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Opinión

Los sorteos y los dioses del fútbol

De haber existido coherencia celestial, la rivalidad entre el Real Madrid y el Barcelona, personificada durante una década por Cristiano y Messi, habría merecido una final de la Champions.

Bale, protagonista inesperado de la última final de Champions. CORDON PRESS

Imagino a los dioses del fútbol como unos tipos algo retorcidos cuya pelota somos nosotros. Que les gustan las historias circulares es tan obvio como que sus túnicas son blancas. Sin embargo, sus círculos no son los nuestros. Lo suyo no es la justicia poética, ni siquiera el ajuste de cuentas. Diría que disfrutan más llevándonos la contraria. Saliendo por dónde no lo esperábamos. Pero en círculo.

Pondré un ejemplo. De haber existido coherencia celestial, la rivalidad entre el Real Madrid y el Barcelona, personificada durante una década por Cristiano y Messi, habría merecido una final de la Champions. Los mejores equipos del siglo frente a frente. Los mejores futbolistas, cara cara. El desafío total. No quiero ni imaginar la orgía de adjetivos periodísticos. O sí. Me hubiera gustado zambullirme en ese mar de exageraciones siderales. Por un lado, el miedo extremo a perder; por otro, la risa nerviosa de quien puede vencer para siempre.

Sobre esto pensaba yo mientras atendía al sorteo de octavos, no sin antes lamentar que la UEFA no organice un espectáculo más sofisticado en estos eventos que reúnen al mundo del fútbol frente a la televisión. Qué se yo. Entrevistas, estadísticas, reacciones, antecedentes, música. Espectáculo, en definitiva. Cuidar los prolegómenos, en lugar de aplicarse a la protocolaria extracción de bolas, valga la equívoca expresión.

En el momento en que la Juventus fue emparejada con el Atlético supuse que los dioses podían estar tramando algo. Sería muy propio de su ausencia total de respeto a las expectativas humanas que la final que hemos esperado durante años la jugara Cristiano con la camiseta de la Juventus. Messi contra CR7 pero en términos diferentes a los planteados en principio.

No quiero hacer de menos al Atlético, aunque ya será tarde para disculparme. De hecho, dentro de las especulaciones perversas la mayoría tienen como protagonista al Atleti. Sería de una vulgaridad espantosa una eliminación en octavos, tan lejos de la final en el Metropolitano. Sería tan impropio de los diosecillos retorcidos como del Atlético. En este caso, además, se añade otro factor a la ecuación: la desgracia repetida. Quiero pensar que el fútbol paga, aunque sea con la escasa diligencia de los ayuntamientos. A Holanda le siguen debiendo un Mundial. Al Espanyol una UEFA y al Celta una Copa, por citar los primeros casos que me vienen a la cabeza. A cambio, otros muchos fueron retribuidos, del Depor a la selección de Zambia.

Que el Atlético ganara por fin la Copa de Europa, y que lo hiciera en su estadio, cerraría un círculo con el diámetro de una órbita interplanetaria. Pero esa guinda resultaría más propia de una tarta de la pastelería Disney. En este caso y con este equipo, encajaría mejor un éxito agónico, una revancha contra el Madrid resuelta con ayuda arbitral (los dioses son traviesos), o una vendetta contra el Bayern con un disparo desde 30 metros de Thomas Partey.

A esta hora, otro final exquisito sería que el Real Madrid ganara la 14ª con gol de Isco… O que el Barça sumara la sexta con un tanto de Malcom o, mejor aún, con una chilena de Vidal (nótese la ironía). Por no mencionar una improbable finalísima entre el Oporto de Iker y el United de Mourinho, o entre el propio Mou y el City de Guardiola.

Algo traman, puedo asegurarlo. Siempre lo hacen. Y aunque nos gusta suponer que podemos calcular porcentajes y ordenar favoritos estamos muy equivocados. Somos el balón.

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

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