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La Tribuna de Brian Clough

¿Dónde está Wally?

Ozil tendría que poner algo de su parte, y desconozco si lo hace o no, pero también es responsabilidad del entrenador mantener a todos los jugadores involucrados en la plantilla.

Le conocen de sobra. Wally es ese personaje de libros infantiles que viste camiseta a rayas rojas y blancas horizontales, gorro y usa gafas. Se esconde en una muchedumbre que se parece a él, en los lugares mas diversos, y tiene la utilidad de mantener a los niños ocupados por un rato y a los adultos desquiciados cuando, llegada la hora de ayudar, no encuentran al personaje entre tanto dibujo.

Si plantásemos a Wally en un campo de fútbol nos llevaríamos alguna sorpresa. “Pero, ¿qué hace Fulano en ese equipo? ¿Desde cuándo?” Esa sería la reacción cuando te cruzas con Danny Drinkwater, que tras llegar a la selección inglesa y ganar la Liga con el Leicester optó por un plan de pensiones dentro de la estructura del Chelsea. Sin rascar bola, ha pasado al Burnley como cedido, donde solo ha sido noticia por recibir una paliza tras hacerle alguna propuesta desafortunada a la novia de otro jugador. Pero este resultaría un juego demasiado fácil: Drinkwater sería el jugador con las muletas (le pisaron el tobillo en el altercado) y el ojo oscurecido, pero sirva de calentamiento ante la verdadera pregunta: ¿Dónde esta Ozil?

La trayectoria del mediapunta alemán en el Arsenal es compleja. Una de las teorías que se manejaban es que llegó a Londres por un farol que su padre le lanzó al Real Madrid: o le renuevas el contrato (y me pagas una comisión), o te traigo una oferta de otro club. El Madrid vio el órdago y Ozil acabó en el Arsenal. Desde entonces, sus partidos destacables se consideran entre difuminados por el recuerdo y ausentes en el presente. Ozil fue el cabeza de turco (sin doble sentido) ideal para los males de los últimos días de Wegner y el fracaso mundialista de la selección alemana en Rusia, donde sufrió críticas que ninguno de sus compañeros tuvo que soportar. No cabe duda de que hacerse una foto con el líder turco, Erdogan, en un período convulso, fue mala idea, pero resulta oportunista dentro de un mundo capaz de jugar sus Mundiales en Qatar o Rusia, esos ejemplos de libertad y tolerancia, siempre y cuando el negocio sea rentable.

En el Arsenal ha llevado la etiqueta de “luxury player” y “passenger”, es decir, un lujo y un pasajero en el equipo, un jugador que no te puedes permitir, no por su valor, sino por su escasa aportación. Se le acusa de no meter los suficientes goles, de no dar asistencias, de ser indolente, de ignorar sus labores defensivas. Es, por así decirlo, un parásito que se beneficiaba del trabajo de los otros 10 jugadores. Le acusan de cobrar mucho para lo poco que ofrece, pero fue el propio club quien le hizo una oferta de renovación irrechazable, temeroso de que se fuera a un club rival. El Arsenal estaba en caída libre, y Ozil era el poco talento que aun podía atraer.

Emery llega a un club necesitado de cambios y con un presupuesto muy limitado comparado al de sus rivales para actuar en el mercado. Una solución es traspasar a Ozil, pero nadie cuenta con la postura del jugador cuando se convierte en persona: no quiere irse de Londres, se siente cómodo y es su lugar de refugio cuando percibe que se le critica. El Arsenal no es el único culpable en esa actitud hacia los jugadores, prácticamente todos los clubes son igual: cuando el juguete se rompe, quieren que se busque la vida en otro lugar.

Ni el Arsenal ni Emery están en un buen momento. En su último partido, 2-2 en casa contra el Crystal Palace, Xhaka salió del campo abucheado cuando fue sustituido. Pese a ser el capitán del equipo, decidió responder con insultos hacia la grada, que respondió aún con más ira. En la sala de prensa Emery dijo que Xhaka se equivocó en su actitud, poniéndose rápidamente del lado de la afición. El equipo ha perdido el paso tras un buen inicio, pero ya no sorprende ni este empate ni la derrota del pasado lunes en casa del Sheffield United (1-0). El Arsenal de Emery empieza a reincidir en los errores del pasado, y pese a tener un ataque de gran categoría, Emery aún no ha dado con la solución al rompecabezas del centro del campo, en el que Ceballos no es el titular que el Madrid esperaba, Xhaka juega pese a sus problemas con el público, Torreira ha perdido la titularidad y Ozil… ha jugado 71 minutos en lo que va de Liga.

Ozil ya es una figura de decoración en el fondo de un cuadro, allí, apartado en un rincón y apenas esbozado por el artista. Los focos no deben recaer sobre él, así lo ha decidido el club, o Emery, o todos. Quizá hasta el propio Ozil. Cuesta pensar que un jugador de su calidad individual no tenga sitio en un equipo incapaz de evitar que los partidos se rompan en correcalles, o que se visión de juego no pueda utilizarse para enlazar con Aubameyang y crear mejores ocasiones de gol, que su experiencia no sirva de ayuda a los jugadores jóvenes que Emery está intentando desarrollar. Ozil tendría que poner algo de su parte, y desconozco si lo hace o no, pero también es responsabilidad del entrenador mantener a todos los jugadores involucrados en la plantilla.

Quizá (insisto en la palabra, y es que el caso ofrece pocas respuestas) el Arsenal debería preguntarse si se pueden permitir el lujo de mantener un jugador así fuera del equipo, pero será inevitable que, cuando se abra el mercado de fichajes de invierno, su nombre surja entre las deseables bajas del club. Entonces es más posible que le perdamos la pista, hasta que aparezca con otro uniforme, con sus inconfundibles ojos y nos preguntemos cómo acabo allí.

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