Libertadores: El derbi que es Superclásico | Fútbol | A la Contra
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El derbi que se convirtió en Superclásico

¿Boca o River? ¿River o Boca? Nunca antes se había dado una final de Libertadores en la historia de los Superclásicos… y enfrentamientos ha habido muchos.

Es la final de todos los tiempos: Boca Juniors y River Plate a ida y vuelta por una Copa Libertadores por primera vez en la historia. Después de más de un siglo de enfrentamientos queda claro que los partidos entre xeneizes y millonarios son experiencias irracionales que paralizan a un continente entero. Ahora, además, paralizarán a todo el planeta. Tal vez la rivalidad entre Boca y River sea la más grande del mundo del fútbol porque, entre otras muchas cosas, son dos clubes que, lejos de nacer en la misma ciudad, lo hicieron en el mismo barrio. Dos equipos que lograron convertir en Superclásico lo que siempre se conoció como derbi.

El 25 de mayo de 1901, dos clubes locales que mantenían una buena relación, Santa Rosa y La Rosales, se fusionaron dando lugar a un nuevo equipo. El nombre escogido por los fundadores fue el de River Plate, la traducción al inglés de Río de la Plata. Cuatro años después, el 3 de abril de 1905, seis adolescentes hijos de inmigrantes nacidos en Italia fundaron un nuevo club de fútbol. De ahí el apodo de xeneizes, que significa genovés en el dialecto de la ciudad italiana de Génova. Los fundadores, en cambio, acordaron que sus colores serían los mismos que los de la bandera del primer barco que atracara en el puerto. Si Boca Juniors ha vestido de amarillo y azul por más de 100 años es porque aquel barco provenía de Suecia.

Tenía que ser así. La gigantesca Buenos Aires es una ciudad con mil y un lugares para fundar un equipo de fútbol y, sin embargo, el destino quiso que tanto Boca como River nacieran en el mismo barrio: el de la Boca, que debe su nombre al puerto en el que se produce la desembocadura del río Riachuelo en la bahía del Río de la Plata y que es uno de los barrios más coloridos y pasionales de la capital argentina. Es el hogar de Boca Juniors y el corazón de la Bombonera. River, a pesar de nacer allí, se mudó muy pronto de casa y, desde la década de los 30, juega sus partidos en el imponente Monumental, ubicado en el barrio, también portuario, de Belgrano, al norte de Buenos Aires.

Un 2 de agosto de 1908 se celebró el primer Boca-River de la historia. Aquella primera vez fue un encuentro amistoso que terminaron ganando los xeneizes por 2-1. A pesar de la derrota, River puede presumir de que el primer Superclásico oficial del fútbol argentino, disputado el 24 de agosto de 1913 en el viejo estadio del Racing de Avellaneda, se saldó con victoria millonaria. El 23 de diciembre de 1928 se registró la mayor goleada en la historia de los Boca-River: los xeneizes golearon a sus vecinos con un inapelable 6-0. Como nota curiosa, el árbitro decretó el final del encuentro a falta de siete minutos por petición expresa del capitán de River Plate, que estaba jugando con dos futbolistas menos en el campo por culpa de un choque cabeza con cabeza y la imposibilidad de realizar más cambios.

El 20 de septiembre de 1931, cuando solamente se llevaban 25 minutos de juego, el árbitro expulsó a tres jugadores de River y estos se negaron a abandonar el campo. Instantes antes se había pitado un penalti a favor de Boca que los xeneizes convirtieron después de una falta al portero millonario, que lo detuvo de primeras, pero no pudo blocarlo en el rechazo definitivo. El partido fue suspendido y tuvo que ser un tribunal quien, pasado un tiempo, dictaminará la victoria final de Boca. Aquel choque de 1931 fue una de las primeras semillas de una rivalidad que cada vez despertaba más pasiones. En 1935, River Plate, que ya venía realizando fichajes a precios muy costosos, oficializó la contratación de José María Minella por 37.500 pesos, lo que le valió para ganarse el apodo de “millonario”.

La década de los 40 fue la de la consagración de un equipo de leyenda que comenzó a conocerse como “La Máquina de River”. Fue una etapa breve, pero inolvidable en la que los aficionados de River disfrutaron de un equipo ultraofensivo que partía de inicio con dos mediapuntas, dos extremos y un delantero centro. Uno de los integrantes de ese ramillete de atacantes fue Ángel Labruna, que en la actualidad ostenta el honor de ser el máximo goleador de la historia de los Boca-River con 22 tantos. Uno de esos goles se produjo el 19 de octubre de 1941, en un 5-1 que es hasta la fecha la mayor goleada que los millonarios le han endosado a su eterno rival. Por si fuera poca la alegría, poco tiempo después, el 8 de noviembre de 1942, los hinchas de River vieron como sus futbolistas celebraban un título de Liga dando una vuelta olímpica a la Bombonera. Los millonarios necesitaban un punto para proclamarse campeones delante de todos los aficionados de Boca y no desaprovecharon su oportunidad, a pesar de que llegaron a ir perdiendo por 2-0.

