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Mikkel Hansen levanta el título de campeones del mundo. Foto: Cordon Press

Balonmano

Dinamarca hereda el trono mundial del balonmano

Los daneses, oro en los últimos Juegos de Río, se llevan por primera vez el campeonato del mundo después de ganar todos los partidos. Noruega, que pierde por segunda vez consecutiva la final ante los anfitriones, no fue rival (22-31)

El pabellón Juske Bank Boxen de Herning estaba preparado para una fiesta y su selección se la ha ofrecido. Los hombres entrenados por Nikolaj Jacobsen han levantado, a la cuarta ocasión, su primer campeonato del mundo. Y lo han hecho con toda justicia, venciendo a todos los rivales que se le han presentado por el camino, con especial autoridad a Francia en semifinales y este domingo a Noruega en la final. Los galos, grandes dominadores de este deporte desde principios de siglo y hasta hace unos minutos campeones del mundo, entregan el cetro mundial a Dinamarca y, si bien los nórdicos no han acumulado tantos triunfos seguidos como les bleus (cuatro de los últimos cinco Mundiales, dos oros y una plata en los últimos tres JJOO), podría abrirse el debate si se está ante un cambio de ciclo. Porque lo que ahora indican las estadísticas es que los daneses son vigentes campeones olímpicos y del mundo.

Los dos combinados habían llegado a la final por la supuesta parte más sencilla del cuadro y partiendo del mismo grupo. El 17 de enero, Dinamarca y Noruega ya se habían visto las caras, saldándose el encuentro con victoria local por 30-26. En la previa se citaban los antecedentes que señalaban de la dificultad para vencer a un mismo equipo dos veces en un campeonato. También de la presión que suele atenazar a los daneses en los grandes encuentros, y más si los juegan en casa. Esta vez dinamitaron los pronósticos ganando a sus vecinos del norte con mucha más suficiencia que en la primera fase.

Dentro de dos selecciones que funcionaban muy bien colectivamente, se presentaba la final en términos Mikkel Hansen vs Sander Sagorsen. El choque comenzó con protagonismo de los dos laterales izquierdos del PSG pero, mientras el primero no necesitó cuajar su mejor partido para aupar al equipo, el segundo se hundió junto a los suyos. Los focos se fueron hacia Niklas Landin, el guardameta que también se desquitó del chascarrillo que le acusa de no aparecer en grandes partidos y en Jondal, el noruego que salvó el honor patrio con nueve tantos desde el extremo.

A los seis minutos empezarían a caer los barcos vikingos. Mensah ponía en ese momento por primera vez por delante a Dinamarca, para poner rumbo definitivo hacia el horizonte de la medalla de oro. Mientras que los noruegos eran incapaces de parar al ataque rival –especialmente incisivo desde el lateral derecho–, en el otro lado las piernas danesas se movían y saltaban para que el parapeto de Landin fuese mucho más efectivo. Ya a los quince minutos la ventaja era de cuatro (6-10), que pasó a cinco en el 23 (8-13), a seis en el 27 (10-16) y a siete en el descanso (11-18). Todos los locales aparecían y cumplían con su cometido, sin que hubiera fisuras ofensivas ni defensivas. Era el partido coral casi perfecto. La eficacia en el lanzamiento daba otra pista: Dinamarca tenía un 75%; Noruega un 48%.


Tímida reacción que no llega a nada


Los de Jakobsen estiraron el electrónico un poco más al salir de vestuarios (13-21 en el minuto 35) para dar paso a unos minutos en los que dio la sensación de que podía haber un atisbo de reacción. Noruega, que venía de una batalla física ante Alemania, ajustó el agujero de su flanco izquierdo y el marcador se apretó hasta tener oportunidad de ponerse a cinco. Dinamarca aplacó la revuelta y la esperanza del espectador neutral poniendo la distancia de nuevo en ocho, después en nueve (15-24) y finalmente hasta en once (15-26) a falta de trece minutos. Los daneses, con Landin acongojando, sabían que el título ya no escapaba. También lo debía saber Christian Berge, seleccionador noruego, que quitó a su joven y rutilante estrella Sagorsen para librarle de la quema. El exquisito lateral, como muchos de sus compañeros, estaba cerca de perder su segunda final de mundial consecutiva. Con 23 años, tiene una vida deportiva entera con la que resarcirse.

Los últimos minutos del partido fueron una fiesta anticipada en honor a los campeones, quienes pusieron en pista a sus jugadores menos habituales para que también fuesen partícipes de la celebración.

El marcador señalará un 22-31 final, al que le acompañará el dato de que Dinamarca ganó el Mundial haciendo un perfect: diez partidos; diez victorias. Y que el trono está en sus manos. El presente es suyo y el futuro inmediato quizás también. La pelea, el juego como dirían en la serie que tienen ustedes en la cabeza, promete ser apasionante.

En la selva del periodismo, A La Contra me es un gran ecosistema donde habitar. No entiendo la vida sin deporte, así como tampoco sin historias. En este espacio intentaré contar las que piense pueden resultar interesantes, y hacerlo con estilo propio. Como Hornby, me enamoré del fútbol "tal como más adelante me iba a enamorar de las mujeres: de repente, sin explicación, sin hacer ejercicio de mis facultades críticas, sin ponerme a pensar en el dolor y en los sobresaltos que la experiencia trae consigo”

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