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Gerard Piqué y Antoine Griezmann no se quisieron perder el primer día de competición en la Copa / ACB Photo.

Copa del Rey

Un abrazo sorprendente, millonarios a pie de calle y Piqué no sin sus palomitas

Acostumbrado a una visión prácticamente televisiva, el informador de turno ve las cosas de otra manera estos cuatro días.

Imaginen la siguiente escena: un árbitro de élite abrazándose con un directivo de uno de los mejores equipos del planeta. Bastante impensable en el fútbol, ¿no? Bien, pues es algo que se puede ver en la Copa del Rey de baloncesto. En el caso que nos ocupa, el saludo afectuoso lo protagonizaron el colegiado Daniel Hierrezuelo y el director del Real Madrid de la canasta, Juan Carlos Sánchez. Todo esto pocos días después del aparatoso golpe que se llevó Rudy Fernández a manos de Vincent Poirier (del Baskonia) delante de Hierrezuelo. Y que tanta cola trajo (la acción no fue sancionada) entre los habituales del recinto que ahora alberga el torneo del KO: el Palacio de los Deportes (o WiZink Center, aunque aquí apoyamos más el nombre castizo). Demostrado, por tanto, que la Copa es especial. Y que puede cambiarlo (e incluso perdonarlo) todo.

El periodista habituado a cubrir los partidos ligueros o europeos que acoge la calle Goya, más que resabiado en cuanto al pabellón y sus entresijos, se siente como si estuviera en un lugar distinto. De hecho, accede al recinto por otra calle… ¡y se sienta detrás de una canasta! Esto, habitual en toda Copa que se precie, choca sobremanera en el Palacio. Acostumbrado a una visión prácticamente televisiva, el informador de turno ve las cosas de otra manera estos cuatro días. Más cerca y con la opción de percatar más y mejor los pequeños detalles. Como el esqueleto de las retransmisiones de Movistar +, por ejemplo: increíble que una pequeña cámara colgada de un palo bastante mayor (con pesa incluida en un extremo) pueda captar planos tan impresionantes como los que pueden admirarse luego en televisión.

Otra cosa que a uno le llama la atención es ocupar el lugar que suele corresponder a la afición más apasionada del Madrid y de Estudiantes. Ahora ellos están en las gradas de arriba y nosotros abajo. Hasta se echa en falta el olor a perrito caliente que suele llegar, día sí y día también, hasta la zona habitual de prensa del Palacio. La Copa también se sale de la norma en eso. Aquí se estila más el catering. Cenar a horas más propias de los ingleses se vuelve algo innegociable para muchos: el trabajo obliga.

Hasta los agentes resultan más accesibles en un evento así. Ver a un mandamás de este sector como Misko Raznatovic en primera línea de ‘playa’ impone. Más que nada, porque es un Jorge Mendes baloncestístico. Otros dejan la vestimenta formal y los focos para otro rato, como Claudio Villanueva (en grada y con camisa más mundana: es el representante de los argentinos más pujantes en este deporte). Por otro lado, contemplar a los jugadores con un look más de carne y hueso también impresiona. Después de que Toko Shengelia abandonase el Buesa Arena en un Hummer hace unos días, verle en modo ‘andar por casa’ (gafas y sudadera) en Madrid es algo chocante.

Pero aún puede haber escenas más atípicas que estas. Como bajar unas escaleras y cruzarte, como si nada, con uno de los empresarios más importantes de España: Juan Roig, presidente de Mercadona y, a la vez, máximo accionista de Valencia Basket. Ya decimos que la Copa tiene algo especial. También para los jugadores, que no tienen reparos a la hora de hacerse fotos con los aficionados mientras disfrutan de un partido o de cambiarse el sitio con compañeros de profesión. En el primer partido de este jueves, Granger y Shengelia (del Baskonia) ‘cedieron’ sus localidades, como por arte de magia, a Oriola y Hanga (del Barça) en el intervalo entre una mitad y otra.

¿Y qué pasa con las aficiones? Que, sorpresa, la del Madrid va a ganar este año: más de 3.000 hinchas. Será que el torneo es al calor del hogar y que esta vez no ha tocado hacer la maleta: no es lo habitual. Eso sí, algunos entusiastas se hacen notar más que otros. A los del Barça, por ejemplo, costó localizarles más que otros años. No a los del Iberostar Tenerife, capaces de vibrar hasta con un partido un tanto descafeinado: el que abrió la Copa. Por cierto, no hubo duelo africano (correcto Niang en el tiempo del que dispuso; inédito Okouo). Y, por mucho que lo intentó, Unicaja apenas pudo con Beirán, Iverson y compañía.

El favoritismo malagueño sí viró, pero hay cosas que nunca cambian en el Palacio. Porque, sí, Antonio García Ferreras, como Jack Nicholson que es de este pabellón, apareció justo antes de que Barça y Valencia Basket arrancasen su duelo de cuartos. ¿Pensaban que sólo acudiría a la llamada del Madrid? Pues no: ¡más baloncesto! Y hasta fútbol, porque Antoine Griezmann fue otro VIP que se dejó ver a pie de pista. Pero no el único relacionado con el deporte rey: Gerard Piqué, palomitas en mano y ya que se sorteaba ‘su’ Copa Davis en la capital, quiso apoyar in situ la causa azulgrana. De hecho, el segundo partido copero del día reunió a los ideólogos del documental con el que Griezmann, al más puro estilo NBA, anunció que continuaba en el Atlético de Madrid: él, Piqué y el periodista Héctor Fernández se sentaron muy cerca. Eso sí, el defensa tendría prisa, pues se fue antes de tiempo.

Tampoco se puede pasar por alto el ‘Navarro, vete al teatro’ (cántico popular entre la afición madridista) que se escuchó antes y durante un homenaje que le brindó la ACB a la leyenda. En medio del buen ambiente general, la consigna chirrió un poco. Los pitos se fundieron con los aplausos (que se impusieron, también a los gritos de ‘fuera’) cuando ‘La Bomba’, de traje (esto sí que fue raro), apareció en escena. ‘Qué más da’, afirmó convencido cuando un periodista, entre el griterío, le sugirió que volviese a sumergirse en las entrañas del pabellón. Ay, los colores…

Ya que hablamos de eternos rivales, Prepelic y Kuzmic fueron los únicos jugadores del Madrid que se dejaron ver, más o menos, en el primer día de competición (hubo representación nutrida del resto de equipos). Uno que terminó con la hinchada del Baskonia llevándose la palma en la grada (para variar en materia copera) y con el Barça esquivando la que hubiese sido la segunda sorpresa de la jornada. Lo dicho: la Copa no es más de lo mismo

Crecí soñando con contar las gestas de Gasol, Nadal y Contador. El sueño se hizo realidad, sobre todo en las canchas. Años después, pisé unas cuantas, conté las historias de sus habitantes y descubrí que los deportistas, aunque no lo parezca, también son de carne y hueso. Eso sí, nunca se deja de soñar. Ni de aprender. E ir a la contra, marcar la diferencia, nunca está de más

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