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Deportistas y banderas

El pelotari Bixintxo Bilbao ha sido sancionado un año por exhibir una ikurriña. Un castigo que ha avivado el debate sobre la presencia de banderas en los recintos deportivos.

Bixintxo Bilbao exhibió una ikurriña con el mensaje “Gora Euskadi” mientras sonaba la Marsellesa y se izaba la bandera de Francia. Bilbao, nacido en localidad vascofrancesa de Ciboure, se encontraba en lo más alto del podio en los Mundiales de Pelota Vasca del año pasado, celebrados en Barcelona. El pelotari y su compañero, Peio Larralde, salieron ganadores en la modalidad de mano parejas en trinquete. Aquella ikurriña acaba de costarle a Bilbao un año de suspensión por parte de la FIPV (Federación Internacional de Pelota Vasca). 

El sancionado, lejos de arrepentirse, ha reconocido a la EITB que volvería a hacerlo. “Tenemos que estar orgullosos de nuestras raíces y enseñar nuestros colores es una satisfacción”. Bilbao, que ya ha anunciado que recurrirá, se encuentra muy molesto con esta sanción que le inhabilita para competir en la próxima Copa del Mundo de París. “Es vergonzoso y triste que sea una falta grave… Espero que me quiten la sanción, sería lo normal”. Que el pelotari mostrara una ikurriña durante el izado de la bandera francesa ha sido calificado de falta grave por la FIPV. El presidente de la Federación, Xavier Cazauvon, ha justificado la suspensión por “haber quebrantado el reglamento disciplinario ya que la exhibición pública de una bandera no autorizada durante un acto de entrega de premios está tipificada como falta grave”.

Desde que se hiciera pública la sanción, Bilbao no ha dejado de recibir muestras de apoyo. «Estoy teniendo más mensajes de apoyo y felicitaciones de pelotaris de todas partes que con las txapelas ganadas, y eso es muy bonito”, cuenta. El Gobierno Vasco ha enviado una carta a la FIPV para que se anule la sanción, mientras que el PNV ha instado al Parlamento Europeo “a proteger los derechos de las minorías nacionales en Europa”. Los vínculos entre el pelotari y el País Vasco son muy profundos. Su abuelo fue un soldado vizcaíno que combatió con el Batallón Gernika en la liberación de Francia durante la Segunda Guerra Mundial. Su tío, Louis Bilbao, representó a la selección francesa de rugby en el Cinco Naciones de 1977 a 1979.

Extrapolándolo al mundo del fútbol, la FIFA prohíbe la entrada a los estadios de “materiales de naturaleza extremista, ofensiva o discriminatoria”. Una de las banderas que más controversia genera siempre es la estelada. El Fútbol Club Barcelona llegó a acumular en 2016 120.000 euros en multas de la UEFA por la exhibición de estas banderas en sus gradas. El máximo organismo del fútbol europeo se basó en que el conjunto azulgrana no respetó el artículo 16.2 de su reglamento, que hace referencia al comportamiento inadecuado de los aficionados mediante la exhibición de “mensajes de naturaleza política, ideológica, religiosa, ofensiva y provocativa”. El presidente culé, Josep María Bartomeu, se refirió a las sanciones como “totalmente injustas y contrarias al ejercicio de la libertad de expresión”. 

Con motivo de la final de Copa del Rey de 2016 entre Barça y Sevilla, la Delegación del Gobierno en Madrid anunció la prohibición de entrar con esteladas al estadio Vicente Calderón, sede del encuentro. La medida estaba basada en el artículo 2.1 de la Ley del Deporte, que prohíbe “la exhibición en los recintos deportivos, en sus aledaños o en los medios de transporte organizados para acudir a los mismos de pancartas, símbolos, emblemas o leyendas que, por su contenido o por las circunstancias en las que se exhiban o se utilicen de alguna forma inciten, fomenten o ayuden a la realización de comportamientos violentos o terroristas, o constituyan un acto de manifiesto desprecio a las personas participantes en el espectáculo deportivo”.

Finalmente, un juez tumbó la prohibitiva aludiendo que “en ningún caso ha resultado probado que la exhibición de la estelada pueda incitar a la violencia, el racismo, la xenofobia o cualquier otra forma de discriminación que atente contra la dignidad humana”. Unos meses después, el Juzgado de lo Contencioso-Administrativo número 11 de Madrid estimó que la prohibición de las esteladas en los estadios violaba la libertad de expresión. Con la legislación en la mano, la estelada no es ni oficial ni ilegal.

La bandera legal y oficial de Cataluña es la señera. Pese a eso, tampoco ha estado exenta de controversias. En 2017, el Comité de Competición de la Real Federación Española de Fútbol le abrió un expediente al Reus Deportiu por el despliegue de una señera gigantesca en uno de los laterales del Municipal de Reus durante el descanso de un partido que enfrentó al conjunto tarraconense con Osasuna. El tribunal consideró que esa bandera podía incurrir “en una conducta de violencia, racismo, xenofobia o intolerancia”. La respuesta del Reus fue encendida. El presidente del club, Xavier Llastarri, afirmó que no harían frente a la multa impuesta y se preguntó en “qué país vivimos” para que “un señor diga que mostrar una bandera catalana pueda llevar a la violencia y a la xenofobia”.

Ese mismo año, la titular del Juzgado de lo Contencioso-Administrativo número 3 de Pamplona anuló una multa de 3.001 euros y la prohibición de entrada a recintos deportivos por seis meses a un aficionado que accedió al estadio de El Sadar con una pancarta en favor del acercamiento de los presos vasos. La sentencia concluyó que “se trata de una pancarta que exhibe un símbolo que no está ni prohibido ni ilegalizado hasta el punto de que puede ser, y de hecho es exhibido, en la vía pública, en concreto en viviendas y locales particulares o por distintos colectivos, sin incurrir en ilícito ni penal ni administrativo alguno como sí ocurriría con la exhibición de otros signos”.

En 2014, la UEFA clausuró por un partido dos sectores del Fondo Sur del Santiago Bernabéu por la exhibición de una bandera nazi en la ida de la semifinal de Champions ante el Bayern de Múnich. El máximo organismo del fútbol europeo se apoyó en el artículo 14 de su Código Disciplinario, referente al “racismo, otras conductas discriminatorias y propaganda de las mismas”. Desgraciadamente, la presencia de banderas con simbología fascista no es exclusiva de los recintos con más renombre. En 2017, una aficionada fue sancionada con una multa de 3.001 euros y la prohibición de entrada a los recintos deportivos por seis meses por mostrar una bandera con la cruz celta y otra con el Águila de San Juan durante un encuentro de Copa del Rey entre el Talavera y el Toledo.

En 2012, el Gobierno del Partido Popular multó a un aficionado español por llevar una bandera republicana en un partido de la selección española de balonmano. El Ejecutivo consideró que esa acción fue una provocación porque el hombre se encontraba en una primera fila, rodeado de aficionados con la rojigualda. “Ante la evidencia de que se trataba de un acto que pudiera ser interpretado como una provocación, que en ese contexto podría dar lugar a reacciones violentas del público presente, funcionarios policiales instaron al ciudadano a que depusiese su actitud”, rezó el comunicado. El Gobierno dejó claro que “portar una bandera republicana no es un comportamiento que ‘per se’ incite a la violencia”. Eso sí, matizó que “son las circunstancias en un contexto concreto, como en este caso, las que determinan, a juicio de los agentes responsables de la seguridad del evento, si puede convertirse en un acto de incitación a la violencia”.

Si hay algo que puede rivalizar con el deporte en lo que a levantar pasiones se refiere, eso es una bandera.

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