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Txus Vidorreta en pleno rezo al trío arbitral durante la semifinal copera entre Barça y Tenerife / ACB Photo

Copa del Rey

Diarios de Madrid 2019: de los rezos de Vidorreta a los imanes de La Nevera

Los minutos decisivos de la primera semifinal tuvieron su miga. Con una imagen que valió más que mil palabras: Txus Vidorreta postrado en el suelo, como si rezase a todos los santos habidos y por haber

Hay dos tipos de trabajadores que a uno le llaman especialmente la atención en esta Copa del Rey de baloncesto. De esos que es difícil ver desde el sofá de casa y que destacan más cuando uno vive los partidos en el lugar de los hechos. Centrémonos primero en los cámaras de televisión que esperan, justo debajo de la canasta, a que se produzcan acciones interiores. Lo que sorprende de ellos no es que de cuando en cuando se lleven un golpe o más de uno. No, es más llamativo advertir que se sientan en un asiento minúsculo, sin ningún tipo de apoyo para la espalda. Y no sólo eso: la silla en cuestión parece estar a punto de romperse, víctima de un estiramiento demoledor, en cualquier momento.

Más allá de temer por la integridad física de estos compañeros (quejarse por los efectos secundarios de la posición incómoda que uno adopta en la tribuna de prensa parece mal después de fijarse en esto), siempre puede haber algo peor. Sobre todo, si te gusta el baloncesto y eres vigilante de seguridad. En Madrid 2019 hay uno que vigila todo lo que hacen los periodistas y los aficionados situados enfrente de su posición. Lo que quiere decir que el (pobre) hombre no puede ver ni un segundo de lo que acontece, detrás de él, en la cancha. Si le hace gracia o no, nunca lo sabremos. Desde luego, su semblante no dibuja una sonrisa en ningún momento durante las veladas coperas.

Algo que parece que tampoco hace gracia en el presente torneo es la animación. No son pocos los que expresan, a través de las redes sociales, que el speaker de esta Copa no tiene carisma. Ese sentir crítico también le llegó desde la grada este sábado, cuando intentó ganarse al respetable mediante una ola… sin éxito. Como admitieron ciertos pitos. Desde luego, cuesta recordar algún momento suyo bañado en éxtasis. Se podría decir que su clímax de entusiasmo hasta la fecha han sido las revisiones de algunas jugadas dudosas. Algo que no parece jugar demasiado a su favor.

Ya que las semifinales tampoco generaron una emoción descollante, hubo ratos en los que el foco pudo centrarse más en lo que ocurría fuera del parqué. Ferreras y Pastor, ya habituales de este cuaderno de bitácora, protagonizaron una escena que pareció sacada del juego de las sillas cuando aparecieron en primera fila: ahora me siento aquí, luego allí, perdón por las molestias (al resto de pobladores de las sillas de pista, que se levantaban uno detrás de otro)… Al poco de tanto trajín, fue curioso ver cómo Carlos Suárez, Jayson Granger y Jaime Fernández abandonaban la zona. Resistió, de forma irreductible, Quino Colom. Con gorra primero y sin ella después.

La afición del Baskonia tuvo un par de momentos de gloria. Para empezar, alegró la tarde a un histórico del periodismo baloncestístico español, Rafa Muntion. Un rato antes, este parecía un tanto resignado. Más que comprensible: se supone que esta es su última Copa (29, que se dice pronto) y el equipo gasteiztarra, al que sigue hasta el fin del mundo si hace falta, ya está eliminado. Con la nostalgia al frente de las operaciones, que su nombre empezase a ser coreado por la hinchada baskonista debió conmoverle sobremanera. Agradecido y emocionado con el gesto, solamente pudo decir, con reverencias desde su posición, que gracias por todo.

El otro episodio digno de mención de los reyes de las gradas Copa sí y Copa también (aunque en la que nos ocupa el trono lo podrían ocupar perfectamente los aficionados del Madrid) tuvo que ver con una ciudad. La que los baskonistas parecieron designar, a grito pelado, como próxima sede del torneo del KO: Burgos. Nadie podrá decir que por allí no se merecen disfrutar de tal honor. Además de esa reclamación, llegó un momento, en pleno final comprometido del Barça-Tenerife, en el que pareció que se coreaba más el uso del Instant Replay (el VAR de la canasta, vamos) que una canasta.

La verdad es que los minutos decisivos de la primera semifinal tuvieron su miga. Con una imagen que valió más que mil palabras: Txus Vidorreta postrado en el suelo, como si rezase a todos los santos habidos y por haber. Acabó expulsado (según parece, por tal reacción ante el arbitraje), pero dejó la pista con la conciencia más que tranquila. Los nervios se los quedó Pepe, delegado del Madrid e impaciente observador de lo que ocurría antes de que los suyos tuviesen que competir. También Llull, algo cariacontecido justo a la hora de entrar en acción junto a sus compañeros.

Sin embargo, la inquietud les abandonó en un santiamén. Sin un gran Laprovittola, la Penya apenas compareció 24 horas después de su atracón en cuartos. Así de cruel es el deporte: a veces pasas de lo más alto a lo más bajo en cuestión de horas. Y en el Madrid son especialistas a la hora de activar el modo oficinista y convertir lo extraordinario en rutinario. 24 horas después de triturar a Estudiantes, el Joventut quedó por lo menos igual de destrozado al paso de los hombres de Laso.

Por lo tanto, se cumplió el pronóstico que la animadora oficial de esta Copa, Queen Mary, vaticinó por despiste antes del salto inicial de la segunda semifinal. Confundió al Joventut con el Barça y, sin quererlo, predijo que el conjunto azulgrana se medirá al Madrid este domingo en la gran final. El Clásico soñado, por tanto. Lo que significa todavía más hojas (de estadísticas, declaraciones y lo que se tercie) a repartir por los esforzados voluntarios. Otra cosa (la última) que apena por hoy al que escribe: la cantidad de papel que se gasta por aquí aun en la era de Internet. Eso sí, todo sea por la gloria y gracia de este maravilloso deporte.

Uno en el que hay una fuerza invisible que maniata, sin saberlo, a los jugadores. Estos, en sentido metafórico, llevan una camiseta de hierro que funciona como un imán en la línea de tres puntos de cualquier pista que se precie. Es llegar al perímetro y… ¡pies quietos! Atención también a los espacios: quien los maneja mejor suele ganar muchos partidos en este deporte. No lo dice servidor: apuntes vía Jota Cuspinera en un interesante clínic que albergó La Nevera (no se rían: así se llama el pabellón. Y allí se suelen pegar muchos imanes también. Ya pueden perdonar el mal chiste…). Seguiremos pendientes de los imanes y los espacios en los partidos que estén por venir, desde luego. Habrá que empezar con el duelo por el título copero, en menos de 24 horas.

Crecí soñando con contar las gestas de Gasol, Nadal y Contador. El sueño se hizo realidad, sobre todo en las canchas. Años después, pisé unas cuantas, conté las historias de sus habitantes y descubrí que los deportistas, aunque no lo parezca, también son de carne y hueso. Eso sí, nunca se deja de soñar. Ni de aprender. E ir a la contra, marcar la diferencia, nunca está de más

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