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Opinión

En defensa de Iñigo Martínez

El central vizcaíno ha dejado la Real Sociedad y jugará en el Athletic, que ha pagado su cláusula de 32 millones. Asombrosamente, hay quien le llama traidor.

Iñigo Martínez, con su nueva camiseta. TWITTER ATHLETICCLUB

Ya conocen la noticia. El Athletic ha pagado los 32 millones de euros de la cláusula de rescisión de Iñigo Martínez, que dejará la Real Sociedad y se trasladará cien kilómetros en dirección oeste. También les habrán llegado los comentarios asociados. Los más repetidos son que el jugador es un mercenario, un pesetero y un desagradecido. Y, además, carece de palabra, cosa intolerable. En cierta ocasión dijo que él nunca se “cambiaría de bando”.

Hay que entender que quienes se indignan, algunos estimados amigos, no dejarían su empleo por uno mejor pagado si se lo ofreciera la competencia; debemos pensar que ellos, esgrimiendo razones de pertenencia y amor a los colores, rechazarían cualquier proposición económica por mareante que resultara. El argumento principal ya lo he escuchado otras veces y plantea la cuestión como el enfrentamiento filosófico entre dos bandos, los que defienden el sentimiento y los se rigen por las reglas del negocio. Ya de inicio advierto la primera trampa. Si la fidelidad sentimental se fija como principio, convendrán conmigo que Íñigo Martínez (y cualquiera en su lugar) está más obligado sentimentalmente con su familia que con su club de origen, por profunda que sea su vinculación. Y es obvio que el nuevo contrato significará una tranquilidad financiera de la que se beneficiarán, por lo menos, un par de generaciones de la familia Martínez. Lo que propicia el cambio de aires del trabajador Martínez es que su descendencia pueda jugar despreocupadamente en la Playa de la Concha… con la camiseta de la Real Sociedad.

Es curioso que un país como Italia, con un estricto sentido de la traición y la lealtad (al menos en las reuniones con pistola), aplique la tolerancia máxima en situaciones parecidas. Pippo Inzaghi ha sido estrella en Juventus y Milán; Pirlo lo fue en Milán y Juventus, y Vieri lo ha sido en Juve, Atlético, Lazio, Inter o Fiorentina, y en cada caso me abstengo de citar clubes de paso fugaz. Y lo mismo ocurre con los entrenadores: Allegri ha saltado con naturalidad del Milán a la Juventus, tal y como pasó Ancelotti de la Juve al Milán. Da la sensación de que allí tienen más claro que la familia es la familia y el club de fútbol, otra cosa.

En Inglaterra tampoco se rasgan las vestiduras (quizá por el frío) y el trasvase de profesionales (insistamos en el concepto, pro-fe-sio-na-les) es más frecuente y menos traumático, Alexis Sánchez puede dar fe. Sobre lo que ocurre en Alemania me faltan referencias, pero me cuentan que en el valle del Ruhr no ha sentado bien que Goretzka haya cambiado el Schalke por el Bayern. Una pancarta lo resume: “Ni el dinero ni los títulos son más importantes que el club; el que no lo entienda, se puede ir a la mierda”.

Ahora sean sinceros y digan a quién se quieren parecer. A los de la pancarta o a los otros. Ahora piensen, no más de cinco segundos (no reviente nadie), en un fútbol que hiciera compatible el amor a un club con el respeto al devenir profesional de los futbolistas. ¿Sería menos apasionante o tal vez solo más civilizado?

No hay traición en Íñigo Martínez, en ningún caso; podrá discutirse, y tampoco lo recomiendo, que el Athletic afronte un fichaje que debilita a un equipo (vecino, paisano) a seis puntos del descenso. En el fondo, no es más que un dibujo de la cadena alimenticia: el pez grande se come al chico y el City dio la primera dentellada al llevarse a Laporte. Y permitan una pregunta capciosa: ¿Habría ayudado más Íñigo Martínez sobre el campo que dejando en la caja de la Real 32 millones de euros?

Tengo para mí que quienes critican a Íñigo Martínez son apóstoles de la castidad forzosa. Si no se mueven no es por convicción, sino porque nadie les reclama. Es fácil ser fiel dentro de la cueva; en sociedad se hace más arduo.

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

10 Comments

10 Comments

  1. Jose maria

    30/01/2018 at 20:38

    Seria conveniente, estimado Sr. Trueba, que le pidiese a su jefe en la radio nocturna, un poquito de la dignidad y la objetividad con la que Ud. ha tratado el tema.
    El trato que le da el Sr. De la Morena al Athletic Club desde el caso Gurpegui le deja en mal lugar como profesional de los medios de comunicación. Una cosa es discrepar de la linea dirigente del club y la otra es faltarle al respeto noche tras noche de manera que raya la verguenza ajena.
    Gracias por su objetividad, especialmente en un tema en que lo habitual es el exabrupto y el periodismo de bufanda, desgraciadamente.

  2. LUIGI

    30/01/2018 at 23:00

    No creo que sus hijos jueguen en la playa de la Concha con la camiseta de la Real. Iñigo Martínez es vizcaíno, de Ondarroa como Kepa, y toda su familia y sus amigos del pueblo son del Athletic.

