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Dani Parejo, con la Copa del Rey. CORDON PRESS

Fútbol

Dani Parejo ya es un ‘Caso cerrado’

Con la llegada de Marcelino a Valencia, ha encontrado la senda adecuada para mostrar el futbolista que es y que, desafortunadamente, nos hemos perdido

Los amantes de las series televisivas seguramente ya conozcan la serie Caso abierto (Caso cerrado en Hispanoamérica y del original en inglés Cold Case). Para aquellos que no sepan de su existencia les diré que la ficción de la serie transcurre en Philadelphia y tiene como hilo argumental la resolución de casos de homicidio que se cerraron en el pasado sin hallar culpables, bien fuera por falta de pruebas o por la inconsistencia de las pruebas existentes por aquel entonces.

La detective Lilly Rush (interpretada por Kathryn Morris) reabre casos de homicidio que quedaron sin resolver en el pasado cuando, por el motivo que sea, aparecen nuevas pruebas o evidencias que incriminan a alguien. La serie es una más de tantas de investigación criminal donde, por lo general, se acaban resolviendo los casos gracias a la pericia de sus protagonistas detectives o a las incongruencias de los culpables, no sin antes haber dado unos cuantos rodeos señalando posibles culpables que al final resultan ser inocentes. Pero lo que la hace especial (al menos desde mi punto de vista) es que el final suele ser bastante emotivo, concatenando una serie de planos donde se entremezcla el tiempo y el espacio real en los que está transcurriendo la acción con una retrospectiva en flashback de los personajes involucrados en la historia, todo ello acompañado de una melodía que incita a la típica emoción, a la piel de gallina de los finales felices: los buenos se salvan y a los malos se les mete entre rejas, como debe ser para que el orden vuelva al universo.

Persuadido por el espíritu de Hume, tras la disputa de la final de la Copa del Rey de fútbol, tuve una especie de asociación espontánea de ideas al escuchar las declaraciones de Parejo al finalizar el partido. Mientras contemplaba su rosto visiblemente emocionado y el fluir de sus declaraciones con un tono de voz entrecortado, no pude menos que recordar a aquel chaval de pelo largo y ensortijado, con una sonrisa digamos que peculiar, que asombraba a todos los analistas en las categorías inferiores del Real Madrid e incluso al propio don Alfredo Di Stefano, quien llegó a decir de él que, por calidad, iba a ser su sucesor en la casa blanca. A la par que se iba superponiendo en mi imaginación la imagen del futbolista con el flashback de la promesa que fue, no pude menos que asociar el collage que se estaba cocinando en mis meninges con un capítulo de Caso abierto, pues bien se podría relacionar el típico homicidio del pasado en la serie con la mala gestión de la carrera futbolística de Parejo y la posterior reparación de un error pasado culminando en feliz desenlace.

Echando la vista atrás, uno no acaba de entender muy bien qué le llevó a tomar la decisión de abandonar la disciplina blanca, allá por el 2008, para recalar en un equipo de la Segunda división inglesa (el Queens Park Rangers de la Football League Championship), por el que campó con más pena que gloria: demasiada juventud y demasiado talento para un fútbol tan primitivo. Seguramente el dinero, junto con una falta de apuesta de futuro para el chaval desde el club, tuvo mucho que ver con su decisión; al menos eso era lo que trascendía en los medios aquellos días. Es el error que se suele cometer (y que tantas veces hemos visto) cuando se quiere rentabilizar al máximo unas dotes fuera de lo común, cuando se piensa antes en ganar dinero fácil que en hacerse futbolista, cuando no tienes alguien cerca que te tire de las riendas como experto jinete que apacigua el exceso de fogosidad de un joven pura sangre.

Su historia posterior es la de tantos canteranos madridistas que salen del club con más pena que gloria y van a un club amigo para acabar de foguearse. Sea como fuere, su paso por el Getafe no le brindó la oportunidad de volver al Real Madrid a demostrar su valía como futbolista, como sí había ocurrido anteriormente con Esteban Granero, y recaló en el Valencia en el año 2011.

Su estancia en el Valencia no ha sido tampoco un camino de rosas; ni su carácter, ni la etapa convulsa que ha vivido el club estos últimos años han ayudado demasiado a que Dani encontrara el sosiego que necesitaba para desplegar el fútbol que lleva dentro. Futbolista apreciado por su calidad técnica, se ha visto varias veces envuelto en tormentas, en el centro del ojo del huracán, por sus escarceos con la noche y con otros clubes (recordado es su pulso al club con la intención de salir con destino a Sevilla).

De todas formas parece que, por fin, con la llegada de Marcelino al club, Dani Parejo ha encontrado la senda adecuada para mostrar el futbolista que es y que, desafortunadamente, nos hemos perdido; es como si solo hubiera sido necesario darle confianza, arroparle, como a un niño pequeño —la vida del futbolista profesional suele carecer de esta etapa, tan importe en el desarrollo personal, como es el disfrute de la infancia—, para desplegar esa misma confianza sobre el césped, contagiando de optimismo y seguridad al resto del equipo.

No sé quién fue el culpable de que se cercenara la carrera futbolística de Parejo tan temprano (ni me interesa), seguramente cuarto y mitad de unos y la parte correspondiente del propio futbolista, pero creo que convendrán conmigo que la forma de gestionar su carrera ha sido lo más parecido a un homicidio, delito que no ha tenido resolución (feliz) hasta el sábado pasado. Porque Parejo tenía fútbol en su cabeza y en sus pies como para haberlo desarrollado en equipos del más alto postín (sepan disculparme los aficionados chés) y haber volado alto, mucho más alto.

Escuchando sus declaraciones en zona mixta, haciendo palpable la emoción que en ese momento le embargaba, bien sea porque era consciente del logro que habían conseguido y que, a su edad, parecía algo poco menos que inalcanzable, bien sea por coincidir con una fecha tan importante para el club y sus aficionados como es el centenario del Valencia CF, tuve la sensación de que el Caso abierto de Dani Parejo había tocado a su fin.

Siempre está bien lo que bien acaba y, tras la consecución de un título importante, posiblemente en una de sus últimas oportunidades como futbolista en activo, bien podemos decir que el de Parejo ya es un Caso cerrado. El fútbol que Dani Parejo llevaba en su cabeza y su pies por fin ha tenido premio y los que nunca comprendimos cómo semejante acopio de talento no pudo ser mejor aprovechado y rentabilizado ya podemos descansar aliviados.

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