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José Damián González, en la Asociación de la Prensa de Madrid. FOTO: ALFREDO VARONA

Entrevistas

«Llevo 42 años de profesión y no me gustan los que dan lecciones de periodismo»

José Damián González es uno de los periodistas de El Chiringuito que están desde el minuto uno del primer programa. Detrás de él figuran 42 años en la profesión, desde que arrancó en El País en 1976.

Tiene 63 años y una biografía tan amplia en el periodismo deportivo que repasarla nos llevaría toda la tarde. Y no tenemos tanto tiempo. Por eso hoy vamos a hablar del periodista que José Damián González representa ahora en El Chiringuito. Allí, sentado en una silla, maneja un sinfín de emociones. Ha llegado hasta a llorar frente a la cámara. Quizá porque a esas horas de la noche, se trata de no dejar indiferente a nadie. Pero, precisamente, eso es lo que vamos a tratar hoy con él: ¿qué es la seriedad? ¿Cómo se diferencia a un periodista serio del que no lo es? ¿Dónde está la frontera? Quizá porque él es un personaje idóneo para plantear esas preguntas. Trabajó trece años en El País, siete en Diario 16, trece en AS, seis en El Larguero…. El caso es que hoy se muestra rotundo, irrevocable: «Siempre digo que el periodismo es una carrera de maratón. No hace falta que nadie me dé lecciones de periodismo».

—Le he visto llorar en televisión, ir uniformado con el traje de la Selección…
—Eso fue cuando España ganó el Mundial en la época de Punto Pelota. Entré en directo y cuando me preguntó Josep Pedrerol no pude ni supe disimular mi emoción. Es más, no pude ni hablar. Y, sí, se me cayeron las lágrimas. Y, aunque a algunos les pareciesen falsas, fueron reales, reales como la vida misma.

—Siempre hay gente que desconfía.
—Pero el fútbol tiene un componente emocional que es lo que le hace tan pasional… Y a los que nos gusta el fútbol, ¡cómo no vamos a ser pasionales! Y no sé ni explicar lo que siento yo por la Selección. He cubierto seis Mundiales y seis Eurocopas. Tengo 63 años, voy a cumplir 43 en el oficio y me parece injusto que no pudiese demostrar lo que siento, me llamen como me llamen los demás…

—¿Entonces llorar en televisión es recomendable?
—No lo sé. Pero, para mí, es un síntoma de humanidad o de honradez personal. Si una cosa te emociona, ¿por qué no vas a demostrarlo? De hecho, el éxito de El Chiringuito es el de mostrarse cada uno tal y como es.

—¿Y eso es periodismo?
—Naturalmente, y se lo digo yo, que soy un pureta de este oficio que he sido miembro del Comité de Empresa de El País en la época de la Transición cuando también había que trasladar la democracia al periodismo. Y se lo puedo decir yo que he llegado a pegarme con altos cargos de empresas y no es que yo haya sido un hombre de Comisiones o UGT, pero por defender tus derechos y los de tus compañeros se hace lo que sea. Por lo tanto, creo que lo he vivido casi todo en estos 42 años de profesión y ahora me siento orgulloso de haber formado parte de El Chiringuito desde el minuto uno del primer programa. Y no quiero parecer grosero pero le voy a decir que este programa marca paquete de debate e información en el periodismo deportivo de hoy.

José Damián González con Alfredo Varona, autor de la entrevista.

—Entonces no ha dejado de ser usted un periodista serio.
—Repase otra vez mi currículum. ¿Serio? 42 años, desde El País a El Chiringuito….

—Hay preguntas que molestan…
—No, pero de la misma forma que usted lo pregunta yo le contesto: la libertad de expresión es de ida y vuelta. No me gustan los que van dando lecciones de periodismo. Incluso, hasta me parece una actitud farisea porque hay gente que critica El Chiringuito y luego va a programas parecidos y entonces te preguntas qué ha pasado, cómo es posible. Pero, sobre todo, te cuesta entender que haya compañeros que critiquen el indiscutible éxito de un programa de periodismo que, al fin y al cabo, es su profesión. Entiendo que no se alegren, pero un poco de respeto nunca viene mal.

—¿En que se equivocó entonces Maldini cuando habló de El Chiringuito?
—Maldini se equivocó, porque al final somos compañeros de profesión. Te gustará más o menos lo que hacen tus compañeros, otros programas diferentes al tuyo, pero respétalo, respétalo porque se están ganando la vida con honradez. Y no sólo eso: respétalo como respetas los programas de política de los medios en los que trabajas que no son más ni menos hooligans que los del periodismo deportivo. Y no me gusta la palabra hooligan… Porque, al final, todo esto es la consecuencia de una transformación que, si se hace con honradez, siempre estará bien hecha.

—Cada uno defiende lo suyo.
—Mire, en mi última época en el AS a mediados de semana me acuerdo que recibía llamadas de periodistas de provincias que me decían: ‘Damián, el domingo jugamos en el Bernabéu, tenemos cuatro bajas ¿y vosotros?’ Y entonces yo contestaba: ‘Ninguna, yo no tengo ninguna porque yo no juego’. Con esta anécdota pretendo explicar la transformación que, desde hace tiempo, ha experimentado el periodismo deportivo… y hay que aceptarla.

