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Laudelino Cubino, con su hijo, ciclista en Galicia.

Vuelta a España

Cubino: «He tenido que reinventarme para vivir»

Laudelino Cubino fue un escalador de época que ganó etapas en Tour (1), Giro (2) y Vuelta (3). Montó un hotel, lo perdió por la crisis y se recicló como comercial. «Nada es fácil en la vida».

Así ha cambiado la vida, el ciclismo y hasta nosotros mismos. Treinta años después de su maravillosa victoria en la estación de Cerler en la Vuelta a España, Lale Cubino tiene un hijo de 22 años. Un hijo al que le encanta el ciclismo y que corre en un equipo de Galicia en categoría amateur. Pero él, Lale, el padre, le dice que no se equivoque como una parte más de lo que aprendió de la vida. «Hijo, la prioridad son los estudios».

Sin embargo, hace treinta años, Lale era ciclista y, a diferencia de lo que hoy pasa con su hijo, él no estudiaba ninguna carrera universitaria. «Pero quizás porque los tiempos han cambiado. No porque lo haya hecho el ciclismo. Al contrario. El ciclismo no va a cambiar nunca. El ciclismo siempre conservará su esencia, que es la dureza. Por lo tanto, es imposible que pueda cambiar tanto como dice la gente», añade él que, a los 55 años, no parece ser un gran nostálgico. «No lo soy, porque no me gusta que me engañen los recuerdos. A veces, parece que fue ayer y otras que ha pasado un siglo». De ahí que en esta conversación no se prioricen los recuerdos, sino la vida. La misma vida que, después de retirarse a los 33 años, le enseñó a Cubino que, si no sabes buscarte la vida, no vas a ser nadie.

«Monté un hotel en el campo, a las afueras de Béjar, durante 14 años. Pero, al final, tuve que venderlo. A partir de 2009, cuando empezó la crisis, no había manera de sacarlo adelante. No le veía futuro», explica hoy como si se lo explicase a su hijo todas esas veces que le dice «la prioridad está en los estudios». «La prioridad», añade ahora, «está en saber lo que es la vida. Sin ir más lejos, en lo que me pasó a mí tras vender el hotel. Tuve que reinventarme y pude hacerlo. Tenía contactos en el mundo del ciclismo. Gente que se acordaba de lo que hice y con la que nunca había dejado de hablar». De ahí que encontrase un trabajo en el mundo comercial como representante de productos de ciclismo, sobre todo de ropa. «No fue fácil, porque no hay nada fácil en esta vida. Sobre todo, cuando empecé hace cinco años. Tuve que viajar mucho, hacer muchos kilómetros. Ahora sé que hay altibajos y que este mundo es muy competitivo, pero es distinto. He demostrado seriedad, que es lo que los clientes más valoran, y aquí estoy: no puedo quejarme de como me va».

Pero quizás ése es el precio de los años e, incluso, de la educación que le dio el ciclismo. «No hay nada más competitivo que el deporte en el que solo puede ganar uno. Yo me pasé muchos años intentando ganar y comprobé lo difícil que era», explica. «Por eso ahora, sinceramente, creo que es más fácil hacer una venta que ganar una etapa. Pero eso no significa que pueda relajarme en mi trabajo, porque nunca sabes qué pasará mañana». En realidad, Cubino siempre fue un tipo prudente. Quizás por eso aprendió tanto de los demás, «hasta de los masajistas o de los auxiliares del equipo porque ellos habían sido ciclistas antes que yo. Tenían que saber más a la fuerza. La prueba es que cuando yo llegué no sabía nada de tácticas ni de kilometrajes, pero a fuerza de escuchar a Javier Minguez o de ver a gente veterana como Álvaro Pino…. Tenía que aprender y acabé aprendiendo».

A los 55 años, ya no puede ser el mismo hombre, aunque físicamente haya cambiado muy poco. «Salgo a montar cuatro o cinco días a la semana en bicicleta. Pero la vida es distinta. Mi vida es distinta, porque treinta años después uno no puede seguir haciendo lo mismo». Entonces opositó a ganar la Vuelta a España. Sobre todo, en el año 1988 lo que nos impide olvidarlo ni dejar de recordar que, por la razón que fuese, un escalador como él nunca fue un hombre Tour. «Tenía un físico muy ligero. Me costaba mucho recuperar y después de la Vuelta a España, que entonces era en abril, necesitaba estar ocho o diez días en casa tumbado en el sofá. Además, el gran objetivo de los equipos de Javier Minguez siempre estaba en la Vuelta a España».

Hoy, sin embargo, sigue sin haber manera de despedir los recuerdos. «A veces, pienso que me retiré demasiado joven, a los 33 años. Pero en mi época, cuando pasabas de los treinta, parecía que estabas en tiempo de descuento. No terminábamos de entender el ejemplo de Zoetemelk, que se retiró casi con 40 años». Pero así es la vida, la misma que nos recuerda que cada época tiene su cosa y que hoy explica que Lale Cubino, especializado en el mundo comercial, le diga a su hijo lo que a él nunca le dijeron sus padres: «Hijo, la prioridad está en los estudios».

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