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La canadiense María Bernard-Galea cayó a la ría en las series de los 3.000 obstáculos. CORDON PRESS

Atletismo

Doha: de lo sublime a lo grotesco

Primeras impresiones tras la inauguración del Mundial, al margen de la evidente aberración de competir en Qatar.

No es fácil para el atletismo competir con los deportes de equipo. La acción constante, el enfrentamiento directo, la alternancia en los marcadores, el orgasmo del gol en el caso del fútbol…

El atletismo carece de esos ganchos emocionales y adolece además de cierta parsimonia discursiva: una parrafada frente a un tuit.

Y, sin embargo, de cuando en cuando, el deporte rey (porque la corona no le pertenece al balompié) es capaz de ofrecernos los iconos visuales más potentes, desde lo sublime hasta lo grotesco.

En la jornada inaugural del Mundial de Atletismo de Doha (la elección de la sede daría para artículo aparte, corramos un sudoroso velo) hemos tenido ejemplos de ambos extremos.

En el lado bueno de la balanza, disfrutamos con el mejor salto de longitud visto jamás en la clasificación de un Mundial. El cubano Echevarría cayó en el fosó a 8,40 metros y Pedroso sonrió en las desiertas gradas (¿he dicho algo acerca de la elección de la sede?).

En el apartado bufo, sufrimos a atletas que hacían más de doce segundos en los cien lisos o más de dieciocho minutos en el cinco mil. En esta última prueba, un corredor de Aruba (capital Oranjestad) entró exhausto, derrengado y roto, enganchado en el cuello de un rival, que se convirtió en asidero. Imagen que abre telediarios, imagen que sobra en un Mundial.

Por lo demás, destacar la eliminación del benjamín de los Ingebritsen, esa familia de galgos clónicos. El joven Jakob estuvo más tiempo pisando el césped que el tartán y al final vio la temida DQ junto a su famoso apellido. Para su suerte (y la del espectáculo) fue recalificado al aceptarse la reclamación noruega.

Otras estrellas (Coleman, Gatlin, Warholm, Benjamin…) dieron las primeras zancadas en busca de la gloria. Aún les queda lo mejor.

En el apartado hispano, pocas nueces y la mayoría, pochas. Solo Eusebio Cáceres nos dibujó una sonrisa: saltó 8,01, se clasificó para la final, los viejos rockeros nunca mueren, etc…

Por el contrario, sus compañeros Héctor Santos (longitud), Sánchez Escribano (obstáculos) y Sergio Fernández (400 mv) dijeron adiós tras su primer contacto con el estadio (¡con aire acondicionado!) de Doha (no sé si he dicho ya que la elección de la sede me parece una aberración).

Los tres han cuajado una excelente temporada pero por fas o nefás (cansancio del joven saltador, lesión del curtido vallista) en la gran cita del año han mostrado su peor cara. Sic transit gloria mundi.

Las cosas para la delegación española no han empezado bien y las expectativas, para qué engañarnos, no son excesivamente halagüeñas. Crucemos los dedos y esperemos que desde hoy sábado los nuestros recuperen el gen competitivo que parecen haberse dejado olvidado en alguna estantería del mes de agosto.

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