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Fotomatón

El día que te jubilas

A veces, una fotografía te sirve para explicar mejor que las palabras lo que deseas, sea o no sea mirando al mar.

Hoy en día, el periodismo está en cualquier parte y, por supuesto, en una fotografía. La diferencia está en los ojos que lo miran o cómo lo miran o cómo yo mismo me he acercado a realizar esta fotografía que expresa algo más que cuatro hombres mayores de espaldas mirando al mar. Refleja a cuatro jubilados con una caña de pescar cada uno, sin la tiranía del reloj ni de los resultados. Refleja, efectivamente, esa palabra llamada jubilación objeto de deseo en estos tiempos hasta de ciudadanos que no han llegado ni al ecuador de su vida laboral. Pero es que vivir también es eso. Vivir sin presiones. Vivir sin horarios. Vivir mirando al mar sin miedo a la dureza del mar ni a que caiga la noche en el puerto de La Coruña, donde esta noche ya empieza a hacer fresco y casi es una imprudencia no abrigarse. Pero esa es parte de la diferencia entre el imperativo de estar ahí o el deseo de estar ahí: la jubilación.

La jubilación dorada, que yo les digo luego a estos señores y que ninguno de los cuatro me va a rebatir.  La jubilación que seguramente se merecen y que se explica en esta fotografía. La jubilación, esa palabra que ha adquirido un descarado peso en estos tiempos porque cada vez nos parece más difícil reducir distancias con ella. La jubilación, incluso, en profesiones vocacionales como la de los periodistas que se dedican a escribir. Pero es que tampoco es fácil escribir en estos tiempos tan salvajes para los medios.

Quizá por eso he sentido la rápida tentación de hacer esta fotografía. Quizá porque, al verles a ellos, he querido imaginarme a mí mismo o a cualquiera de ustedes el día que tengan derecho a la jubilación. El día en el que no haya que dar explicaciones a nadie. El día en el que uno sea dueño de su propio tiempo como lo son estos cuatro hombres que están esperando a que caiga la noche en el puerto con la caña de pescar. El día en el que tendremos más arrugas. El día en el que quizás tengamos el pelo blanco y achaques que no tienen por qué mostrarse en las fotografías. Pero, sea como sea, que llegue ese día, que uno se lo merezca y que llegue a tiempo. Hoy, lo volví a sentir claro.  La fotografía sólo ha prestado una ayuda. Porque a veces una fotografía te sirve para algo más que para contar una historia. También para explicar mejor que las palabras lo que deseas: sea o no sea mirando al mar.

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