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Dios
Leo Messi, durante el himno argentino I CORDON PRESS

Crónicas Matrioskas

Dios ha muerto

Mientras sonaba el himno argentino, no vi a Messi cantarlo, le vi rezar todo lo que sabía.

Media hora antes de que empezase el partido entre Argentina y Croacia, no se me ha ocurrido mejor idea que mandarle un mensaje a una de mis mejores amigas, que es argentina. Los caracteres recorrieron la distancia entre Madrid y Buenos Aires en apenas unos segundos. Qué crueldad que nos separen doce horas de avión en la vida real, ¿no?

—»¿Cómo estás? ¿Nerviosa?»

—»Si hoy perdemos, se cae el mundo».

Está tranquila. Me gusta.

No le he contado todavía (y espero que me guarden el secreto) que darme a elegir entre Argentina o Luka Modric es lo mismo que tener que escoger entre que me corten el pulgar derecho o el izquierdo, un poquito complejo, como para pensárselo un par de veces, digamos. Mientras sonaba el himno argentino, no vi a Messi cantarlo, le vi rezar todo lo que sabía. Los que van a morir te saludan; con esta retaguardia, que sea rápido e indoloro, debió pensar. Y sentí cierta empatía. El instinto de huida es uno de los más básicos del ser humano, me pasa cuando la matriarca me llama a filas, imagínense sufriendo el peso de un país en las corvas.

Vi hasta un milagro, Mascherano resucitó. Y casi me vuelvo creyente. Messi puso un balón que dibujó una comba perfecta y se posó en el punto de penalti esperando que lo rematase Luis Suárez. Lástima, Uruguay jugó ayer. Y entonces Leo se dio cuenta de que no pertenecía a ese lugar. En eso se resume esta Argentina melancólica, frustrada y prácticamente eliminada. La muerte de Dios va a desencadenar cierta crisis. En ese momento se me ocurrió pensar en cómo un país así idolatraba a un humano, el peor de los mejores, mucho más que a aquél al que muchos tildan como el mejor de los mejores. A Messi le quedará para siempre grabada en su piel una mancha negra (aparte de la de su pierna izquierda) y es responder al secreto mejor guardado de los argentinos, un acertijo entre dos reflejos, lo que les devuelve el espejo cuando se miran por las cristaleras de la calle Corrientes, el de Diego; y el que sería objeto de estudio para un tango de Gardel, el de Leo. Ellos ya han elegido.

Messi no tiene la culpa, Modric estaba enfrente. Es como tratar de coger el humo con las manos (aunque midan lo mismo). La diferencia entre uno y otro es que Luka sí existió, en todas sus dimensiones. Messi fue un sueño en la primera noche del verano; Modric, todo lo que está bien en esta vida. Croacia, un vendaval que derribó el mismísimo Obelisco con tres empujones ante los ojos de Maradona y de sus cuarenta millones de hijos.

El himno argentino termina de la siguiente manera: «O juremos con gloria morir». Messi se lo temía, pero Modric, como siempre, lo vio antes que nadie. Y ahora, ¿en quién quieren creer? Yo ya he elegido. Por cierto, mi amiga sigue viva. Cosas de mortales. Y yo solo deseo que mientras se acaba el mundo, Modric venga a salvarnos.

Periodista. Si suena Ella Fitzgerald, mejor. LaLaLandera. Tiene carácter, talento y, para colmo, nació cuando la mayor parte de nosotros ya teníamos media carrera hecha (o deshecha). Posee una gran habilidad para salir al corte en el fútbol y en la redacción, aunque es más de ponerla en la escuadra. Emperatriz de la batcueva.

3 Comments

3 Comments

  1. Pingback: Messi: El Vía Crucis del Messias - Mundial Rusia 2018 - A la Contra

  2. Jose

    22/06/2018 at 07:57

    Messi es el mejor futbolista de todos los tiempos. Yo vi jugar a Maradona. Tú, por tu edad jamás lo viste jugar. Y te aseguro que me parecía que nadie lo superaría. Pero llegó Messi.
    Tal vez un día alguien supere a Messi, pero en este momento me parece algo imposible.

    • Irene García

      Irene García

      22/06/2018 at 08:23

      Hola José,

      Creo que no menciono en ningún momento (o no me decanto al menos) ni por Messi, ni por Maradona. Y por cierto, hoy en día, gracias a Youtube y a otros tantos recursos audiovisuales, los más jóvenes tenemos al alcance de la mano el pasado y podemos disfrutar de jugadores de los que no hemos sido contemporáneos. Un saludo.

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