    • jose

      31/01/2018 at 08:46

      Ondárroa está ya en el límite con guipúzcoa.Además, este jugador lleva desde los 13 años en la real.Si lo que ha hecho no es de ser traidor…

  3. Juanma Jiménez

    31/01/2018 at 13:49

    Comparas el sentimiento que una persona pueda tener hacia la empresa en la que trabaja con el amor a unos colores que se defienden desde alevín. Ningún trabajador de Movistar le tiene un especial amor a la empresa, al menos no tanto como para no aceptar una oferta laboral mejor de Vodafone. Eso es comprensible. Lo que muchos no entendemos es que un futbolista criado y formado en las categorías inferiores de un club se vaya por dinero al eterno rival. Un jugador del Betis puede marcharse a cualquier equipo menos al Sevilla. Uno del Madrid podría hacerlo al que le diera la gana excepto al Barcelona. Igualmente uno de la Real debería tener un solo equipo prohibido: precisamente el que ha escogido Íñigo Martínez.

  4. Juanma Jiménez

    31/01/2018 at 14:01

    Lo más penoso que veo yo en todo este asunto es la posición de la Real Sociedad. En vez de romper relaciones con el Bilbao ante semejante afrenta, adopta una postura de sumisión cercana al masoquismo. Son demasiados ya los jugadores fichados a golpe de talonario que han cruzado el puente, siempre en la misma dirección. Y la Real permanece impasible mientras el club y su afición son masacrados y ridiculizados por su máximo rival. Entiendo que vendan jugadores a clubs de más categoría pero que venga tu mayor enemigo, te clave un puñal por la espalda el último día de mercado y tú no reacciones me resulta sonrojante. Y lo peor de todo será que dentro de unos años volverán a recibir con los brazos abiertos al ínclito Íñigo Martínez, como si nada hubiera pasado, como ya hicieron con Loren. El complejo de inferioridad que tiene la Real con el Bilbao es vergonzoso. Si parece que es su filial!

  5. Amr

    31/01/2018 at 15:22

    No me convence el argumento del progreso profesional. Los futbolistas de élite viven en otro mundo, uno en el que su porvenir económico está garantizado desde el momento en el que encuentran un equipo del nivel de la Real Sociedad. Son millonarios, no trabajadores de clase media con posibilidades de mejorar sus condiciones de vida. En ese contexto, yo personalmente creo que tanto dinero debería ser un medio liberador, que les permitiría plantear su carrera desde el sentimiento y no desde el pragmatismo. Por otra parte, y ya lo han dicho más arriba, un club de fútbol no es sólo una empresa, es una entidad que tiene aficionados, gente que desarrolla un vínculo emocional con el club. Bajo mi punto de vista, Íñigo es libre de ir adonde quiera, pero no deja de ser un gesto doloroso para un aficionado de la Real que haya elegido al Athletic.

  6. Manitu69

    31/01/2018 at 16:03

    Juanma creo que bastantes diferencias entre cambiar de curro a cambiar de equipo. Primero Iñigo no creo que note mucho en calidad de vida que cobra un millón o dos millones mas al año, cuando a un currito 200 euros al mes es la diferencia de llegar a final de mes o no. Segundo, Iñigo es libre de irse donde quiera, vivimos en democracia, pero a mi mis padres me enseñaron que es de bien nacido ser agradecido, la Real fue la que aposto por el cuando Lezama le mando a tomar por donde todos sabemos.
    Este caso no es comparable con los que expones, no es ni comparable con el caso de Figo, Iñigo es canterano, toda su vida profesional se la debe a la Real (si y a su trabajo también).
    Y por ultimo, estas las razones extraordinarias, la Real esta en un momento muy jodido de la temporada, un par de resbalones y lo mismo se mete en un lio muy gordo. Bajarse del tren ahora y dejar tirado al equipo, cuando encima eres tu uno de los capitanes a mi me parece bastante rastrero, en fin, a mi no me gustaría que el Atleti fichara un jugador del Rayo, Getafe o incluso Real Madrid de la forma que Iñigo se ha ido, solo se ve la catadura moral del personaje.

  7. David Azpiazu Torres

    31/01/2018 at 18:36

    Pero es que en todo esto, Sr. Trueba, no se menciona la posición en la que se deja a la Real. Sí, son 32 kilos. El lunes, Martínez va a entrenar y no dice ni mu. El martes se desata todo (bueno, el lunes a las 22.00). ¿Qué hace la Real ahora con esos 32 millones? En el mercado nacional no van a encontrar a nadie de ese valor y esa calidad, así que tienen hasta la medianoche de hoy. Dicen que sus ya ex-compañeros no fueron especialment afectuosos con él cuando fue a despedirse, y es más que comprensible. No, esto ha sido una verdadera ratería. Y el Athletic siempre va a mirar a Donosti para desestabilizar, tocando a los jugadores, sus entornos. Creo que la Real tiene que ponerse muchísimo más firmes con los de Ibaigane, pero esto no puede continuar así. Y no me vale que Martínez fuera más joven cuando declaró aquello de «no me iría nunca al otro bando». No estaba en parvulitos y, habiendo estado en la Real desde los 13 años, conocía exactamente las implicaciones

  8. Carlos

    01/02/2018 at 02:24

    Que gran razón Juanma
    Una empresa te enseña un determinado oficio , ¿debes estar en ella de por vida?

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