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Messi, colocando el balón para lazar una falta ante el Espanyol. Metió dos de libre directo. Foto: Cordon Press.

Opinión

Los damnificados del Balón de Oro

Comer caviar todos los días debe producir hartazgo, pero a mí no me cansa verle. Que Messi lo ganara todo y siempre también sería un aburrimiento.

Hola, me llamo Gemma y cada año me atropella el Balón de Oro. ¿Alguien me puede ayudar? Porque a mí me gusta el fútbol, disfruto viendo un buen partido y hasta me trago los malos cuando el resultado es incierto y hay suspense hasta el final. Cuando hay una final, de la Champions, la Europa League, la Eurocopa o el Mundial, no me la pierdo, juegue quien juegue. Me cuestan un poco más las del Mundialito, lo reconozco, pero en general soy una buena aficionada. Y, sin embargo, no falla, cada año termino renegando de un deporte que me apasiona por el puñetero Balón de Oro.

Estoy harta. Porque encima caí en el error de pensar que los fanáticos de los premios se calmarían cuando se dividieron los galardones en el 2016 y la FIFA pasó a dar el The Best y France Football el Balón de Oro. Pero no, ni mucho menos. Si no querías caldo ahí tienes dos tazas. Porque ahora el debate es doble y los agraviados legión. A estas alturas resulta que no hay unas normas claras en ninguno de los dos premios, un se debe votar primando las acciones individuales o los títulos conseguidos, aunque parece evidente que es lo segundo lo que tienen más en cuenta a la hora de elegir al mejor futbolista en un deporte de equipo. 

El fastidio es inmenso cuando además desde hace años no me pareció nunca un escándalo que se lo dieran a Messi o Cristiano Ronaldo, igual que no creo que sea una aberración que lo haya ganado este Luka Modric. El croata es un jugador exquisito que ha sido clave para que el Real Madrid ganara la decimotercera Copa de Europa, la tercera consecutiva, la cuarta en cinco años y para que su selección llegara la final del Mundial. Encima, se acordó de Xavi e Iniesta reivindicando el papel del centrocampista que tantas veces ha sido olvidado en las fiestas para premiar a los goleadores. Además, es un futbolista discreto, que no da un mal ruido ni está enamorado de su reflejo en el espejo. Hay que esforzarse para que te caiga mal, vaya.

«No me importa de donde seas, si dices que amas el fútbol y no te gusta el Barcelona tienes un problema», suelta Thierry Henry al comienzo del fantástico documental Take the ball, pass the ball que disecciona los años gloriosos del Barça de Guardiola. Pues si te gusta el fútbol, tampoco es de recibo rasgarse las vestiduras clamando dramáticamente al cielo porque Modric haya sido elegido como el mejor este año. 

Messi es un extraterrestre. Tan magnífico y tan regular que nos ha acostumbrado a que lo extraordinario sea lo habitual. Supongo que comer caviar todos los días debe producir hartazgo, pero a mí no me cansa verle, al contrario. No hay otro como él y veo difícil que lo haya o que yo lo vea, pero deseo que ocurra porque si no el fútbol me gustará un poco menos cuando se retire y pretendo seguir divirtiéndome cuando sea una yaya. Pero, señoras y señores, que Messi lo ganara todo y siempre también sería un aburrimiento. Que no le den el The Best o el Balón de Oro no le hace mejor, ni peor. Demuestra, simplemente, que los criterios son subjetivos y que los periodistas, los técnicos o sus propios compañeros de profesión optan en un determinado año que otro ha hecho más méritos. 

Me importa un pepino quién gana o deja de ganar, pero me resulta insoportable la perorata del antes, el durante y el después, los ofendidos hasta el infinito y más allá, los amantes de las conspiraciones, los victimistas que aplauden cuando se lo dan a uno de los suyos y gritan «trampa», cuando no. Que ya estemos hablando de a quién se lo deberían dar el año que viene en pleno mes de diciembre me pone del tomate. ¿Si se lo dan a Messi de aquí a que deje el fútbol terminamos con el asunto? A mí me parecería bien, la verdad, incluso justo, pero me temo que el debate no quedaría zanjado. Y es la polémica lo que me irrita. Así que, llegados a este punto, necesito una solución. Que alguien, por el amor de dios, la tenga. Porque, hola, me llamo Gemma y cada año el Balón de Oro me atropella. Socorro.

Periodista. Feminista. No me toques las palmas que me conozco. Optimista por obligación, sigo pensando que me tocará el Euromillón. 25 años de profesión. Empecé en Marca cubriendo el Madrid con Mendoza y me vine a Barcelona con el Barça de Laporta. He vivido más Copas de Europa que Gento. Y qué bien me lo paso aunque no haya visto nadar a Phelps o correr a Bolt en vivo y en directo. Canto fatal, pero no me rindo. Porque el que canta, su mal espanta.

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