—Los tiempos han cambiado.
—Pero en ese sentido han cambiado relativamente. Mire, y le voy a hablar de los años ochenta cuando trabajaba en El País. Entonces me acuerdo que uno de los reportajes más vendidos fue uno de seis páginas gracias a una fotografía de Jesús Gil en la que aparecía comiéndose un merengue gigante. Y me acuerdo que fuimos tres periodistas de El País, Jesús Cacho, José Yoldi y yo a hacer ese reportaje a Los Ángeles de San Rafael, porque entendíamos que allí había algo que se salía de lo corriente. Porque, al final, el periodismo también es eso. Puedes ser muy bueno, pero si no tienes audiencia, si no vendes periódicos… O desapareces o te despiden o te hacen un ERE y yo no quiero que eso le pase a ningún compañero ni a ningún medio.

—Es la ley de la supervivencia.
—Por eso me molestan tanto los que van dando lecciones de periodismo. Al final, la lección es la de reinventarse, la de saber vender lo que estas haciendo, y eso nunca será fácil. Nadie te garantiza cómo hacerlo. Pero, si lo logras, lo que nunca puedes esperar es que venga un compañero a criticar tu modelo. Es más, le digo una cosa…

—Adelante.
—Yo tengo mi opinión sobre otros compañeros y otros programas, pero como presidente de la Asociación de Periodistas Deportivos de Madrid y directivo de la Española siempre procuro no molestar, respetar a todos.

—¿Cómo es Josep Pedrerol? Es un tipo duro?
—Quiere que le diga quién es Josep?

—Eso le preguntaba.
—No puedo desligar a la persona del periodista. Un tipo con mayúsculas. Cuando tuvimos problemas de cobro en Intereconomía, cuando llegamos a estar ocho meses seguidos sin cobrar, el día 1 de cada mes todo el equipo de redactores, de colaboradores, etc, teníamos nuestro dinero ingresado en el banco, porque Josep pedía créditos para que nadie, absolutamente nadie, se quedase sin cobrar. A él no le gusta que lo cuente, pero yo tengo libertad para contarlo. No creo que haga falta añadir más.

—El día que le echaron del AS con 50 años, ¿tuvo usted miedo al futuro?
—Fue duro, porque un despido siempre es duro y porque llevaba trece años y porque Relaño, el director, fue el hombre que me había lanzado en el 76 en El País. Pero en el AS tuve un problema con un director adjunto y también la relación se había desgastado. Me aburría. Y lo que sí sabía era que en ese momento el despido iba a ser una bendición para mí y con esto no pretendo frivolizar ningún despido. No lo haré nunca, porque hay gente que, después de un despido, no ha vuelto a trabajar en el periodismo. Pero yo tuve la suerte de que a las 48 horas, después de cobrar la indemnización, ya tenía dos trabajos. Estaba en Punto Pelota con Pedrerol y me llamaron para hacerme redactor jefe de deportes de La Gaceta.

—Yo siempre le tuve a usted por un cronista de mucho talento, una referencia.
—Pues muchas gracias, amigo.

—De nada.
—De una u otra forma veo que vuelve a insistir con lo de periodista serio: yo he sido un periodista serio toda mi vida. De verdad. Es que no tengo ni que explicarlo. Pero tienes que adaptarte a los tiempos que corren, debes decidir si prefieres ir en AVE o continuar en funicular, y yo lo tengo claro. El resto creo que lo demuestra mi currículum.

—Al final, la vida es un show.
—Es una parte más de la vida, qué duda cabe. Pero es que hay que ganarse la vida. Yo vengo de una familia muy humilde de Guarromán, un pueblo de Jaén donde mi padre tenía una tienda de ultramarinos. Después, cuando vino a Madrid, trabajó en una portería en la zona de San Bernardo. Con esto quiero decirle que yo no lo he tenido fácil. Pero desde que empecé a trabajar en el año 76 nunca he dejado de hacerlo… y llegué a ser director adjunto de Diario 16… y cuando me llamaron del AS traje a 14 o 15 personas de Diario 16 que empezaba a agonizar…. y la realidad es que aquí sigo casi 43 años después…. y ojo porque esto no se ha acabado para mí. He cumplido mi primer maratón y ahora pretendo, al menos, hacer una media más. Estoy empezando la. A ver hasta dónde llego.

—Supo subirse al AVE.
—Sí, si lo quiere ver así, sí, así es.

—Quizá sea una buena metáfora de su vida.
—Circulo en AVE porque trabajo con el número 1 del periodismo deportivo. Trabajo con Josep Pederol. Y le reconozco que Pedrerol puede ser un hombre exigente y estresante porque para él no existe el empate. Y también le puedo decir que tiene un pronto tremendo y que llegó el día en el que tuve que aconsejarle: ‘Josep, trata de contar hasta diez y luego seguimos’. Y después de quince años todavía no sé si siempre lo consigue. Pero usted, como yo, sabe que ser el número 1 en lo que haces es algo que no se le regala a nadie en ninguna profesión. Y un animal periodístico como él se lo ha ganado. Ha sabido ganárselo. Y esto se lo digo con la seriedad de mis 42 años en la profesión.

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