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Wimbledon

Djokovic asalta el jardín de Federer

El campeón defiende su corona y gana un partido histórico al borde de las cinco horas (7-6, 1-6, 7-6, 4-6 y 13-12). Djokovic alza su quinto Wimbledon y le niega el noveno a Federer. Nole suma su 16º Major.

Woody Allen arranca la fantástica Match Point con un aforismo que resume nuestra existencia, también la final de hoy en Wimbledon: «Aquel que dijo que más vale tener suerte que talento, conocía la esencia de la vida». Asusta pensar cuántas cosas se escapan a nuestro control, más aún si a cada lado de la red se encuentran dos genios de este deporte, capaces de contrarrestar los coqueteos de la bola con el césped a través de su raqueta. Los detalles, siempre los detalles, dirimen las diferencias entre esos dos impostores que son la victoria y la derrota (Kipling dixit). Y estos se decantaron del lado de Novak, como si Roger hubiera agotado su idilio con la fortuna el pasado viernes, en el duelo con Nadal. En un partido épico, repleto de tensión, golpes magistrales, caídas y resurrecciones. Un partido de supervivencia donde Djokovic consiguió alzar su 16º Major, quinto Wimbledon, a base de imponerse en los momentos definitivos. Fue la final de los Tie-Break y la primera vez que Wimbledon necesitó un Super Tie-Break para dirimir al campeón. Es Novak, con todos los honores.

El partido comenzó frenético. Deseosos ambos de dominar con su servicio y conceder las menos oportunidades posibles a su rival. Novak y Roger sabían de la igualdad que reinaría en el choque y que el título podría decirse por milímetros. Por eso había que ajustar el saque, primera ventaja, cada vez que la bola se ponía el juego. Ahí volvió a exhibir Federer la excelencia mostrada el viernes, aunque sus cinco aces encontraron cumplida réplica en el serbio (4). El suizo, sin embargo, no aprovechó la única bola de break que hubo en todo el primer set y ante ese panorama solo el tie-break podría decantar la balanza.

Lo hizo de manera sorprendente después de que Federer lo tuviera dominado con un 5-3 que prácticamente le aseguraba la primera manga. Tres errores consecutivos entonces del suizo dieron al traste con su ventaja. Novak había olido sangre y no iba a soltar a su presa. Tras tenerlo todo perdido se llevaba un set que había visto demasiado lejano. Los 14 errores no forzados de Federer y su 69% de acierto en la red terminaron pasándole factura.

La desconexión (parte I) llegó en la segunda manga. Como si Novak hubiera colapsado tras el primer momento de tensión máxima. En una situación que se repitió en los siguientes sets, Roger comenzó la segunda manga elevando el nivel, quizá enfurecido por sus errores anteriores. La cólera de Federer se desató en La Catedral y el chaparrón dejó seco a Novak. Un 6-1 en 25 minutos, donde por momentos Djokovic ni siquiera disputó algunos puntos. Más pendiente de lo que estaba por venir que no de una remontada homérica.

El que salió de los vestuarios, a los que huyó despavorido tras el arreón de Roger en el segundo set, fue otro Novak. De nuevo peleón y activo, defendiéndose a las mil maravillas ante cada ataque del suizo. Se deslizaba el serbio rejuvenecido por la hierba de la Central. El revés de Federer seguía funcionando y ese era el mejor arma de Federer por más que ya no encontrara los resquicios en la defensa de Novak. El serbio volvía a parecer el jugador temible del primer set, en ese juego de dos caras con el que tantas veces desquicia a sus rivales.

Y El Joker volvió a imponerse en el tercer set. También resuelto en el Tie-break. En esta ocasión fue Novak quien empezó más fuerte la tanda decisiva y tomó ventaja rápidamente en el marcador (5-1). Roger se revolvió en su tumba y ganó  hasta tres puntos consecutivos para llevar la emoción a la grada, decantada durante todo el encuentro a favor del suizo. Novak ya había alargado suficiente la vida de su oponente y tras un fallo con la derecha de Federer asestó el golpe definitivo. Otra vez por delante el serbio, otra vez tras un tie-break.