Tuvieron que pasar 27 años para que, el 14 de diciembre de 1969, Boca Juniors se tomará la revancha y festejará un título de Liga rodeando el Monumental delante de toda la hinchada de River Plate. Como en 1942, el resultado fue de 2-2 y los millonarios remontaron un 0-2 en contra. Sin embargo, en esta ocasión, el empate tuvo el efecto contrario y el conjunto xeneize consumó su venganza. Fue una celebración muy emocionante para todos los aficionados de Boca ya que, hacía poco más de un año, habían sido tristes protagonistas de la mayor tragedia en la historia del fútbol argentino. La barra brava de Boca lleva el nombre de “La 12” por lo que sucedió aquel 23 de junio de 1968 en el gigantesco Monumental. Después de un Superclásico que terminó con empate a cero, los hinchas visitantes intentaron abandonar el estadio de River pero, según cuentan los rumores, la puerta número 12 por la que debían salir nunca se abrió. El resultado fue el apelotonamiento de centenares de personas y el fallecimiento de 71 de ellas. Los motivos que causaron la tragedia aún hoy son un misterio. Nunca se encontró al responsable.

En 1966, Boca y River se enfrentaron por primera vez en la historia en Copa Libertadores, en un partido de la segunda fase que vencieron los millonarios con un resultado a favor de 2-1 que dejó a los xeneizes fuera de la lucha por el título. Para desgracia de los aficionados de River, su equipo perdió la gran final en el partido de desempate ante Peñarol. Cuatro años después, volvió a repetirse el cruce en Copa Libertadores. También el resultado. River dejó fuera a Boca tras ganar el encuentro de ida en casa y empatar el de fuera. El 15 de octubre de 1972, se abrió un capítulo nuevo en la historia de esta rivalidad al disputarse el Superclásico con mayor número de goles hasta la fecha: nueve en total. El récord se estableció en el campo de Vélez Sarsfield después de un partido loco que pudo ganar cualquiera pero que terminó con un 5-4 a favor de los millonarios.

Sin embargo, todas estas decepciones que venían acumulando los hinchas xeneizes desaparecieron de un plumazo tras derrotar a los eternos rivales en la final del Campeonato Nacional de 1976, disputada en el Cilíndrico de Avellaneda, gracias a un solitario gol de Rubén Suñé. Dos años después, Boca Juniors se alzó con la Libertadores tras eliminar en semifinales a River Plate y vencer en la final al Deportivo Cali. Además, se consagraron como bicampeones invictos de América. La afición xeneize vivía días de vino y rosas.

El del 10 de abril de 1981 es un Superclásico guardado en la memoria de todos los amantes del fútbol. Un joven de peinado y actitud rebelde llamado Diego Armando Maradona debutaba ante River con un golazo antológico con el empeine. Acababa de nacer un ídolo. Pese a que Maradona estuvo poco tiempo en la Bombonera, el 10 es uno de los grandes motivos de orgullo de los aficionados de Boca. Cosas del destino: el último partido en la carrera del pelusa fue precisamente ante River. No había mejor escenario para colgar las botas. El 25 de octubre de 1997, más allá de la victoria xeneize por 2-1, la Bombonera asistió a un cambio de guardia histórico. Los últimos pasos de Maradona en el mundo del fútbol fueron para chocar las manos y desearle suerte al joven mediapunta que estaba a punto de entrar al campo. La promesa se llamaba Juan Román Riquelme.

“El partido de la pelota naranja” es uno de los Superclásicos más recordados por el simple detalle de que ese era el color de la pelota con la que Norberto Alonso marcó uno de sus dos goles en la victoria de los millonarios ante Boca por 0-2. Aquel 6 de abril de 1986, River se plantó como campeón en la Bombonera y celebró su título dando una vuelta olímpica al feudo xeneize antes de que comenzara el encuentro. Para colmo de los allí presentes, el partido no tuvo gran historia y los millonarios vencieron cómodamente. Ese mismo año, River Plate levantó la primera Libertadores de su historia tras superar al América de Cali en la gran final.

El Superclásico del 24 de mayo del año 2000 fue la mejor forma de inaugurar el siglo… al menos para los aficionados de Boca. Los xeneizes venían de perder 2-1 en el Monumental y estaban a obligados a remontar el encuentro de vuelta en la Bombonera si querían estar en las semifinales de la Libertadores. Terminaron ganando con un contundente 3-0. Martin Palermo, que regresaba tras una grave lesión que lo tuvo seis meses parado, marcó uno de los goles del partido. Aquel tanto fue uno de los momentos más emotivos de la noche y, a la postre, como el mismo ha reconocido, de la carrera delantero de La Plat. Boca terminó ganando la Copa ante el Palmeiras.

Cuatro años después, xeneizes y millonarios volvieron a cruzarse con el trofeo más importante del continente americano de por medio. Y aquellas semifinales marcaron un precedente: fue la primera vez que se jugó sin la presencia de aficionados visitantes en el estadio local. A falta de cinco minutos para el término del partido, Carlos Tévez celebró el gol que daba a su equipo el pase a la final haciéndole el gesto de la gallina al público del Monumental. Fue expulsado y River marcó de forma agónica en el tiempo de descuento. La eliminatoria estaba igualada y tuvo que decidirse desde los once metros. Boca, que había aguantado toda la prorroga con un hombre menos, se clasificó en la tanda de penaltis y pudo festejar delante de toda la afición millonaria. Para su desgracia, en la final no tuvieron tanta fortuna y el Once Caldas colombiano terminó ganando la Libertadores de ese año.

La historia de los Superclásicos sufrió un inesperado paréntesis con el descenso de River Plate a la categoría B del fútbol argentino. El 26 de junio de 2011 es la fecha más negra en la memoria de todos los aficionados de River. El equipo con más títulos de Liga en Argentina bajaba de división por primera vez en su historia tras una temporada horrible. Para no descender, tenían que superar una eliminatoria a doble partido ante el Belgrano. El conjunto cordobés venció 2-0 en la ida. Los millonarios estaban obligados a remontar en un Monumental lleno hasta la bandera. No lo lograron. La presión les pudo. Los futbolistas de River en ningún momento lograron controlar la situación emocional que tenían enfrente. El partido fue suspendido por el árbitro con 1-1 en el marcador. Faltaban un par de minutos para la conclusión, ya no del mismo, sino de 102 años ininterrumpidos en la máxima categoría del fútbol argentino. Sobre el césped del Monumental comenzaron a caer toda clase de objetos provenientes de las gradas. Los futbolistas se agruparon todos juntos en el centro del campo y rompieron a llorar con los gritos de rabia y desesperación de sus aficionados de fondo.

River, o Riber, como comenzaron a llamarles sus amistosos vecinos, ennegreció su impoluto expediente con una mancha imposible de borrar. A pesar del descenso, el conjunto millonario demostró al mundo lo mucho que pesaba la camiseta blanca con la franja roja. Ascendieron en menos de un año y comenzaron a escalar una montaña que volvería colocarles en el Olimpo del fútbol continental. El ave fénix estaba resucitando. Tanto es así que en todo el 2014 se disputaron ocho Superclásicos y Boca no pudo ganar ninguno. Especialmente doloroso fue el del 27 de noviembre de 2014, en el que River les eliminó en las semifinales de la Copa Sudamericana y terminó llevándose el trofeo.

Unos pocos meses después, asistimos a uno de los Superclásicos más tristes de la historia. Si el de la tragedia de la Puerta número 12 dejó muy perjudicada la imagen pública de River Plate, el del 14 de mayo de 2015 implicó directamente a la afición contraria. River y Boca fueron emparejados en los octavos de final de la Copa Libertadores. El partido de ida lo ganaron los millonarios por un ajustado 1-0. La Bombonera dictaría sentencia. Al descanso, ambos equipos empataban a cero. La eliminatoria estaba abierta y todavía quedaban 45 minutos por jugarse. Sin embargo, cuando saltaron al campo para disputar la segunda mitad, los jugadores de River sufrieron una agresión con una mezcla casera de gas pimienta por parte de los hinchas de Boca ubicados en la tribuna popular de la Bombonera. Algunos como Ponzio sufrieron lesiones inmediatas en los ojos y en la piel. El encuentro nunca se reanudó, Boca fue suspendido con cuatro partidos a puerta cerrada y River se clasificó para los cuartos por decisión de la Conmebol. Esa Copa Libertadores la terminaron ganando los millonarios, que derrotaron en la final al Tigres de Monterrey tras un contundente 3-0 en el Monumental. La vida de River dio un giro de 180 grados. El descenso a la B simbolizó la grandeza de un equipo que se cayó pero volvió a levantarse todavía más fuerte. El ave fénix había resucitado.

Hace tan sólo unos meses, el 14 de marzo de este año, se disputó en el estadio Malvinas Argentinas de Mendoza una final de Supercopa argentina a 90 minutos entre Boca y River. De ese partido, que movilizó a 20.000 hinchas xeneizes frente a otros tantos millonarios y que terminó ganando River por 2-0, se escribió que era la final del siglo. Desde luego, si esa era la final del siglo, esta es la de todos los tiempos. Dos equipos con una tradición de enemistad que se extiende por más de cien años pero que, como ya hemos comprobado en centenares de ocasiones, no podrían entenderse el uno sin el otro.

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