Dez Bryant tendrá que volver a salir del agujero | NFL | A la Contra
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Dez Bryant, en su época en Dallas. / Foto: CSM/LANDOV/Cordon Press

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Dez Bryant tendrá que volver a salir del agujero

La vida de Dez Bryant es una montaña rusa. Tras haber encontrado equipo, se ha roto el tendón de Aquiles en su primer entrenamiento con los Saints.

La vida de Dez Bryant es una montaña rusa de buenos y malos momentos, ha tenido que superar distintas piedras que la vida le ha ido poniendo por el camino. Ahora, tras haber encontrado equipo, se enfrenta a una rotura del tendón de Aquiles que se produjo en su primer entrenamiento con los New Orleans Saints. Sus compañeros le dedicaron cada touchdown que anotaron este fin de semana con su símbolo de la ‘X’ (gesto que utiliza el jugador para tachar la errónea imagen que la gente tiene de él).

Para Bryant será un bache más en un largo camino empedrado de problemas financieros, sociales y familiares. Su madre, Angela Bryant, se quedó embarazada con 14 años tras haber sido violada por el novio de la abuela de Dez. Cuando la abuela se enteró del suceso, abandonó a la familia y acabó enganchada al crack y Angela Bryant pasó a ser la mujer de la casa que quería MacArthur Hatton (el padre biológico de Dez Bryant y la expareja de su abuela). Angela siguió sufriendo las violaciones de Hatton y se quedó embarazada dos veces más. Años después, cuando se le preguntó por aquellos sucesos, la madre del jugador dijo: “No era consciente, tenía otras preocupaciones como alimentar a mis hijos y mantenerlos bajo un techo”.

Dez Bryant se crió en Lufkin, un pequeño pueblo texano de 35.000 habitantes rodeado por grandes industrias. En aquellas fabricas trabajó Hatton hasta que se lesionó la espalda y tuvo que dejarlo. Su sueldo era muy bajo y la madre tuvo que hacer horas extras en un hotel para poder alimentar a sus hijos. Para poder cenar, muchos días la familia tuvo que visitar al Ejercito de Salvación. Por este mismo motivo, Angela Bryant empezó a vender crack. Muchas veces, cuando el jugador de los Saints llegaba a su hogar, se encontraba a drogadictos en casa. Este estilo de vida le acabó pasando factura a la madre: año y medio en prisión por la venta de estupefacientes.

El día que Angela Bryant salió de la cárcel tuvo una cosa clara: alejar a su hijo de las drogas y las malas influencias. La mejor solución que se le ocurrió fue inscribir a Dez Bryant en el equipo de fútbol del colegio. Al principio no podía entrar en el equipo, la familia era pobre y no tenía recursos para pagar las protecciones necesarias para practicar el deporte. Dez Bryant confesó a la revista Rolling Stones que esa misma tarde robó una equipación y gracias a eso pudo entrar en el equipo de la escuela.

Cuando entró en el equipo del Lufkin High School, sus entrenadores no tardaron en ver el potencial que tenía, pero había un problema: las notas del jugador no acompañaban y así difícilmente conseguiría beca para la NCAA. Brooke Stanford, entrenadora y maestra del jugador, jugó un papel fundamental para que la carrera de Bryant no se terminase en el colegio. Reclutó a un equipo de maestros para mejorar sus calificaciones con clases extraescolares. Además, comprobaron que Dez Bryant tenía un problema de desnutrición (durante mucho tiempo la nueva pareja de su padre biológico le ponía un candado a la nevera para que no cogiese comida) y le llevaron meriendas pagadas de sus propios bolsillos.

Tenían mucho trabajo por delante, pero Dez Bryant también puso de su parte. El exjugador de Cowboys consiguió avanzar tres años de aprendizaje en tan solo dieciocho meses. Stanford reconoció que sus discapacidades tan solo eran emocionales, nunca fueron intelectuales. Todo el esfuerzo que Bryant se dejó en las aulas y en los terrenos de juego tuvo su recompensa: consiguió una beca para la NCAA con la Universidad de Oklahoma.