El cuarto set tuvo aroma a definitivo hasta que Roger rompió el servicio a Djokovic.  Ocurrió en el quinto juego, donde Federer aprovechó el error con el revés de Djokovic para hacer buenas las dos bolas de break. Tras ese error llegó la segunda desconexión del serbio. Más breve, eso sí que la primera, pero con resultados similares. Federer intentaba ya acortar los puntos al máximo consciente de que sus opciones pasaban por llegar al quinto set. Y eso que su servicio no funcionó como en set anteriores, con porcentajes inferiores al 60%. Djokovic hizo incluso un amago de remontada tras colocar el suizo el 5-2 en el marcador. El espejismo, no obstante solo sirvió para maquillar el set. 6-4 a favor de Roger. Habría quinto y definitivo set en Londres.

Pese a todo, a la manga definitiva parecía que llegaba mejor Novak, pese a haber perdido la ventaja. Nada más poner la bola en juego se le vio más decidido en sus ataques, presionando más el saque del suizo. De hecho pudo ponerse 3-1 en el quinto y tuvo dos bolas de break ante un Federer que pagaba el esfuerzo de las más de tres horas de partido. Entonces Roger se aferro al partido con su revés paralelo que corría profundo como si no costara. Sobrevivía Federer al bombardeo de Novak, pero ese 2-2 ya fue un señuelo de lo que estaba por venir. Tenis 5 estrellas.

El partido había entrado en su fase decisiva, en esa en la que las emociones acogotan la muñeca y los fantasmas pululan por la pista de tenis aunque solo estén a la vista de los dos contrincantes. Fue entonces cuando la debilidad atacó primero al suizo, que ya había dado muestras da fatiga mental. Novak rompía el saque pero el desenlace estaba lejos de producirse. Roger fue capaz de sobreponerse al zarpazo y devolverle el break al siguiente juego mientras La Catedral se olvidaba de protocolos y clamaba antes su niño bonito: «¡Go Fed!» Ganaba una vida extra el suizo y ponía el 4-4.

Entre el recital de dejadas de Federer, capaz de retorcer la muñeca hasta el infinito, y los martillazos de Djokovic a la red el partido alcanzó las cuatro horas, con el 6-6 en el quinto set. Roger aceptaba el reto de golpear desde el fondo de la pista y el suizo alternaba los puntos gratis con su servicio y los intercambios desde el fondo, jugando más con la cabeza que con las piernas. El encuentro se movía ya entre el drama y la épica, sin Tie-Break de por medio, entre dos competidores voraces que se negaban a dar su brazo a torcer. Capaces incluso de volver del más allá como Nole que superó dos bolas de partido con 7-8 y saque para Federer.

A esas alturas lo más sorprendente era la serenidad de ambos contendientes. Quizá los únicos cuyas pulsaciones no estaban al borde de la taquicardia. Ni siquiera el ojo de halcón, que otorgó dos bolas de break a Federer tras su revisión, hizo saltar de sus casillas al serbio, menos volcánico que nunca. Como mucho una mueca en forma de sonrisa irónica. A base de aces y voleas en la red Federer y Djokovic alcanzaron el 12-12. Para inaugurar por primera vez el Super Tie-Break del quinto set en Wimbledon. Un encuentro que nos obligaba ya a revisar nuestro ranking de grandes partidos en La Catedral. El de hoy se colaba como mínimo en el Top-3.

De nuevo en el tie-break Novak volvió a imponerse. La pelota volvió a caer de su lado, aunque esta vez y al contrario de lo que ocurre en Match Point no necesitó que tocara la cinta. Fue una caña de Roger Federer lo que resolvió el encuentro. En un final con sordina, inapropiado para un partido tan excelso, metáfora de la extenuación a la que se abocaron ambos contendientes. A Federer se le negaba el noveno Wimbledon en la que ya es su segunda casa, con todo a favor, el público y varias bolas de partido que se perdieron en el limbo. Novak, mientras tanto, prosigue su escalada silenciosa, con una resistencia a prueba de bombas y con el tiempo jugando a su favor. Esta tarde en Londres se coronó por quinta vez y ya nadie podrá negarle su mayor mérito: ser la china en el zapato no solo de Federer, también de Nadal. La tercera vía entre los dos gigantes. Por el retrovisor ya aparece el serbio con 16 Grand Slams y un apetito voraz.

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