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Cine

Gloria, doloroso tesoro

Dolor y Gloria es diferente. Hay mucha verdad en esta historia, aunque puede que sea real o no

Cuando marcas una delgada línea entre la realidad y la ficción, el debate está siempre centrado en donde empieza y acaba la verdad. Pero no es relevante cuando en una evidente historia autobiográfica, el autor da rienda suelta a su imaginación para desnudar su alma con tanta verosimilitud. Te lo crees. Algo que para muchos es nuevo en Almodóvar. Sólo una relación sólida y honesta como la que tiene con Antonio Banderas, de director a actor, podría convertir Dolor y Gloria en la excepción, no la regla.

Seguimos la historia de Salvador Mallo (Antonio Banderas), un director de cine martirizado por sus dolores que se refugia en los recuerdos de su infancia y juventud. Al remontarse a su propia gloria, vemos como es el dolor de su espalda y su cabeza el mayor enemigo de este héroe caído, tan sumamente poco apto para los estragos de la vejez. Hay algo trágico en percatarse de que no sólo sigue siendo aquel chaval de los ochenta que sólo quería divertirse, sino que además está profundamente sólo.

Hay algo reivindicativo en el consumo de heroína no sólo como evasión, sino como recuerdo de una época que ya pasó, como un último coletazo de un eterno Peter Pan. Tampoco es casualidad que la obtenga de un eslabón de su pasado, Alberto Crespo, interpretado magníficamente por Asier Etxeandía, que de alguna manera está tan perdido como él.

Como una biografía emocional, recorremos su hogar, su familia y los momentos de su vida donde se hace palpable su sincero amor por el cine. A través de hermosos detalles sensoriales, nos describe hasta qué punto llegó a cautivarle para convertirlo en su vocación. Otros detalles como ver la aparente extravagancia de llevar mocasines y luego percatarte de que usa calzador porque no puede ni atarse los cordones. Pero, como no podía ser de otra manera, el deseo también tiene mucho protagonismo con ese reencuentro tan inesperadamente tierno con un antiguo amor, auspiciado además por la capacidad casi mágica del teatro por conectar emociones y recuerdos. Su madre, otro de los temas fetiche del director, recrudece el tormento de Salvador que, como casi todos, estamos muy ligados a la opinión de nuestros padres, aunque no tengan nada que ver con nuestro mundo. Fabulosamente interpretada por Julieta Serrano.

A pesar del éxito internacional de Almodóvar, nunca he reconocido la verdad que describe, la visión de España vendida al mundo que tan sospechosamente se parece a lo estereotipado. Sin embargo, Dolor y Gloria es diferente. Hay mucha verdad en esta historia, aunque puede que sea real o no.

Un desastre curioso que trata de expresar lo que el arte le hace a su cabeza, a veces sobre los escenarios, a veces sobre el papel.

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