Dez Bryant recuerda su etapa universitaria como una de las mejores de su vida. Entonces tenía para comer, se dedicaba todo el día a jugar al fútbol y era feliz. Gunter Brever, entrenador de receptores de la Universidad de North Carolina (donde entrenó a Randy Moss) y de la Universidad de Oklahoma, recuerda a Bryant como un jugador que “deseaba hacer siempre lo correcto, pero que le costaba ir a clase”. Con los Oklahoma Sooners estaba registrando grandes números (2.100 yardas, 130 recepciones y 25 touchdowns) hasta que la fortuna volvió a desaparecer.

En su tercer año universitario, Dez Bryant quedó para cenar con Deion Sanders (ídolo futbolístico suyo y analista de la NFL); sin embargo, cuando el comisionado de la NCAA le preguntó si había quedado con el exjugador, el ex de Cowboys en un arrebato de nerviosismo y miedo mintió a la comisión. Cuando se descubrió la verdad, el jugador fue sancionado durante toda su tercera temporada sin poder jugar ningún partido. Como consecuencia del castigo, el jugador decidió salir a la elección del draft ese mismo año.

Durante esa negada campaña, Dez Bryant conoció a David Wells, un “reparador urbano que rescata almas perdidas”. Wells le acogió, le costeó todo lo que necesitaba y Bryant confió en él todos sus asuntos financieros, aunque más adelante acabaría siendo una de las decisiones más erróneas en su carrera. La negociación de sus contratos fue pésima; además, las cuentas de Bryant tenían movimientos de dinero a lugares desconocidos o el pago de 80.000 dólares para varios seguros de coche que no estaban a nombre de Bryant. David Wells, tras la acusación de Bryant, dijo que no necesitaba robar a una persona con la que había ganado diez millones de dólares.

Su carrera deportiva en Dallas tampoco fue muy agradecida. A pesar de que el receptor fue recibido con especial ilusión el la ciudad tejana, desde el primer día en el club desconfiaron del jugador. La gente tenía una imagen errónea de él, de una persona con malas compañías y derrochadora. La única realidad, según él, es que solo se gastó dinero en ropa y dos coches (uno para él y otro para su novia). Casi nunca se le ha visto con una copa en la mano, nunca ha probado las drogas y siempre ha tenido una obsesión vigoréxica. Tony Romo, exquarterback de Cowboys, asegura que “una de sus mejores virtudes es la pasión e intensidad que le pone a los partidos”.

Tres temporadas buenas (2012/13/14), en las que registró mas de 1.200 yardas por temporada, más de 90 recepciones y 14 touchdowns de media, fueron tapadas por incidentes extradeportivos: un arresto por pegar a su madre (un incidente doméstico en el que la acabó golpeando); una demanda por impago de unas joyas durante su etapa universitaria (el denunciante acusó a Bryant de deberle casi 900.000 dólares —el asunto se zanjó con un pago cercano a 500.000 dólares—) y los malos gestos con sus compañeros por las históricas novatadas que se suelen hacer a los rookies (Roy Williams le obligó a llevar sus armaduras, pero él se negó expresando: “Yo no estoy aquí para llevar las protecciones de nadie, estoy para jugar al football. Williams le quitó importancia al encontronazo ante los medios reconociendo que no estaba molesto por el gesto).

Tras varias temporadas en las que el jugador no rindió como se esperaba, por diferentes motivos, y no consiguió encajar bien con el nuevo quarterback de los Cowboys, Dak Prescott, el resultado fue que el equipo tejano decidió cortar al final de la campaña pasada a Dez Bryant. Su primera idea fue ir a un equipo de su misma división (Redskins, Eagles o Giants) para enfrentarse contra Dallas con ganas de venganza, pero ninguna franquicia apostó por él. La semana pasada firmó con los Saints, pero desafortunadamente en su primer entrenamiento se rompió el tendón de Aquiles. Ahora, el jugador tendrá que volver a salir de otro agujero negro que ha aparecido en su camino.

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