrió entonces un enorme revés cuando las federaciones británicas decidieron no participar al estar en desacuerdo en los términos sobre qué era fútbol amateur (el de los Juegos Olímpicos) y el profesional (la Copa del Mundo de la FIFA). Hasta entonces solo las Olimpiadas tenían ese carácter mundial y universal que Rimet deseaba para su nuevo torneo. Si finalmente el Mundial se celebró fue en gran medida por el apoyo institucional que supo granjearse Rimet a través de su compatriota Henri Delaunay. El secretario de la Federación de francesa de fútbol resultó clave para que Francia acudiera a ese torneo. No se dejó amedrentar por el boicot de las cuatro selecciones británicas, ni por la retirada de otras selecciones (entre las que estaban España, Hungría o Italia) que argumentaban la crisis económica mundial que se vivía en Europa y la larga travesía marítima hasta Montevideo. La gira de Rimet recorrería toda Europa buscando convencer a las principales federaciones para que acudieran a esa gran aventura. Finalmente fueron cuatro las selecciones europeas que emprendieron el viaje hasta Uruguay.

Nada más arribar a Montevideo Jules Rimet fue agasajado con una audiencia con el Jefe de Estado, el Presidente uruguayo Juan Campisteguy. En aquel momento ya tuvo la intuición de que los uruguayos habían organizado todo minuciosamente para que el primer Mundial fuera un éxito. Una sensación que se corroboraría con el paso de los partidos y los días. Poco importó que hubiera que hacer cierta ingeniería al ser trece las selecciones convocadas finalmente, nueve americanas y cuatro europeas, o que su Francia natal desentonara al quedar tercera en su grupo, por detrás de Argentina y Chile. El único pero fue quizá la poca cobertura y el escaso eco que tuvo en la prensa europea el primer campeonato mundial de fútbol.

Solo Yugoslavia se plantó en semifinales como representación del Viejo Continente y eso, unido a la no participación de otros países europeos, menguó el flujo de información en prensa. La final disputada el 30 de julio de 1930 en el Estadio Centenario de Montevideo fue un desborde de emociones y pasión. 100.000 espectadores no se quisieron perder el clásico del Río de la Plata entre Argentina y Uruguay. Los locales se impusieron por 4-2 levantando la primera Copa del Mundo. Jules Rimet remató su obra entregando el trofeo de oro creado por el escultor francés Abel Lafleur a los vencedores. Nasazzi, capitán de los charrúas, fue el encargado de recibir de manos del ideólogo y creador del Mundial la pequeña copa. Posteriormente serían los jugadores uruguayos quienes cebaran el mate para ofrecérselo al Presidente de la FIFA. No era la primera vez, en cualquier caso, que lo probaba, ya que Rimet había conocido ese amargor templado el primer día que pisó territorio charrúa, en la recepción con el presidente.

Casi un siglo después en Francia ya saben lo que es el mate. De hecho, una de sus estrellas, Antoine Griezmann, es un apasionado de esta infusión de origen guaraní que ha perdurado hasta nuestros días y que forma parte de la cultura uruguaya, argentina y paraguaya, principalmente. No sería raro por tanto que en ese Francia-Uruguay de cuartos de final, antes del calentamiento, se viera a uruguayos y franceses compartir bebida, eso sí, cada uno por su lado.

En cualquier caso ya lo dijo Luis Suárez (otro de los devotos del mate): «Antoine (Griezmann), por más que diga que es medio uruguayo, es francés y no sabe lo que es el sentimiento uruguayo. Él no sabe la entrega que tenemos para triunfar en el fútbol con los pocos que somos. Tendrá sus costumbres y su forma de hablar uruguayo, pero nosotros sentimos de otra manera”. No hay mejor manera de cebar un partidazo… y un mate. Que se lo digan a Rimet. Al fin y al cabo todo esto se lo debemos a él.

1 Comment

1 Comment

  1. Pingback: El 'Maestro' ya es rector | Fútbol | A la Contra

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Anuncio
Anuncio

Más en Mundial Rusia 2018

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies