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Hípica

«Los dos minutos más excitantes del deporte»

El Derby de Kentucky se celebra desde 1875 sin que las Guerras Mundiales o la Gran Depresión lo hayan interrumpido. Hoy se disputa la edición 144.

«Los dos minutos más excitantes del deporte»

Para los americanos son The Most Exciting Two Minutes in Sports (“los dos minutos más emocionantes del deporte”). Y no, no es la Superbowl del fútbol americano, ni las Series Mundiales de béisbol. Ni siquiera la final de la NBA. Es el Derby de Kentucky, la carrera de caballos más famosa, histórica y mediática que se celebra en los Estados Unidos.

Esta carrera nació, como casi todo en ese país, como réplica a una creación inglesa, el famoso Derby de Epsom, (el termino Derby viene de Lord Derby, creador de la prueba de caballos inglesa, nada que ver con los Madrid-Atleti, aunque parezca increíble). Así, cuando en 1875 Meriwether Lewis Clark vivió el recién creado Derby de Epsom, quedó maravillado del ambiente de la carrera, y decidió trasladar a la excolonia el evento deportivo. Porque para montar una nación como es debido había que tener bandera, himno y un Derby. Y dónde mejor que en Kentucky, principal centro de cría de caballos en Norteamérica.

Así que, nada más regresar al estado sureño, el bueno de Clark organizó el Louisville Jockey Club con el propósito de reunir los suficientes fondos para poder montar un hipódromo como mandan Dios y la Reina de Inglaterra, máxima autoridad en esto de las carreras de caballos. Clark convenció a los acaudalados John y Henry Churchill para que le cedieran unos terrenos a las afueras de la ciudad, lo que en adelante se conocería como Churchill Downs, anticipándose a los Emirates Stadium, Mercedes-Benz Superdome y demás nombres comerciales tan del Siglo XXI.

En 1875 se celebró la primera edición de la carrera. Había nacido el Derby de Kentucky que, desde entonces, se celebra todos los años, sin que las Guerras Mundiales o la Gran Depresión hayan impedido la disputa de la que se ha convertido en una prueba emblemática para el deporte americano. Y si el Derby de Epsom gusta de celebrarse el primer sábado de junio, la fecha elegida por los americanos es el primer sábado de mayo, que no es lo mismo pero es igual…

Pero el Derby de Kentucky es más que una carrera. Se podría decir que en ella se refleja la evolución social de los Estados Unidos, por ejemplo, en su aspecto racial; en su primera edición, el 90% de los jinetes eran de origen afroamericano, ya que en el campo y con caballos principalmente trabajan jóvenes de color. Así, más de la mitad de las primeras 30 ediciones fueron ganadas por jinetes de esta raza. Poco a poco se fue haciendo más habitual ver jinetes blancos, pero tampoco vamos a volvernos locos; los “nuevos negros” del Derby de Kentucky son de origen latino, sobre todo centroamericanos, reflejo del cambio social de los Estados Unidos.

Si hay algo que gusta a los americanos es crear tradiciones (“seremos un país reciente, pero recuperamos el tiempo con rapidez” escribió un afamado historiador americano). Mientras en el tradicional Royal Ascot inglés se consume ese infame cocktail denominado Pimms, en Kentucky aman el Mint Julep, un combinado a base de bourbon, menta y azúcar (sí, sabe tan horrible como se imaginan), llegándose a consumir más de 800.000 unidades de este absurdo invento (tampoco vamos a sorprendernos, si pensamos que el famoso Bourbon Jim Beam es ahora propiedad de una empresa japonesa). Y si en Wimbledon se degustan fresas, aquí, dado su naturaleza más rural, prefieren el burgoo, un guiso de vaca, pollo y cerdo (imaginan bien, se come todo junto).

Pero el Derby también tiene una costumbre quizá más glamourosa y sin duda más perfumada como es la tradición (de nuevo este vilipendiado término) de premiar al caballo ganador con una guirnalda de 554 rosas rojas. Dicen que este peculiar premio se originó cuando E. Berry Wall entregó rosas a las señoritas presentes en una fiesta tras el Derby en 1883, lo que le dio la idea al creativo Lewis Clark de convertir a la rosa en la flor oficial de la carrera, y de ahí su nombre de The Run for the Roses (“la carrera por las rosas”), en un tremendo alarde de imaginación.

Kentucky también tiene sus héroes; quizás el más recordado es Secretariat, el caballo que revolucionó las carreras con sus medidas (1,68 metros de altura y 533 kg de peso) y que ostenta el record de la prueba al bajar de dos minutos. Fue votado en el número 35º de los mejores atletas estadounidenses del siglo XX, siendo portada en una sola semana de las revistas Time, Newsweek y Sports illustrated. Protagonista de una película (bastante mala por cierto) estrenada en 1981, tras su muerte la autopsia reveló que su corazón era el doble de grande (algunos dice que el triple, ya puestos…) que el de un equino de sus características.

Pero al margen de bebidas, rosas y pamelas, el Derby de Kentucky es una gran carrera de caballos, quizás la mejor de Estados Unidos, que reúne a los 20 mejores caballos del país. Lo atestiguan las 150.000 personas que lo viven en directo, los más de 16 millones de personas que lo ven por televisión, y los casi 150 millones de dólares que se cruzan cada año en apuestas en la prueba de Kentucky. Un acontecimiento de unas dimensiones brutales. Y sobre todo muy, pero que muy americano; por eso son los dos minutos más excitantes del deporte americano.

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